Juan Pablo
II: 25 años de heroísmo
Exmo. Monseñor
José H. Gomez, S.T.D.
Se cuenta que
cuando al entonces líder máximo de la Unión
Soviética, Josif Stalin le señalaron que el Papa Pío
XII estaba haciendo un llamado a la paz al final de la Segunda Guerra
Mundial, preguntó irónico "¿El Papa? ¿Cuántas
divisiones tiene?".
Hoy, con el
Papa Juan Pablo II a la cabeza de la Iglesia Católica, nadie
se atrevería a preguntar lo mismo.
¿Por
qué? Porque desde que el Cardenal Karol Wojtyla fuera elegido
Papa aquella tarde del 16 de octubre de 1978, nadie ha hecho más
que él para demostrar el tremendo poder de la fe y de los
valores morales como una fuerza para transformar el mundo. Hoy en
día, el mundo sabe que este Papa que llegó al Pontificado
lleno de vitalidad y que hoy, 25 años después, evidencia
como dice San Pablo, que se ha "gastado y desgastado por el
anuncio del Evangelio", es el líder del "ejército
espiritual" más poderoso del mundo.
En efecto,
este Pontífice que hoy vemos tan frágil, y que Dios
mediante completará en estos días un viaje más
aún -al Santuario Mariano de Pompeya, para cerrar el Año
del Rosario- es el líder espiritual del "ejército"
de los hombres y mujeres libres, capaces de entregar su vida por
su fe y por los ideales más nobles. El "ejército",
que entre otras cosas, trajo la caída pacífica del
Muro de Berlín.
25 años
atrás, el Santo Padre, que se describió a sí
mismo como "un Papa venido de lejos", inauguró
su Pontificado con dos mensajes para la Iglesia y para el mundo:
"no tengáis miedo" y "abrid de par en par
las puertas al Redentor".
Durante estos
25 años, el Papa Juan Pablo II ha sido para todos nosotros,
hijos e hijas de la Iglesia, un increíble testimonio de valor
evangélico. Sin temor, ha atravesado el mundo, ha confrontado
a dictadores de uno y otro signo, a convocado a la paz en medio
de conflictos, ha denunciado injusticias, ha anunciado el valor
perenne del Evangelio en medio de los ambientes más hostiles
y ha enfrentado intentos de asesinatos y amenazas de muerte con
la confianza del que sabe que está en las manos de la Madre,
a quien se confió emblemáticamente cuando escogió
como lema de su escudo pontifical la frase "Totus Tuus":
"Todo Tuyo".
25 años
son casi una vida, pero para la historia es aún muy poco
tiempo para evaluar todos los frutos de este largo y fecundo pontificado.
Por ahora, sin embargo, no es poco lo que vemos: la Iglesia se encuentra
en un reverdecer evangelizador -a través entre otros, de
los nuevos movimientos apostólicos-, las vocaciones han aumentado
sensiblemente, la fe se anuncia en lugares más lejanos, y
el pensamiento católico nuevamente vuelve a ser considerado
y discutido en los ambientes académicos.
Hoy vemos al
Papa frágil, débil y anciano. Pero su debilidad nos
habla aún más poderosamente que el Papa deportista
que conquistó el mundo con su enérgica sonrisa aquella
tarde romana en que apareció por el balcón que asoma
sobre la Plaza San Pedro. Sobre sus hombros pesan hoy no sólo
los sufrimientos de un mundo que él ha sabido pastorear con
celo de verdadero Pastor universal: también pesan los frutos
abundantes con los que se presentará ante Dios, y que lo
harán digno de repetir las palabras de San Pablo: "he
corrido la carrera, he llegado a la meta, ahora sólo espero
el premio que me concederá el Justo Juez".
Nosotros, católicos
hispanos del norte de Colorado, tenemos el recuerdo imborrable de
su visita 10 años atrás. Respondamos con agradecimiento
por el don de haber sido testigos de este Pontífice, que
sin duda pasará a la historia como "Juan Pablo el Grande".
Y que nuestro agradecimiento se exprese en fervientes oraciones
por él, por sus intenciones y por su salud, y también
en una escucha y una acogida obediente a sus enseñanzas y
a su ejemplo de entrega generosa a la Iglesia y a los hermanos.
Que el Señor
Jesucristo y nuestra Señora de Guadalupe, a quien el Papa
Juan Pablo II tanto venera, nos ayuden a sacar provecho abundante
del don de haber compartido la historia con este Pontífice
que cumple 25 años al mando de la barca de San Pedro.
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