Navegador

Columnas de opinión

Noticias

Vida y Familia

Mi Parroquia... mi gente

Diálogo

Jóvenes

Historia Central

Testimonios

Actividades

Recetas de la Tía Tere

Cables

Santos de hoy

Parroquias con misas en español

Diálogo

Adviento, la familia que espera y acoge

Por Mar Muñoz-Visoso

El otro día me llamó por teléfono un amigo muy querido al que hace tiempo que no veo. No hemos perdido el contacto. Nos escribimos de vez en cuando, antes por carta, ahora hemos decidido pasarnos al e-mail. También nos telefoneamos de vez en cuando, brevemente, sólo para dejar saber al otro que todo sigue bien o para compartir alguna novedad importante o urgente. A veces pasa bastante tiempo, meses o incluso años, sin saber nada del otro. Pero la amistad que nos une es tan fuerte que, aun sin habernos hablado en mucho tiempo, sabemos que si necesitamos cualquier cosa el otro estará ahí para ayudarnos. En fín, mi amigo me dio una noticia buenísima. Como hace mucho que no nos vemos ha decidido venir a verme y a pasar la Navidad con mi familia.

¡Qué alegría! En seguida que colgué el teléfono, mi mente se disparó en mil pensamientos: en qué cuarto lo voy a acomodar, qué cosas vamos a hacer juntos mientras él esté aquí, que comidas caseras le voy a preparar. Mi corazón ardía de felicidad; mi cara tenía de pronto más luminosidad y cualquier cosa me hacía sonreír. La cuenta atrás había comenzado.

A mi esposo le encanta que tengamos invitados. Sabe que una de mis aficiones preferidas es la cocina. Así que siempre acoge de buen gusto la noticia de que tenemos invitados, pues sabe que el trato especial no sólo va a beneficiar al visitante sino a toda la familia. Sabe que los preparativos a menudo incluyen a varios miembros de la familia (limpiar la casa, arreglar desperfectos, comprar despensa...), pero piensa en los beneficios culinarios que se avecinan, y se relame esperando el día en que llegue el visitante. En cierta forma así debe ser el Adviento, una espera gozosa, y una preparación activa que involucra a cada uno de los miembros de la familia. ¿Y cómo podemos prepararnos vivir el Adviento, individualmente y como familia? Pues utilice su propia imaginación. Pero, por si acaso, ahí les van algunas pistas que a mí me han servido.

Las lecturas de las liturgias de Adviento nos proponen algunos personajes clave de los que podemos aprender mucho: el profeta Isaías, Juan el Bautista, Zacarías e Isabel, su esposa, y cómo no, María y José, protagonistas del misterio y testigos silenciosos del cumplimiento de las profecías.

Es, pues, buena idea comenzar meditando las lecturas bíblicas propias del tiempo. Lo podemos hacer en privado, dedicando tan siquiera quince minutos al día a orar. Lo podemos hacer con nuestra pareja o con algún hijo adulto, separando unos minutos al día para compartir lo que a cada uno le sugiere la lectura. O lo podemos hacer con un pequeño grupo de amigos que quieran esforzarse con nosotros en vivir mejor su fe. Ah, y cuando hay dudas o alguna lectura les resulte difícil (y créanme, a veces lo son), déjenla estar y vayan a preguntarle al sacerdote, o la monjita, o la encargada de la catequesis, o la directora del ministerio hispano, que para eso están, para que les den lata... Una figura constante y clave del Adviento es María, la Virgen, que acoge, espera con gozo y prepara. De ella podemos aprender tantas cosas.

El silencio, ¿Qué tengo que cambiar en mí para poder escuchar lo que el Señor quiere de mí, como María pudo escuchar el saludo del ángel? Quizá menos horas de alboroto, de ruido, de radio, de televisión, de bailes, durante este tiempo ayuden al corazón a escuchar mejor.

El gozo: cambie la música de su estéreo mientras conduce su auto por un canto alegre que hable de gozo y de esperanza. Y cántelo una y otra vez hasta que el canto cambie su actitud.

El servicio, María sale corriendo a visitar a su prima Isabel para ayudarla. ¿En qué puedo ser más servicial? Mire a su alrededor y fíjese quién necesita ayuda. Comenzando por los de casa y siguiendo por otros familiares y amigos. La religiosidad popular nos ofrece también numerosas oportunidades. Haga que la puesta del nacimiento o la decoración del árbol en las semanas previas a la Navidad sea algo que involucre a toda la familia.

No deje que la escena de la Natividad falte en su hogar como recuerdo del verdadero sentido de esta fiesta. Si hace tiempo que no asiste a las posadas o nunca ha ido a una, vaya este año y lleve a alguien con usted. Recupere la tradición de cantar villancicos en familia. Algunas iglesias ofrecen novenarios para la Inmaculada Concepción, para la Virgen de Guadalupe.

Aunque no son propiamente celebraciones de Adviento, son una buena oportunidad para meditar y celebrar la figura de María. Aproveche y vaya. Organice un Rosario en su casa y ofrezca luego un rato de convivencia. Anímese a ir al sacramento de la Reconciliación, para limpiar lo que haga falta por dentro antes de que llegue el Niño... Los temas principales que la Iglesia nos propone y que el misal nos sugiere son, consecutivamente: esperanza, gozo, conversión, renovación y la llegada del Señor, su venida al mundo en carne, la cual revivimos en Navidad, y el juicio del Señor, su última venida en gloria y majestad. Conviene pues buscar actividades y adoptar actitudes donde podamos trabajar en algunos de esos aspectos.

El tiempo de Adviento, y cada día, nos ofrecen muchas oportunidades. Sólo hay que estar atentos. Ojalá que este Adviento nos sirva, individualmente y como familia para trabajar en tres cualidades básicas del cristiano. La conversión, la esperanza y el gozo. Mi amigo llegará pronto. Voy a seguir haciendo mi lista de la compra...


Publicación en español de la
Arquidiócesis de Denver

E-mail: elpueblo@archden.org
Editora:
Rosanna Goñi
Director General: Gregorio Kail