¿Por
qué celebramos el Adviento?
Por Licia
Pereira
Todos los años
la Iglesia se prepara para la Navidad, el acontecimiento central
de la historia, con el Adviento. Muchos de los católicos
ya conocen este término y también están familiarizados
con todo lo que se realiza en la liturgia durante el mes previo
a la Navidad. Sin embargo, podemos decir que son pocos los que realmente
entienden el significado más hondo de esa palabra. Adviento
quiere decir "venida". Ya sabemos Quien viene, pero quizás
nos falte profundizar en por qué viene. Busquemos en estas
breves líneas ahondar un poco en ello.
El Adviento
nos hace regresar en el tiempo y nos hace recordar a María
y José esperando en medio de alegrías y dolores el
nacimiento del Mesías. Buscamos durante el mes previo a la
Navidad, asumir las mismas disposiciones interiores de la Madre
en la espera expectante y confiada del Hijo de Dios.
Pero el Adviento
también tiene una dimensión del presente, justamente
por buscar en el aquí y ahora asumir las mismas disposciones
de la Madre, hacemos del Adviento una espera para que se actualice
en nuestro corazón, la misma alegría experimentada
por María, José, los Pastores y los Reyes. Alegría
tan intensa que debe llevar a cada uno de nosotros a revisar qué
es lo que hay en nuestro interior, pues el Niño Dios quiere
hacer de él su Morada.
El tiempo de
Adviento no es un tiempo de mayor sobriedad litúrgica que
después resaltará la alegría en la Misa de
Noche Buena. Es más bien un tiempo en el que se apunta a
algo más profundo. Se apunta a que volvamos sobre nosotros
mismos, a que hagamos un examen de conciencia y con la esperanza
de que el "Señor está con nosotros" nos
dispongamos a cambiar todas aquellas cosas que nos obstaculizan
a vivir un encuentro más profundo con Dios. Así, la
Noche de Navidad, es al mismo tiempo una meta y un inicio. Meta,
porque nos hemos preparado para vivirla, y un inicio porque la celebración
de la Noche más bella e importante de la historia nos da
fuerzas para vivir el resto del año según la Buena
Nueva que nos trae el Salvador.
Con ello, entramos
de lleno en el por qué el Señor vino. Su venida hace
más de dos mil años tiene por motivación el
Amor a nosotros. Jesús vino para nuestra Reconciliación,
para mostrarnos que Dios es Padre, para revelarnos nuestra dignidad
sublime de hijos amados, para mostrarnos el camino de felicidad
plena al cual estamos llamados.
Esta plenitud
de felicidad a la cual estamos llamados, es una tercera dimensión
del Tiempo del Adviento. La dimensión de futuro. El Señor
nos hizo una promesa que estamos esperando que se cumpla: "...y
verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes cielo con
gran Poder y Gloria" (Mt, 24,30b). Todos los Advientos vividos
en nuestras vidas son una preparación para el Gran Adviento
de la Historia: la segunda y definitiva venida del Redentor. Así,
escuchando a Jesús que nos dijo "estad preparados, porque
en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre"
(Mt 24,44), vivamos este Adviento esforzándonos por cambiar
realmente nuestros pensamientos, sentimientos y actitudes para hacerlas
cada vez más conforme al Evangelio y así prepararnos
para el gran y hermoso encuentro entre Dios y el hombre que se realizará
en la Parusía.
¡Que
tengan un feliz adviento que los ayude a prepararse con un corazón
dispuesto y abierto para la celebración de la Navidad!
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