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Todos los católicos hispanos
del Norte de Colorado estamos llamados a tomar los remos y remar
mar adentro. Alguno me dirá "Un momento Monseñor, pero yo no soy
pescador ni tengo experiencia con botes". O me dirán que son constructores,
agricultores o trabajadores en el campo de los servicios, del comercio
o de muchos otros rubros en los que los hispanos nos desempeñamos.
Tranquilos, que no se
trata de remar en sentido literal. Pero sí se trata de realizar
un gran esfuerzo que todos los católicos hispanos debemos realizar
en razón de nuestro llamado y nuestra vocación cristiana.
"Remar mar adentro" se
ha convertido en el hermoso lema que el Papa Juan Pablo II ha elegido
para toda la Iglesia del Tercer Milenio. La frase se inspira en
la inolvidable escena del Evangelio en la que los apóstoles no han
pescado nada durante la noche, y el Señor le pide a Pedro y a sus
socios que remen mar adentro. Al remar mar adentro, obedeciendo
a la invitación del Señor, los apóstoles no sólo encontraron una
pesca abundantísima que casi rompía las redes, sino que hallaron
algo aún mejor: su propia vocación a seguir a Jesús y convertirse
en pescadores de hombres.
Desde entonces, la Iglesia
ha sido siempre representada como una barca, azotada muchas veces
por vientos tempestuosos, que sin embargo, no la hunden porque la
conduce el Señor Jesús, y porque los fieles remamos bajo su guía.
Así pues, todo bautizado, no importa cuál sea su profesión o vocación,
está llamado a tomar el remo e impulsar mar adentro a la barca de
la Iglesia para asegurar una pesca abundante y todos los frutos
que el Señor nos quiere dar a cada uno de nosotros y a la Iglesia
entera.
Mar movido
Los hispanos o latinos
del Norte de Colorado sabemos, sin embargo, que no navegamos por
aguas tranquilas. En un reciente documento dirigido a reenfocar
la pastoral hispana en vistas al siglo y el milenio que comienza,
muchos líderes pastorales latinos han señalado acertadamente las
numerosas dificultades que enfrentamos. Los desafíos, en efecto,
no faltan ni pueden ser ignorados: sabemos que la población hispano/latina
es muy compleja, que nuestro jóvenes no están recibiendo la formación
de fe adecuada, la educación es aún insuficiente y la proporción
de sacerdotes hispanos aún es muy baja para el número creciente
de fieles que deben ser atendidos.
Con todo, los hispanos
podemos decir que, sin dejar de lado el realismo, podemos vivir
el presente con entusiasmo y convertirnos en poderosos remeros en
la barca de la Iglesia, tanto en el Norte de Colorado, como los
Estados Unidos y en el mundo entero (¡no olvidemos que somos casi
la mitad de los católicos hispano hablantes del mundo!). En efecto,
los últimos encuentros nacionales de Pastoral Hispana han mostrado
que, junto a las dificultades, existen signos alentadores: la creciente
experiencia de nuestros líderes, el deseo creciente de aprender
y crecer más en la fe, el compromiso por crecer al interior de la
sociedad, el espíritu de solidaridad y la creciente visibilidad
de la comunidad latina al interior de la Iglesia, así como de la
sociedad norteamericana.
Al hacer el balance de
los desafíos frente a los signos positivos, podemos concluir que
existen razones para tener una genuina esperanza y para movernos
a la acción. Así lo han señalado los líderes hispanos que recientemente
han evaluado los frutos del Encuentro 2000 para plantear, a partir
de éste, alguas medidas que los hispanos podemos comenzar a tomar
para "remar mar adentro".
Entre ellas, es necesario
que los católicos nos dejemos sacar de lo que se llama nuestra "zona
de comodidad" en la que muchas veces nos encontramos instalados.
Si queremos integrarnos a la cultura sin ser asimilados y desaparecidos,
debemos ser exigentes con nosotros mismos y asumir el esfuerzo y
el liderazgo que exigen muchas veces el rechazar los antivalores
que se oponen a nuestra cultura para afirmar nuestra identidad católica.
Los católicos hispanos/latinos traemos a los Estados Unidos la tradición
de expresar nuestra fe de manera pública, es decir, de permitir
que nuestra fe se exprese en la cultura. Este es un don. Un don
por el que el Señor nos ha traído a estas tierras.
Y es por eso que la mejor
manera que tendremos de "remar mar adentro" será la de testimoniar
a los demás hermanos en la fe de Estados Unidos, nuestra convicción
de que nuestra fe debe hacerse vida cotidiana. Pero como nadie da
lo que no tiene, comencemos por el principio: vivamos nosotros mismos
esa línea continua de la fe que nos lleva del Encuentro con Dios
a la Conversión, de ésta a la Comunión; la misma que nos llevará
a vivir la Solidaridad que tanta falta hace hoy.
Vienen tiempos nuevos
para nuestra Iglesia. Como católicos hispanos no podemos más que
sentirnos entusiasmados y animados. Creemos que estamos llamados
a surcar los mares del nuevo milenio "a toda vela"… pero una vela
que el viento del Espíritu Santo difícilmente moverá si nosotros
no ponemos nuestra propia contribución para remar mar adentro.
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