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¡El Señor me enamoró!: Hermana Adriana

Un llamado profundamente misionero entre las Hermanas …

Por la Hna. María Adriana del Niño Jesús Gonzáles, OSC Cap.

A continuación ofrecemos el testimonio de un hermoso llamado la vida religiosa contemplativa. La Hermana Adriana Gonzáles, nació en la Ciudad de México Distrito Federal en 1978, cuando era adolescente descubrió su vocación a entregarse totalmente al Señor Jesús a través de la vida religiosa contemplativa en la Congregación Hermanas Clarisas Capuchinas. Pocos años después viaja a Denver para unirse a quienes serían ahora "su nueva familia" en el Monasterio Nuestra Señora de la Luz ubicado en 3325 Pecos St., Denver.

"Mi vocación no la descubrí cuando yo era niña, como muchas vocaciones, auque siempre sentía la soledad, la nostalgia de algo mi interior y me gustaba mirar al cielo pensando en el infinito… ¿qué habrá más allá? No lo sabía. Cuando uno es pequeño se hace muchas preguntas, buscaba siempre momentos de silencio y me gustaba escribir, tenía mi amigo, que simplemente era mi diario, el cual fue mi compañero desde que tenía 12 años.

Así pasaban los años y el vacío en mi interior crecía . Cuando tenía 18 años y estaba estudiando la preparatoria, conocí a unas religiosas que asistían a tomar clases; me extrañaba verlas ahí, y cuando las veía reir me decía: ¿por que se ríen estas madres?…se supone que ellas siempre deben estar en silencio (la verdad no sabía por qué la alegría es de toda persona, sea religiosa o no). Un día una de ellas me preguntó: "¿Adriana, tú no quisieras ser religiosa? Te invitamos a que asistas a algunos retiros vocacinales".

Para ser sincera, yo le dije a mi amiga muy enojada, "¿por qué esas madres me llaman a mí? Yo no quiero ser religiosa". Pasaron algunos meses, y el Señor que me iba llamando me cautivó e hizo que yo asistiera a esos retiros, no sé qué pasaba conmigo que me gustaba, me alegraba profundamente ante el Santísimo, el incienso, el canto tan hermoso de aquellas Hermanas…y así comenzó todo lo más hermoso para mí.

Después formé parte de un grupo de jóvenes, y cada vez me gustaba más estar con el Señor ante la Eucaristía, y oí su voz que me llamaba para que fuese suya. No sé como describirte ese momento, fue algo tan simple pero en mi interior sentí el amor de Cristo…la Cruz, el sufrimiento que Él había pasado por mí, su amor incondicional, Él me enamoró, me cautivó, y algo que siempre recordaré es que María su Madre, tu Madre, mi Madre, siempre estuvo a mi lado. En casa rezábamos el Rosario y mamá nos llevaba a Misa.

Creo que gran parte de mi vocación se la debo a María, mi madre, ya que platicaba con Ella, le decía que me llevara pronto a su Hijo, a donde ella quisiera que yo estuviera , soñaba con Ella y siempre Ella me salvaba de varios peligros y dormía pensando en la Virgen María, la sentía tan cerca de mí como a mi misma mamá. Ibamos en familia a la Santa Misa todos los días y yo me quedaba un momento platicando con Jesús, le decía: "¿hasta cuándo me vas mostrar el lugar dónde me quieres?".

Recuerdo que una vez cuando regresaba de la escuela entré a una Iglesia y vi propaganda religiosa de tres monasterios en EE.UU.; se me alegró el corazón y como no sabía por cual de los tres decidirme, seguro que te vas a reir, pero hice esto con mi dedo pidiendo a Dios y María me ayudaran: "De tin marín, de do pingüé…". Y así pasó, elegí Denver (con las Hermanas Clarisas Capuchinas de vida contemplativa).

Comencé a comunicarme y me mandaron información de cómo era su forma de vida y así duré dos años, hasta que me decidí venir aquí. Me decían: "¿por qué no te vas a un monasterio aquí mismo? De todas maneras vas a servir al Señor, da lo mismo", pero para mí no era lo mismo, tenía un espíritu misionero, y quedarme en mi ciudad o en mi país era muy poco, yo quería más allá, así más de acuerdo al Evangelio, decía yo: dejar a los padres, hermanos, amigos, tu patria, para seguir al Señor, no sabiendo como será.

¡Pero sabes qué es una aventura maravillosa! En casa estaban de acuerdo en que yo fuese religiosa, solamente me decían: "quédate aquí". El día que partí, estaba la casa llena de amigos y mi familia. Mamá me dio la bendición y cuando ibamos en el auto rumbo a la central, ella iba llorando y yo le dije que no quería verla llorar. ¡Qué ingrata era yo! El amor de una madre es inmenso. Pero tenía una alegría tan grande dentro de mi´, que no quería que nadie llorase.

Estaba tan contenta y me decía: "por fin a encontrarme con Él". Por fin llegué a este monasterio de Nuestra Señora de la Luz en Denver. Sé que ésta es mi vocación y estoy contenta de estar aquí, ahora esta es mi casa y este país es mi patria. Mis hermanas (religiosas) han sido también mis compañeras, madres y amigas en este camino de discernimiento y entrega; compartimos todas la misma vocación, buscamos y estamos con el mismo Amado: Jesucristo".

Si desea tener mayor información sobre las Hermanas Clarisas Capuchinas, puede llamar al teléfono (303) 458 - 6339.


Publicación en español de la
Arquidiócesis de Denver

E-mail: elpueblo@archden.org
Editora:
Rosanna Goñi
Director General: Gregorio Kail