|
La Familia
de Nazaret, el modelo a seguir
Por Mar Muñoz-Visoso
Andaba yo preocupada
en mis múltiples quehaceres, cuando de pronto recordé que era tiempo
de escribir mi habitual columna para El Pueblo. También sucedió
que estos días me encontré con un sacerdote colombiano recién llegado
a nuestra arquidiócesis. El Padre Mauricio andaba ¡aterrado!,
porque en su experiencia de trabajo duro diario en Colombia, de
repente lo habían dejado sólo en el seminario, tres días libres
y sin nada especial que hacer. Anduvimos compartiento planes y experiencias
con la comunidad hispana y, cómo no, la familia salió a relucir.
Fue tal el entusiasmo de este jóven sacerdote sobre la importancia
de la pastoral familiar, que en vez de escuchar algunas de sus ideas,
decidí humildemente dejar que fuera él quien escribiera el artículo
por mí. Así que ahí les va.
Por P. Mauricio Moreno
|
|
Querido Hermano (a),
es necesario comprender que el Plan de Dios se quiso dar en un ambiente
familiar, al encarnarse el Hijo de Dios, el AEmmanuel: Dios con
nosotros A, en un hogar concreto con sus limitaciones y dificultades,
pero es de ahí donde el Señor busca redimirnos, ya que es en la
familia, donde uno alcanza la gracia de la salvación, a traves de
los valores y planes que el Senor Jesucristo nos da.
La Iglesia a través de
su magisterio, ha querido seguir con las enseñanzas de nuestro salvador
Jesucristo quien busca nuestra santificacion y redención, rescatar
el papel importante que tiene cada uno de nuestros hogares cristianos.
Es por eso que estamos invitados, como discípulos del Señor, a luchar
en contra de toda clase de influencias negativas y adversas que
se han venido presentando en esta sociedad sutil y superficial que
reina en medio nuestro y que, en ocasiones, nos aleja del Plan de
Dios. Es así que la Sagrada Escritura nos presenta como modelo a
imitar la Sagrada Familia, ya que es el modelo por excelencia, nuestro
prototipo a seguir.
Es en el hogar de San
José, María Santísima y del Hijo de Dios, donde descubrimos que
a través de las adversidades como la emigración (censo del emperador),
la persecución (huída hacia Egipto ), la sencillez de vida y el
trabajo arduo y abnegado de todo hogar (Vida de San José carpintero
), se refleja también cómo nuestros hogares han pasado por estos
momentos, pero que son situaciones que unen cada vez más, sin alejarse
del Plan Divino.
Este es el ejemplo que
nos da a cada uno de nuestros hogares, el escuchar la voz de Dios,
así como San José y María Virgen la escucharon por medio del angel
anunciador Gabriel. Es el llamado que se nos hace para comenzar
a construir una nueva civilización, la civilización del amor, donde
reine el respeto, la tolerancia, el perdon, la justicia y la verdad,
y se renueve todo nuestro entorno que en ocasiones es absurdo, proyectándose
un estilo de vida cada vez más humano.
Al alejarse las familias
de los designios de Dios, estan condenadas al fracaso, más concretamente
a la desintegración familiar, ya que descubrimos en nuestra realidad
un ambiente oscuro y turbio que se ve reflejado en el divorcio,
la infidelidad, la falta de respeto, paternidad irresponsable, el
alcoholismo y drogadición, el maltrato familiar, entre otras. Todos
estos atentados contra la familia surgen en un ambiente anticristiano,
que destruye toda posibilidad de renovación y cambio hacia un mundo
cada vez mejor.
Es nuestro deber rescatar
y dar el valor que merece a nuestros hogares cristianos, el valor
trascendente e inalieneble que tienen. No los podemos dejar opacar
por un mundo que está sumido cada vez más en el materialismo práctico,
que busca la felicidad y realización en cosas foráneas y pasajeras
que no dan sentido a nuestra existencia. Por consiguiente es indispensable
reconocer que cada una de nuestras familias es Aescuela de valores@,
A escuela de humanidades@, según Familiaris Consortio (Encíclica
de S. S. Juan Pablo II ), donde cada hogar construye hombres del
mañana para una mejor realización, a la cual estamos llamados, y
así cumplir el plan Salvífico de Dios.
|