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El
testimonio que ustedes y yo damos en nuestra vida cotidiana trae
consecuencias más allá de lo que podemos imaginar. El ejemplo es
poderoso. Por esto es que el historiador Christopher Lasch dijo
alguna vez que "siempre es preferible un ateo honesto que un Cristiano
(deshonesto)". La verdadera fe no tiene nada que ver con piadosos
clichés y principalmente nunca está centrada en uno mismo. A un
nivel nuestra fe nos cansa e incomoda, como una buena infección
… Juna Pablo II nos dice una y otra vez que nuestra vocación a la
vida Cristiana es tomar parte en la lucha por el alma del mundo
contemporáneo. La verdadera fe trae muy serias consecuencias [públicas].
Es siempre personal, pero nunca privada. Y siempre busca cambiar
el mundo.
Bien, ¿cómo es que esto
tiene relación con la Familiaris Consortio, y especialmente con
los Nos. 42-48? Déjenme responder a esto con otra pregunta. Cuántos
de Uds. han tenido alguien que les diga "Qué maravilloso el trabajo
que la Iglesia realiza en dar casa a los vagabundos, alimento a
los pobres y ayuda a los trabajadoes inmigrantes; pero es muy malo
que Ella esté tan problematizada con el asunto del sexo". Escondido
en una afirmación como esa es la idea que con aquello, los católicos
tienen esta hermosa doctrina social - pero con esto, los católicos
tienen una obsesión extraña sobre el aborto, contracepción, y matrimonios
monógamos heterosexuales. Y si los católicos podrían iluminar de
alguna manera en los temas de sexo, el mundo le abriría su corazón
a nuestra enseñanza social. Pero esto no puede suceder.
Esto nunca debería suceder
-porque los temas que rodean a la sexualidad y la familia están
relaionados íntimamente con la dignidad de la pesona humana. Y la
dignidad de la persona humana es lo que toda enseñanza católica
busca con el fin de progresar. Aprendemos esto en primer lugar y
debe fructificar en la "escuela del amor" que es la familia. No
podemos quitar al aborto y a la contracepción de las prioridades
de la enseñanza social católica al punto de olvidar nuestras obligaciones
de ofrecer comida adecuada, ropa y vivienda para los niños que recién
nacen.
El Concilio Vaticano
II describió a la familia como "la célula primera y vital de la
sociedad" (AA, 11). Señala que "la salvación de la persona y de
la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligada al bienestar
de la comunidad familiar y conyugal" (GS, 47). Miremos que es lo
que los Nos. 42-48 dicen. Luego podemos ver algunas de las implicancias
en las familias. El mensaje de esta sección de la Familiaris Consortio
es sencillo.
Lo puedo resumir en un
dicho que alguna vez escuché cuando era niño: "el mayor regalo que
un padre puede dar a sus hijos es amar a su madre". Lo que separa
a la enseñanza social católica de todo movimiento revolucionario
por la justicia es el rechazo a la violencia y la afirmación del
poder del amor. El amor verdadero -amor que implica un compromiso
completo para entender y encontrar las necesidades reales de la
persona que amamos- es un trabajo muy duro.
Nada es más demandante,
y nada necesita más cuidado y sacrificio personal, que el amor en
una familia. El amor a la "humanidad" es fácil. Amar a los miembros
de la familia, amigos y prójimos como Dios quiere que los amemos,
día tras día- eso es lo que separa al trigo de la barcia. Las palabras
son vanas. Las acciones son las que importan. Y en ningún lugar
ello es más cierto que en una familia.
La Familiaris Consortio
exhorta a las familias a que se involucren en formas de servicio
social, especialmente aquellos que involucran a los pobres. Que
cultiven la práctica de la acogida y se involucren políticamente
con ello. El Papa exhorta especialmente a las familias a "ser los
primeros en dar los pasos para ver que las leyes y las instituciones
del Estado no sólo no ofenden sino que apoyan y defienden positivamente
los derechos y las obligaciones de la familia". El Papa también
nos recuerda que en muchos países en el mundo, la familia está bajo
el poder de una sociedad y estado hostiles.
Y como respuesta a estos
abusos él esquematiza un estatuto de catorce derechos de familia
que van desde el derecho de la seguridad política y económica, hasta
el derecho a la de libertad de educación, de alabanza y movimiento
por buscar mejores condiciones de vida. Juan Pablo II concluye esta
sección de la Familiaris Consortio recordáandonos que en la medidad
que "la familia cristiana, como ´pequeña Iglesia´, está llamada,
a semejanza de la "gran Iglesia", a ser signo de unidad para el
mundo y a ejercer de ese modo su función profética, dando testimonio
del Reino y de la paz de Cristo, hacia el cual el mundo entero está
en camino". En otras palabras en nombre de Jescucristo, todo católico
debe en un sentido ser un internacionalista - y de la misma manera
toda familia católica.
La manera más importante
como las familias deben vivir la Familiaria Consortio es rezar constantemente
y juntos -y no "mentir" cuando lo hacen. Necesitamos vivir lo que
decimos creer. Eso quiere decir traer a Cristo a nuestro quehacer
diario y en todas nuestras interacciones y reflexiones. Una de las
más grandes mentiras de nuestro tiempo es que los individuos no
pueden hacer la diferencia.
Son exactamente los individuos
quienes hacen la diferencia - y unidos en el amor de las familias
cristianas trabajando juntos, pueden cambiar el mundo. Dios no necesita
cristianos tibios. El no quiere familias tibias. La misión de la
Iglesia es santificar el mundo; y todos nosotros como hijos e hijas
suyos - especialmente aquellos responsables de formar y asistir
a las familias - compartimos su misión. "Hagan discípulos de todas
las naciones", sigue siendo el mandato. Así que recemos honestamente,
trabajemos honestamente, amemos honestamente y vivamos honestamente
para que otros vean y crean.
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