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La
segunda mitad del siglo XVII en Norteamérica estuvo marcada por
un proceso fundamentalmente pacífico y creativo: mientras más españoles
llegaban a poblar lo que hoy es el suroeste de los Estados Unidos,
los misioneros continuaron su labor evangelizadora, destacando entre
ellos una figura inolvidable: Fray Junípero Serra.
Nuevos
pueblos y dificultades
El proceso de creación
de nuevas ciudades llegó a un punto importante en 1666 con la fundación
de San Antonio de los Llanos (Texas); pero este proceso pacífico
de expansión encontró no pocas reacciones violentas: en 1680, los
Indios Pueblo promovieron una revuelta que forzó a los españoles
a retroceder hasta el entonces llamado "Paso del Norte", actualmente
Ciudad Juarez. Durante 12 años, los nativos Pueblo tendrían el control
de la región, tomando control incluso de la misma Casa del Gobernador.
En 1693 Diego de Vargas
reconquistó Nuevo México; pero apenas tres años después los Pueblo
volvieron a sublevarse. Muchos historiadores señalan que durante
este período de conflictos, no faltaron acciones brutales de ambos
lados, pero los españoles buscaron siempre mantener un trato digno
con los nativos; un trato que los "peregrinos" de origen inglés
no tendrían muchos años después.
Un
evangelizador apasionado
En 1769 comenzó en la
costa del Pacífico, uno de los episodios más apasionantes de la
época: el gran misionero Fray Junípero Serra (ver recuadro) se unió
a la expedición del Capitán Gaspar de Portola para explorar y colonizar
Alta California. Los nombres cristianos de ciudades como San Diego,
Los Angeles (originalmente "Nuestra Señora de la Angeles"), Santa
Bárbara y San Francisco (bautizada con el nombre del Fundador de
la Orden a la que pertenecía Fray Junípero), son hoy el testimonio
poco valorado de ese heróico periodo histórico.
"¡Vienen
los ingleses!"
Comenzando el siglo XVIII,
el enfrentamiento entre españoles e ingleses se convirtió en una
constante. La firme defensa hispana de Norteamérica pondría las
bases para que más adelante, la nueva nación los Estados Unidos
de América lograra surgir como nación. En 1702 ingleses de Carolina
sitiaron el Castillo de San Marcos sin éxito, pero en venganza,
arrazaron con la famosa ciudad de San Agustín en Florida y destruyeron
las misiones católicas del Norte de la Florida.
Luego de sucesivos ataques
contra ciudades y misiones españolas por parte de los ingleses,
los españoles decidieron, en 1738, construir el Fuerte Mose, dedicado
exclusivamente a defender y proteger a los esclavos africanos que
lograban huir de los ingleses. Lamentablemente, la exitosa defensa
militar de los españoles frente a los ingleses sirvió de poco: en
1763 la Corona española acordó ceder a los ingleses el control de
la Florida por razones económicas, en el Tratado de París.
Con todo, el espíritu
aventurero de los hispanos siguió indómito: 10 años después el Navegador
Juan Pérez descubrió la actual Isla de Vancouver, reclamándola para
España. Aún hoy existe un monumento en la región recordando al valeroso
capitán español.
La
Guerra de la Independencia
Pero el más sorprendente
(y olvidado) papel jugado por los hispanos, fue el decisivo rol
que tuvieron en la guerra de la independencia norteamericana. Cada
vez más son los expertos historiadores que coinciden en señalar
que la independencia liderada por George Washington fue producto
de un esfuerzo continental y no sólo de quienes habitaban las 13
colonias.
En efecto, cuando la
revolución americana parecía fracasar por falta de fondos, el apoyo
de la Armada Española -junto a la francesa- y la colecta de recursos
realizada voluntariamente por hispanos que vivían entonces en Texas,
Nuevo México, Arizona y California (entonces parte de México), e
incluso en Cuba, permitieron llevar a cabo la revolución cuando
la falta de pago hacía que los soldados de la Revolución "rugieran
como águilas".
Además de esta ayuda,
cientos de soldados españoles golpearon repetidamente a los ingleses
desde el punto de vista militar, evitando así que las fuerzas de
Washington se vieran atacadas por sorpresa. En efecto, cuarteles
de soldados y voluntarios hispanos frenaron repetidamente a los
ingleses en la región de Louisiana y los obligaron a batirse en
retirada en numerosas ocasiones. Uno de estos grandes hombres de
honor fue Bernardo de Galvez (ver recuadro), un aguerrido y virtuoso
español que derrotó en numerosas ocasiones a los ingleses, y que,
a pedido de los residentes angloparlantes de las colonias, impidió
los abusos de la soldadesca británica.
La decisiva batalla de
Yorktown, que abrió las puertas para la independencia norteamericana,
fue planeada por un hispano, el Capitán Francisco de Saavedra y
financiada con fondos de hispanos de Puerto Rico, Cuba, Santo Domingo,
Venezuela, Costa Rica, así como por voluntarios de algunas de estas
naciones. El mismo Rey de España proporcionó 1,000,000 libras al
Congreso norteamericano. Tras la victoria de Yorktown, los hispanos
continuaron defendiendo la soberanía de la nueva nación: capturaron
Pensacola de las manos de los ingleses y luego recuperaron el dominio
de La Florida, que años después la corona española vendería a la
nueva nación. En 1780, Fernando de Leyba frustró un nuevo ataque
liderado por los ingleses, compuesto por 1,200 canadienses, con
apenas 29 oficiales y 281 soldados.
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