Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver • Noviembre 2003

Trabajando inteligente e incansablemente se puede hacer la diferencia en la naturaleza de las leyes

Presidente Bush firma ley que prohíbe el aborto por nacimiento parcial

Por Monseñor Carlos Chaput, O.F.M. Cap.

Este miércoles, 5 de noviembre, el Presidente Bush firmó una ley que prohíbe los abortos por nacimiento parcial. Ésta es la primera restricción federal seria que se realiza en 30 años. Miles de personas buenas, católicas como no-católicas, dentro y fuera del gobierno, han trabajado duramente para que llegue este día. Es un momento de gratitud y oración.

Por su puesto, quienes apoyan el aborto desafiarán la prohibición inmediatamente a través de las cortes. Pero extraño como pueda sonar, deberíamos agradecerles, porque haciendo esto, nos recuerdan una vez más lo que el movimiento "pro-elección" significa realmente.

El aborto por nacimiento parcial es matar a un niño no-nacido en avanzado proceso de gestación, en el canal de nacimiento; en otras palabras en el proceso de estar naciendo. El doctor inserta una aguja en la base del cráneo del niño. Después extrae los tejidos del cerebro del cráneo del niño. Es el tipo de procedimiento que asociamos con películas de terror baratas de los años ´50. Con la diferencia que esta inhumanidad es real.

El aborto es siempre un acto intimidante y violento. Lo que hace que el aborto por nacimiento parcial sea tan repugnante es el especial salvajismo del procedimiento, la inocencia de la víctima y las gimnasias mentales que los defensores "pro-elección" utilizan para oscurecerlo y justificarlo.

Cuando la Corte Suprema de Estados Unidos descriminalizó el aborto en 1973 con la decisión Roe vs. Wade, los promotores del aborto nos dijeron piadosamente que su único interés era lograr que el aborto sea "legal, seguro y poco común". Sí, lo admitieron, el aborto fue desafortunamente y siempre el útlimo recurso, pero algunas veces era "necesario" por la salud de la madre.

Después de tres décadas, con aproximadamente 1 millón de abortos al año en los Estados Unidos, los publicistas de "pro-elección" han reorganizado su argumento. Ahora ellos venden abortos como algo vital para la libertad de las mujeres, y mienten y distorcionan el idioma inglés para hacerlo.

"Mentira" es exactamente la palabra. Durante el reciente debate en el congreso sobre el aborto por nacimiento parcial, los promotores del aborto seguían argumentando que Roe vs. Wade legalizó el aborto sólo en el primer trimestre. Esto es una mentira. Roe legalizó el aborto por cualquier motivo relacionado a la salud de la madre –sin interesar cuán holgadamente sea definido- hasta el momento del nacimiento. Y los activistas del aborto han peleado cualquier intento de restringir el aborto porque entienden cuan dramático fue Roe.

George Orwell alguna vez escribió que el asunto central del uso del lenguaje político en nuestro tiempo es "la defensa de lo indefendible". Nada muestra más claramente esto que el debate sobre el aborto por nacimiento parcial. Los activistas de "elección" llaman al aborto por nacimiento parcial de todo, pero menos lo que realmente es: un tipo de infanticidio. Es un acto de violencia tan crudo que repela y disgusta incluso a muchos promotores del aborto – por lo que sólo dos vetos del pasado presidente Bill Clinton lo guardaron para ser declarado fuera de ley por el Congreso años atrás.

En todo aborto por nacimiento parcial, el abortista toma la cabeza de un niño con vida en sus manos mientras lo va matando. Ninguna manipulación del lenguaje de los defensores de la "elección" puede ocultarlo.

Las firmas de prohibición del aborto por nacimiento parcial esta semana nos recuerdan dos cosas. Primero, si los católicos y otras personas de buena intensión trabajan incansable e inteligentemente, podemos realmente hacer una diferencia en la naturaleza de nuestras leyes. Podemos empezar a restaurar la protección legal por la santidad de la vida humana.

Segundo, aún tenemos un largo camino por delante. Por ello, en medio de nuestra gratitud, debemos volcarnos aún más sinceramente a rezar.


 
 

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