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A 20 años de la Familiaris consortio

Por Eduardo Regal [*]

"¡El futuro de la humanidad se fragua en la familia!" Esas eran las palabras del Papa Juan Pablo II al concluir su exhortación apostólica Familiaris consortio en noviembre de 1981. En aquel entonces el Santo Padre, "consciente de que el matrimonio y la familia constituyen uno de los bienes más preciosos de la humanidad", manifestaba su honda preocupación por estos tiempos en que la familia es "objeto de muchas fuerzas que tratan de destruirla o deformarla". En su cuarto año de haber asumido el timón de la Barca de Pedro, el Santo Padre proponía un programa sobre "la misión de la familia cristiana en el mundo actual".

"¡Familia, sé lo que eres!"

El hermoso ideal del matrimonio cristiano es el de responder a su razón de ser según el designio divino. "Todos los esposos, según el plan de Dios, están llamados a la santidad en el matrimonio", señalaba el Papa. Se trata pues, ante todo, de una vocación, un llamado de Dios.

El sacramento del matrimonio y los dones que el Espíritu derrama a través de él llevan a los esposos a poder acercarse cada día más a la persona del Señor Jesús vivificando el dinamismo familiar de donación, entrega y servicio en el amor. Su esfuerzo compartido por colaborar con la gracia hacia el horizonte de la santidad fortalece la "comunión indisoluble" de los cónyuges, centrada en el Señor, que "constituye el fundamento sobre el cual se va edificando la más amplia comunión de la familia, de los padres y de los hijos, de los hermanos y de las hermanas entre sí, de los parientes y demás familiares". Como subrayaba el Santo Padre, la comunión familiar se va construyendo día a día por el aporte de cada uno de sus miembros, según el propio don, "con el servicio recíproco de todos los días, compartiendo los bienes, alegrías y sufrimientos". Ello lleva a que la familia sea la "escuela de humanidad más completa y rica". La unidad familiar "puede ser conservada y perfeccionada sólo con un gran espíritu de sacrificio. Exige, en efecto una pronta y generosa disponibilidad de todos y cada uno a la comprensión, a la tolerancia, al perdón, a la reconciliación". Esta dimensión de cotidiana exigencia familiar, es también una vía para que los miembros de la familia se vayan configurando con Jesucristo, Aquél que revela a cada uno la propia identidad.

Santuario de la vida

La "vocación al amor y al servicio de la vida" propia del matrimonio lleva a la familia toda a ser servidora de la vida, de toda vida. En el tiempo presente, donde "no faltan signos de preocupante degradación de algunos valores fundamentales" como "la plaga del aborto, el recurso cada vez más frecuente a la esterilización, la instauración de una verdadera y propia mentalidad anticoncepcional", el documento invita a volver la mirada sobre lo esencial, sobre "el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia". La familia se alza en defensa del don de la vida misma, recordando su carácter sagrado como un don que nos ha sido dado por Dios. La reverencia por la dignidad de la vida humana en la familia, desde la concepción de "los hijos, don preciosísimo del matrimonio", hasta la muerte natural de sus miembros, se sustenta en el amor. "Sin el amor, la familia no es una comunidad de personas [...] Sin el amor la familia no puede vivir, crecer y perfeccionarse como una comunidad de personas".

Como "santuario doméstico de la Iglesia", la familia es reflejo del amor de Dios. La "iglesia doméstica" o "pequeña iglesia", como nombra numerosamente el documento refiriéndose a la familia, está invitada por Dios a comunicar también el don de la Vida, de la Buena Nueva de la reconciliación que nos ha traído el Señor Jesús. Comenzando por la edificación de la vida cristiana familiar y la educación de los hijos en la fe de la Iglesia, pasando por el testimonio de coherencia cristiana a otras personas y familias, hasta el anuncio explícito del Evangelio en las diversas realidades humanas, la misión de la familia es también la de colaborar con la misión evangelizadora de la Iglesia. Es pues tarea de todos los cristianos "anunciar con alegría y convicción la "buena nueva" sobre la familia".

Vigencia y proyección

Pasados ya veinte años, la Exhortación apostólica resuena con total vigencia proyectándose al futuro como todo un programa para las familias del siglo XXI. En los inicios de un nuevo tiempo para el Pueblo de Dios peregrino, la voz del Pontífice se alza nuevamente en defensa de la familia, en su reciente Carta Novo millennio ineunte, exhortando a una atención especial a la pastoral de la familia, para la cual, ciertamente,la Familiaris consortio es una clara orientación.

Eduardo Regal es Vicario general del Sodalitium Christianae Vitae y Coordinador general del Movimiento de Vida Cristiana


Publicación en español de la
Arquidiócesis de Denver

E-mail: elpueblo@archden.org
Editora:
Rosanna Goñi
Director General: Gregorio Kail