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"¡El futuro de la humanidad
se fragua en la familia!" Esas eran las palabras del Papa Juan Pablo
II al concluir su exhortación apostólica Familiaris consortio en
noviembre de 1981. En aquel entonces el Santo Padre, "consciente
de que el matrimonio y la familia constituyen uno de los bienes
más preciosos de la humanidad", manifestaba su honda preocupación
por estos tiempos en que la familia es "objeto de muchas fuerzas
que tratan de destruirla o deformarla". En su cuarto año de haber
asumido el timón de la Barca de Pedro, el Santo Padre proponía un
programa sobre "la misión de la familia cristiana en el mundo actual".
"¡Familia, sé lo que
eres!"
El hermoso ideal del
matrimonio cristiano es el de responder a su razón de ser según
el designio divino. "Todos los esposos, según el plan de Dios, están
llamados a la santidad en el matrimonio", señalaba el Papa. Se trata
pues, ante todo, de una vocación, un llamado de Dios.
El sacramento del matrimonio
y los dones que el Espíritu derrama a través de él llevan a los
esposos a poder acercarse cada día más a la persona del Señor Jesús
vivificando el dinamismo familiar de donación, entrega y servicio
en el amor. Su esfuerzo compartido por colaborar con la gracia hacia
el horizonte de la santidad fortalece la "comunión indisoluble"
de los cónyuges, centrada en el Señor, que "constituye el fundamento
sobre el cual se va edificando la más amplia comunión de la familia,
de los padres y de los hijos, de los hermanos y de las hermanas
entre sí, de los parientes y demás familiares". Como subrayaba el
Santo Padre, la comunión familiar se va construyendo día a día por
el aporte de cada uno de sus miembros, según el propio don, "con
el servicio recíproco de todos los días, compartiendo los bienes,
alegrías y sufrimientos". Ello lleva a que la familia sea la "escuela
de humanidad más completa y rica". La unidad familiar "puede ser
conservada y perfeccionada sólo con un gran espíritu de sacrificio.
Exige, en efecto una pronta y generosa disponibilidad de todos y
cada uno a la comprensión, a la tolerancia, al perdón, a la reconciliación".
Esta dimensión de cotidiana exigencia familiar, es también una vía
para que los miembros de la familia se vayan configurando con Jesucristo,
Aquél que revela a cada uno la propia identidad.
Santuario de la vida
La "vocación al amor
y al servicio de la vida" propia del matrimonio lleva a la familia
toda a ser servidora de la vida, de toda vida. En el tiempo presente,
donde "no faltan signos de preocupante degradación de algunos valores
fundamentales" como "la plaga del aborto, el recurso cada vez más
frecuente a la esterilización, la instauración de una verdadera
y propia mentalidad anticoncepcional", el documento invita a volver
la mirada sobre lo esencial, sobre "el designio de Dios sobre el
matrimonio y la familia". La familia se alza en defensa del don
de la vida misma, recordando su carácter sagrado como un don que
nos ha sido dado por Dios. La reverencia por la dignidad de la vida
humana en la familia, desde la concepción de "los hijos, don preciosísimo
del matrimonio", hasta la muerte natural de sus miembros, se sustenta
en el amor. "Sin el amor, la familia no es una comunidad de personas
[...] Sin el amor la familia no puede vivir, crecer y perfeccionarse
como una comunidad de personas".
Como "santuario doméstico
de la Iglesia", la familia es reflejo del amor de Dios. La "iglesia
doméstica" o "pequeña iglesia", como nombra numerosamente el documento
refiriéndose a la familia, está invitada por Dios a comunicar también
el don de la Vida, de la Buena Nueva de la reconciliación que nos
ha traído el Señor Jesús. Comenzando por la edificación de la vida
cristiana familiar y la educación de los hijos en la fe de la Iglesia,
pasando por el testimonio de coherencia cristiana a otras personas
y familias, hasta el anuncio explícito del Evangelio en las diversas
realidades humanas, la misión de la familia es también la de colaborar
con la misión evangelizadora de la Iglesia. Es pues tarea de todos
los cristianos "anunciar con alegría y convicción la "buena nueva"
sobre la familia".
Vigencia y proyección
Pasados ya veinte años,
la Exhortación apostólica resuena con total vigencia proyectándose
al futuro como todo un programa para las familias del siglo XXI.
En los inicios de un nuevo tiempo para el Pueblo de Dios peregrino,
la voz del Pontífice se alza nuevamente en defensa de la familia,
en su reciente Carta Novo millennio ineunte, exhortando a una atención
especial a la pastoral de la familia, para la cual, ciertamente,la
Familiaris consortio es una clara orientación.
Eduardo Regal es Vicario
general del Sodalitium Christianae Vitae y Coordinador general del
Movimiento de Vida Cristiana
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