Algunas cosas
cambian, otras no
Por Monseñor
Chaput
(Esta columna
de opinión fue publicada hace algunas semanas en el Denver
Catholic Register)
En el verano
de 1963, una amiga mía -- que tenía sólo 11
años en aquel entonces se fue con su familia a visitar
a su hermana que se había casado y se había mudado
a Birmingham, Alabama. Paró en un pueblo en una pequeña
estación de gasolina en Alabama un domingo en la mañana,
su padre preguntó donde podía encontrar la Iglesia
católica local. Quien lo atendía sólo murmuró
y dijo "no tenemos nada de eso por aquí".
La familia
terminó de llenar el tanque de gasolina salió de la
estación y dos cuadras más allá, cruzaron
la Iglesia local.
La mayoría
de gente de mi edad recuerda los años 60´ en el Sur
como un tiempo de problemas intensos por los derechos humanos. Junto
a la penetrante discriminación racial, la cultura del Sur
usualmente guardaba una sospecha sobre los católicos, judíos
y otras minorías. Los católicos eran pocos y dispersos.
En el sur profundo, como Alabama, ser católico usualmente
significaba estar bloqueado de liderazgo político y social.
Hoy, la mayoría
del sur antiguo ha terminado. Ciudades como Atlanta y Raleigh-Durham
son mayormente centros cosmopolitas. Tiempo, reforma social e inmigración
han transformado la economía junto al sistema político.
El Sur hoy en día es un tributo tanto al coraje de los activistas
de derechos civiles hace 40 años como al bien de las mismas
personas del sur.
La mayoría
de las personas, la mayor parte del tiempo, quieren hacer lo correcto.
Y cuando cambian, también cambian el mundo en el que habitan,
siendo ésta una de las razones por las que la Arquidiócesis
de Atlanta puede congregar ahora miles de católicos entusiastas
para que participen del Congreso Eucarístico cada año,
en un estado donde los católicos fueron alguna vez ciudadanos
de segunda clase. Esto explica también por qué un
practicante católico, como William H. Pryor, puede llegar
a ser el Fiscal General de Alabama algo que era cercano a
lo inconsebible dos décadas atrás.
Nunca he conocido
al Sr. Pryor, pero su vida política es un tema de gran alcance
público. Ha servido al estado de Alabama con distinción,
reforzando las leyes y decisiones de la corte de manera justa y
consiste. Es por esto que el Presidente Bush lo nominó a
la 11ra Corte de Circuitos de Apelación, y el Comité
Judicial del Senado lo aprobó hace unos meses por consideración
de todo el Senado.
Pero el debate
del comité en torno a Pryor fue desagradable, y el voto para
sugerir su nominación se dividió de manera exacta
en líneas partidarias. ¿Por qué? Porque el
Sr. Pryor cree que la enseñanza católica respecto
de la santidad de la vida humana es verdadera; que la decisión
Roe contra Wade de 1973 de la Corte Suprema fue un error pobremente
razonado; y que el aborto está mal en cualquier circunstancia,
incluso en casos de violación e insesto. Como consecuencia,
los norteamericanos fueron sometidos al bizarro espectáculo
de que los senadores no católicos Orrin Hatch y Jeff Sessions
defiendan los derechos religiosos constitucionalmente protegidos
del Sr. Pryor ante sus críticos, incluyendo al senador Richard
Durban, un católico partidario del "derecho al aborto".
Según
el Senador Durban (en un reportaje de la cadena EWTN), "muchos
católicos que se oponen al aborto personalmente no creen
que la ley general debería prohibir el aborto para todos
los demás, en casos extremos como violación, incesto
o riesgo para la vida de la madre". Este tipo de propaganda
llena de orgullos a los grupos de presión favorables al aborto,
pero debería ofender a cualquier católico serio. Por
lo menos, los miembros católicos del congreso como el senador
Durban debería realmente leer y rezar el Catecismo de la
Iglesia Católica y la Encíclica "Evangelium Vitae"
antes de explicar la fe católica a cualquiera.
Más
aún, deberían tratar de hacer algo respecto a su "oposición
personal" al aborto apoyando competentes nombramientos judiciales
pro-vida. De otra forma, simplemente demuestran lo que mucha gente
ya cree: que una nueva forma de discriminación religiosa
es más que bienvenida en el Capitolio, incluso entre funcionarios
que se profesan católicos.
Algunas cosas
cambian, pero otras no. El prejuicio contra el "papismo"
está vivo y activo en los Estados Unidos. Sólo que
tiene una dirección diferente. Pero por lo menos algunas
personas en Alabama saben dónde se encuentra la Iglesia católica
y qué posición tiene- incluso a pesar que algunas
personas en Washington aparentemente no lo saben.
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