Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver • Noviembre 2003

¿Por qué celebramos el Adviento?

Por Licia Pereira

Todos los años la Iglesia se prepara para la Navidad, el acontecimiento central de la historia, con el Adviento. Muchos de los católicos ya conocen este término y también están familiarizados con todo lo que se realiza en la liturgia durante el mes previo a la Navidad. Sin embargo, podemos decir que son pocos los que realmente entienden el significado más hondo de esa palabra. Adviento quiere decir "venida". Ya sabemos Quien viene, pero quizás nos falte profundizar en por qué viene. Busquemos en estas breves líneas ahondar un poco en ello.

El Adviento nos hace regresar en el tiempo y nos hace recordar a María y José esperando en medio de alegrías y dolores el nacimiento del Mesías. Buscamos durante el mes previo a la Navidad, asumir las mismas disposiciones interiores de la Madre en la espera expectante y confiada del Hijo de Dios.

Pero el Adviento también tiene una dimensión del presente, justamente por buscar en el aquí y ahora asumir las mismas disposciones de la Madre, hacemos del Adviento una espera para que se actualice en nuestro corazón, la misma alegría experimentada por María, José, los Pastores y los Reyes. Alegría tan intensa que debe llevar a cada uno de nosotros a revisar qué es lo que hay en nuestro interior, pues el Niño Dios quiere hacer de él su Morada.

El tiempo de Adviento no es un tiempo de mayor sobriedad litúrgica que después resaltará la alegría en la Misa de Noche Buena. Es más bien un tiempo en el que se apunta a algo más profundo. Se apunta a que volvamos sobre nosotros mismos, a que hagamos un examen de conciencia y con la esperanza de que el "Señor está con nosotros" nos dispongamos a cambiar todas aquellas cosas que nos obstaculizan a vivir un encuentro más profundo con Dios. Así, la Noche de Navidad, es al mismo tiempo una meta y un inicio. Meta, porque nos hemos preparado para vivirla, y un inicio porque la celebración de la Noche más bella e importante de la historia nos da fuerzas para vivir el resto del año según la Buena Nueva que nos trae el Salvador.

Con ello, entramos de lleno en el por qué el Señor vino. Su venida hace más de dos mil años tiene por motivación el Amor a nosotros. Jesús vino para nuestra Reconciliación, para mostrarnos que Dios es Padre, para revelarnos nuestra dignidad sublime de hijos amados, para mostrarnos el camino de felicidad plena al cual estamos llamados.

Esta plenitud de felicidad a la cual estamos llamados, es una tercera dimensión del Tiempo del Adviento. La dimensión de futuro. El Señor nos hizo una promesa que estamos esperando que se cumpla: "...y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes cielo con gran Poder y Gloria" (Mt, 24,30b). Todos los Advientos vividos en nuestras vidas son una preparación para el Gran Adviento de la Historia: la segunda y definitiva venida del Redentor. Así, escuchando a Jesús que nos dijo "estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre" (Mt 24,44), vivamos este Adviento esforzándonos por cambiar realmente nuestros pensamientos, sentimientos y actitudes para hacerlas cada vez más conforme al Evangelio y así prepararnos para el gran y hermoso encuentro entre Dios y el hombre que se realizará en la Parusía.

¡Que tengan un feliz adviento que los ayude a prepararse con un corazón dispuesto y abierto para la celebración de la Navidad!


 
 

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