Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver • Abril 2004

Llamados a vivir la Vida Nueva en el Señor Jesús

Sólo seremos verdaderamente humanos, siguiendo a Jesucristo

Cada Semana Santa retornamos a los momentos que nos definen como personas creyentes. La Última Cena, la Crucifixión, la Resurrección –estas celebraciones sacramentales, más allá de la Navidad o cualquier otra fiesta del Calendario cristiano, nos separan de cualquier tradición religiosa en el mundo.

En cada lectura de las Escrituras de esta semana, encontramos a Aquél quien vivió, sufrió, murió y resucitó a la nueva vida para que nosotros también tengamos vida. Estos días del año no son como los demás días. Son “santos” en el sentido más profundo de la palabra –son “más que” nuestra realidad diaria. Son en verdad, eventos históricos que están sobre y fuera de la historia y están vivos otra vez de manera nueva en cada Pascua a lo largo de los siglos.

La persona real que es Jesucristo, no es una figura plástica que puede ser moldeada y cambiada para encajar en las actitudes del mundo. El Evangelio es más que una colección de sentimientos cálidos sobre un hombre que vivió hace mucho tiempo y se convirtió en un modelo positivo para todos. El mensaje de Semana Santa y Pascua es mucho más bello que eso – y también más exigente.
La Buena Nueva de Jesucristo es mala noticia para los enemigos de Dios, Quien es la fuente de toda verdad y misericordia, justicia y dignidad humana. Es por ello que el Gólgota sucedió. Es por ello que no podría existir mensaje de esperanza cristiana sin los clavos sangrientos de la cruz. No existió “realidad virtual” en la crucifixión. La sangre y la muerte fueron brutalmente reales. Y es también por ello que la resurrección no es una ilusión.

“El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”, y murió por nosotros, y resucitó por nosotros, para que nosotros –cuerpo y espíritu- seamos redimidos; de tal forma que cada uno de nosotros, sin importar cuan pecador o confundido, roto o disminuido, fuese restaurado a la belleza que Dios desea para cada uno de nosotros.

Sólo podemos ser las personas que Dios desea, sólo podemos ser totalmente humanos, siguiendo a Jesucristo. Eso quiere decir ser clavados con Él en la cruz y morir a nosotros mismos. Pero también significa la tumba vacía de Cristo y Pascua. Esa es la Buena Nueva, la profundamente gozosa noticia; para cada persona en todas las generaciones. Es por ello que proclamamos a Jesucristo. Es por ello que predicamos sobre Él apasionadamente, sin concesiones, y con los corazones ardientes de esperanza. Ese es el significado del testimonio.
Es así como debemos vivir como misioneros. Y es como misioneros que Jesús nos llama a ser.

¡Que Dios les conceda el don de la vida nueva en Su Hijo en esta Pascua, y a lo largo del año que viene!
¡Feliz Pascua de Resurrección!



 
 

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Arquidiócesis de Denver

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