Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver • Octubre 2003

Del Mes de las Misiones y tu compromiso como bautizado

Hola amigo, ¿cómo estás? Espero que contento y con mucha motivación por la vida.

Este mes de octubre es el mes de de las Misiones y también el mes del Rosario. Hoy aquí compartiremos un poco sobre la actividad misionera de la Iglesia.

Como bien sabrás, antes de volver al Padre, Jesús dejó a los apóstoles la gran tarea de hacer llegar su Palabra por todo el mundo. Esto se conoce como el mandato misionero. Y así comenzaron, en el mundo entonces conocido para ellos, a predicar pueblo por pueblo hasta llegar a Europa. En el camino, obviamente muchos fueron muriendo y otros muchos continuaban con la tarea que los otros ya no podían. Así fue como la Buena Nueva de la Muerte y Resurrección de Jesucristo comenzó a darse a conocer por aquellos lugares del mundo.

A nuestros países en América el primer conocimiento de Cristo llegó con la venida de los españoles y portugueses. Junto a los conquistadores venían misioneros con la difícil tarea de dar a conocer a los entonces pueblos indígenas, la salvación a través del descubrimiento de Cristo en sus vidas. Así fue como llegaron los primeros misioneros. Tú sabes las fechas, junto con Cristóbal Colón y las siguientes expediciones. Así que estamos hablando que hace más de 500 años que llegó el Evangelio a nuestras tierras.

Desde los inicios, la labor misionera ha sido la conversión y bautizo, catequesis y formación de líderes para el establecimiento de la comunidad cristiana local, y cuando ésta se establece, el misionero parte a continuar la misma labor en otra parte donde más lo necesiten. Así fue como se fueron formando parroquias, diócesis, arquidiócesis y cada diócesis logró tener vocaciones sacerdotales locales, etc. Es un poco de la historia misionera hasta que llegamos al presente, donde tú puedes participar en una parroquia establecida dentro de una diócesis. Sin embargo, la labor misionera de la Iglesia no terminó cuando a ti a mi nos bautizaron, fuimos al catecismo o hicimos la primera comunión. Es así como hace más de 2,000 años, existen hoy muchos misioneros trabajando en tierra de misión, es decir, en aquellos países donde el anuncio del Evangelio no ha llegado. Esos misioneros dejan todo atrás, familia, idioma, cultura, su tierra, para ir con los que todavía no han escuchado de Jesucristo.

Pero la labor misionera de la Iglesia, nos recuerda el Concilio Vaticano II, es un compromiso de todo bautizado, o sea que tú y yo no nos escapamos aunque nos queramos hacer un poco locos. Y no sólo se refiere a que hagamos por los demás algo aquí donde vivimos, en nuestros países mal que bien todos sabemos de Jesucristo, que lo sigamos ya es otra cosa, pero aquí ya se conoce de Él. Más que nada, y a eso nos motiva este Mes de las Misiones, es a renovar nuestro compromiso por colaborar con la Evangelización del mundo, allá, en aquellos lugares, principalmente de África, Asia y Oceanía, donde todavía no han escuchado hablar de Jesús, donde cada día mueren niños de hambre y sin haber nunca sabido de un Buen Pastor que los ama.

El tercer domingo de octubre se dedica de manera especial por las misiones, pero todo este mes, y porqué no, toda tu vida puedes y debes tener un compromiso misionero y aquí te voy a decir cuatro acciones concretas que puedes realizar: la primera es con tu oración, tanto por los misioneros y misioneras como porque el Señor abra los oídos de aquellos a quienes quieren llegar. La segunda forma de ayuda misionera es ofreciendo sacrificios, es decir, que cuando tengas un dolor, pena o sufrimiento, físico o emocional, te acuerdes de ofrecerlo a Dios por el continuo trabajo de evangelización. La tercera manera es con nuestra ayuda económica, recuerda especialmente que el tercer domingo de octubre la colecta que se recauda en las Misas es enviada directamente para apoyar los trabajos misioneros. Todos los católicos del mundo nos unimos ese día para dar un poquito más.

Finalmente, la cuarta y definitiva forma de ayudar al servicio misionero es con tu propia vida; es decir, si Dios te llama para consagrar tu vida como misionero o misionera.

Así pues hoy te quiero motivar a no olvidarnos que en muchas otras partes del mundo todavía no conocen a Jesús como tú y yo, no hay Misas, no hay catecismo, ni grupo de jóvenes. Y ese compromiso por compartir la alegría de ser hijos de Dios, es de todos los cristianos. En este momento 3 cuartas partes de la población del mundo, no conocen todavía a Jesucristo. Es mucho trabajo, no se ha detenido, y tú puedes ayudar hoy.

Paz

Abraham

Escríbeme a: Paz_abraham@hotmail.com


 
 

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