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Columnas de opinión: La columna del arzobispo

El rol de la familia en el desarrollo de la sociedad

Por Mons. Carlos J. Chaput, O.F.M. Cap.

A continuación publicamos extractos de la conferencia ofrecida por Mons. Carlos J. Chaput en el Simposio organizado por el Comité de Matrimonio y Familia y el Comité de Actividades Pro-Vida de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, con motivo del 20 aniversario de publicación de la Familiaris Consortio.

El testimonio que ustedes y yo damos en nuestra vida cotidiana trae consecuencias más allá de lo que podemos imaginar. El ejemplo es poderoso. Por esto es que el historiador Christopher Lasch dijo alguna vez que "siempre es preferible un ateo honesto que un Cristiano (deshonesto)". La verdadera fe no tiene nada que ver con piadosos clichés y principalmente nunca está centrada en uno mismo. A un nivel nuestra fe nos cansa e incomoda, como una buena infección … Juna Pablo II nos dice una y otra vez que nuestra vocación a la vida Cristiana es tomar parte en la lucha por el alma del mundo contemporáneo. La verdadera fe trae muy serias consecuencias [públicas]. Es siempre personal, pero nunca privada. Y siempre busca cambiar el mundo.

Bien, ¿cómo es que esto tiene relación con la Familiaris Consortio, y especialmente con los Nos. 42-48? Déjenme responder a esto con otra pregunta. Cuántos de Uds. han tenido alguien que les diga "Qué maravilloso el trabajo que la Iglesia realiza en dar casa a los vagabundos, alimento a los pobres y ayuda a los trabajadoes inmigrantes; pero es muy malo que Ella esté tan problematizada con el asunto del sexo". Escondido en una afirmación como esa es la idea que con aquello, los católicos tienen esta hermosa doctrina social - pero con esto, los católicos tienen una obsesión extraña sobre el aborto, contracepción, y matrimonios monógamos heterosexuales. Y si los católicos podrían iluminar de alguna manera en los temas de sexo, el mundo le abriría su corazón a nuestra enseñanza social. Pero esto no puede suceder.

Esto nunca debería suceder -porque los temas que rodean a la sexualidad y la familia están relaionados íntimamente con la dignidad de la pesona humana. Y la dignidad de la persona humana es lo que toda enseñanza católica busca con el fin de progresar. Aprendemos esto en primer lugar y debe fructificar en la "escuela del amor" que es la familia. No podemos quitar al aborto y a la contracepción de las prioridades de la enseñanza social católica al punto de olvidar nuestras obligaciones de ofrecer comida adecuada, ropa y vivienda para los niños que recién nacen.

El Concilio Vaticano II describió a la familia como "la célula primera y vital de la sociedad" (AA, 11). Señala que "la salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligada al bienestar de la comunidad familiar y conyugal" (GS, 47). Miremos que es lo que los Nos. 42-48 dicen. Luego podemos ver algunas de las implicancias en las familias. El mensaje de esta sección de la Familiaris Consortio es sencillo.

Lo puedo resumir en un dicho que alguna vez escuché cuando era niño: "el mayor regalo que un padre puede dar a sus hijos es amar a su madre". Lo que separa a la enseñanza social católica de todo movimiento revolucionario por la justicia es el rechazo a la violencia y la afirmación del poder del amor. El amor verdadero -amor que implica un compromiso completo para entender y encontrar las necesidades reales de la persona que amamos- es un trabajo muy duro.

Nada es más demandante, y nada necesita más cuidado y sacrificio personal, que el amor en una familia. El amor a la "humanidad" es fácil. Amar a los miembros de la familia, amigos y prójimos como Dios quiere que los amemos, día tras día- eso es lo que separa al trigo de la barcia. Las palabras son vanas. Las acciones son las que importan. Y en ningún lugar ello es más cierto que en una familia.

La Familiaris Consortio exhorta a las familias a que se involucren en formas de servicio social, especialmente aquellos que involucran a los pobres. Que cultiven la práctica de la acogida y se involucren políticamente con ello. El Papa exhorta especialmente a las familias a "ser los primeros en dar los pasos para ver que las leyes y las instituciones del Estado no sólo no ofenden sino que apoyan y defienden positivamente los derechos y las obligaciones de la familia". El Papa también nos recuerda que en muchos países en el mundo, la familia está bajo el poder de una sociedad y estado hostiles.

Y como respuesta a estos abusos él esquematiza un estatuto de catorce derechos de familia que van desde el derecho de la seguridad política y económica, hasta el derecho a la de libertad de educación, de alabanza y movimiento por buscar mejores condiciones de vida. Juan Pablo II concluye esta sección de la Familiaris Consortio recordáandonos que en la medidad que "la familia cristiana, como ´pequeña Iglesia´, está llamada, a semejanza de la "gran Iglesia", a ser signo de unidad para el mundo y a ejercer de ese modo su función profética, dando testimonio del Reino y de la paz de Cristo, hacia el cual el mundo entero está en camino". En otras palabras en nombre de Jescucristo, todo católico debe en un sentido ser un internacionalista - y de la misma manera toda familia católica.

La manera más importante como las familias deben vivir la Familiaria Consortio es rezar constantemente y juntos -y no "mentir" cuando lo hacen. Necesitamos vivir lo que decimos creer. Eso quiere decir traer a Cristo a nuestro quehacer diario y en todas nuestras interacciones y reflexiones. Una de las más grandes mentiras de nuestro tiempo es que los individuos no pueden hacer la diferencia.

Son exactamente los individuos quienes hacen la diferencia - y unidos en el amor de las familias cristianas trabajando juntos, pueden cambiar el mundo. Dios no necesita cristianos tibios. El no quiere familias tibias. La misión de la Iglesia es santificar el mundo; y todos nosotros como hijos e hijas suyos - especialmente aquellos responsables de formar y asistir a las familias - compartimos su misión. "Hagan discípulos de todas las naciones", sigue siendo el mandato. Así que recemos honestamente, trabajemos honestamente, amemos honestamente y vivamos honestamente para que otros vean y crean.


Publicación en español de la
Arquidiócesis de Denver

E-mail: elpueblo@archden.org
Editora:
Rosanna Goñi
Director General: Gregorio Kail