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Columnas de opinión: La columna del arzobispo

El pecado no es un monopolio americano

El examen de conciencia es bueno tanto para las personas como para las naciones.

Por el Exmo. Mons. Carlos J. Chaput, O.F.M. Cap

Un amigo mío sugirió recientemente que la tragedia del 11 de Septiembre necesita ser juzgada desde la óptica de una muy seria desigualdad social y económica en el mundo. En otras palabras, parecía implicar que las personas desesperadas hacen cosas desesperadas, por lo que la culpa de los asesinos podría estar mitigada - o al menos ser comprensible.

Es una idea tentadora: Si tenemos una frustración legítima, o pensamos que la tenemos, tal vez las normas morales nos conceden una fisura particular para cobrar venganza. Sin embargo, aunque estoy de acuerdo que recordar las desigualdades del mundo sirven a un propósito muy importante, las injusticias en el mundo nunca pueden ser usadas para "contextualizar" o excusar un asesinato en masa.

Y los Estados Unidos no son de ninguna manera la única fuente de la desigualdad social y económica en el mundo. Estados Unidos lleva sobre sí pesadas responsabilidades morales por sus actos debido a su prosperidad y poder, pero en los países musulmanes y a lo largo del tercer mundo, los poderosos han explotado constantemente a su propia gente, con o sin la involucración de Occidente.

El pecado no es un monopolio de los países desarrollados. Desde el principio de nuestra vida como católicos, aprendemos que cada uno de nosotros debería examinar su conciencia todos los días. Vivir el Evangelio significa revisar y corregir nuestras acciones personales a la luz de Cristo Jesús como parte de nuestra rutina diaria.

Si este es un buen consejo para los individuos, lo es también para las naciones. Ninguna solución puramente militar contra el terrorismo funcionará sin abordar al mismo tiempo el tema de las injusticias más profundas del mundo y del papel de nuestra nación en ellas. Los católicos norteamericanos necesitan volver a leer la "Gaudium et Spes" del Concilio Vaticano II ("Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual") y aplicarla en la manera como viven su ser ciudadanos. No hay mejor manera de vivir el Evangelio en el ámbito público.

En realidad, la "Gaudium et Spes" es un valioso examen de conciencia para toda nuestra cultura. La Iglesia ha venido suplicando a las personas de los países desarrollados que se alejen de la avaricia, del egocentrismo y la idolatría a la comodidad material durante décadas. El 11 de Septiembre puede servir como un despertador. Dios le ha dado a Occidente ventajas enormes.

Demasiado a menudo, no hemos usado esas ventajas para ayudar a los pobres del mundo. La lógica interna de la avaricia es que se destruye a sí misma. Los norteamericanos necesitamos reflexionar en ello con renovada humildad. Al mismo tiempo, no se puede permitir que un propio examen de conciencia impida a los Estados Unidos el defender a su propio pueblo.

La primera y contundente desigualdad que los norteamericanos enfrentan actualmente es ésta: Los verdaderos asesinos del 11 de Septiembre -los arquitectos de los asesinatos- están vivos y resueltos a matar otra vez, mientras que a las víctimas les han robado la vida, el futuro, las esperanzas, los sueños y las familias. Más de 5,000 personas inocentes murieron en manos de asesinos extremistas en un solo día de Septiembre, y otros continúan muriendo mediante lo que parece ser terrorismo-biológico.

Ningún gobierno puede conservar su legitimidad si fracasa en proteger enérgicamente a su pueblo y buscar eficazmente la justicia por los crímenes cometidos contra éste. Por supuesto, los católicos norteamericanos siguen teniendo recuerdos de la discriminación y el odio que ellos mismos experimentaron en un pasado reciente como extranjeros inmigrantes en un país predominantemente protestante. Así que nosotros también tenemos la responsabilidad de sensibilizar a la gente respecto de los derechos de los árabes y los musulmanes en los Estados Unidos.

Cristianos, judíos, musulmanes y todo ser humano son igualmente hijos de Dios, tienen la misma dignidad y el mismo derecho a vivir sin temor. Los prejuicios contra los árabes y musulmanes en los Estados Unidos no sólo violan su dignidad como personas; también corrompen los principios que nuestra nación encarna. Yo creo que a pesar de sus fallas y pecados, los norteamericanos son un buen pueblo e incluso un gran pueblo.

Tenemos una oportunidad en los Estados Unidos de mostrar al mundo que cristianos, judíos, musulmanes y personas de otras creencias y no creyentes, pueden vivir juntos en respeto mutuo y en paz. Si los norteamericanos de hoy tienen la fortaleza para lograrlo, está aún por verse. Esto tiene que ser probado cada vez por cada nueva generación.


Publicación en español de la
Arquidiócesis de Denver

E-mail: elpueblo@archden.org
Editora:
Rosanna Goñi
Director General: Gregorio Kail