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Como ya hemos
visto, Dios se comunica con nosotros a través de las palabras
que nos dirige y a través de las acciones que realiza en
la Historia de la Salvación. La Biblia es el conjunto de
libros en que se nos narra esa Historia de la Salvación.
Por eso en este artículo veremos una breve síntesis
de lo que contiene la Sagrada Escritura.
Un pueblo que
se prepara...
La salvación
de Dios es para todos los hombres de todas las épocas y de
todos los lugares. Por eso desde la creación del mundo aparece
la preocupació n y el cuidado de Dios para toda la humanidad.
Pero en un momento determinado Dios decide preparar a su pueblo,
y por eso elige a los Patriarcas: ellos son Abraham, Isaac y Jacob,
a quienes les promete ser los "padres" de un gran pueblo, darles
a ellos y a su descendencia una tierra, y acompañarlos en
su peregrinar. A través de ellos llegará la bendición
a toda la humanidad.
Un pueblo que
se libera y que se forma...
Los descendientes
de los Patriarcas bajaron a Egipto, allí los oprimieron,
y fue entonces cuando Dios decidió sacarlos de la esclavitud.
Para realizar esta obra, Dios eligió a Moisés. El
pueblo salió de Egipto, y durante su caminata por el desierto
se rebeló contra su Salvador; no obstante esto, Dios los
perdonó y realizó maravillas en su favor, hizo una
alianza o compromiso: "Ustedes serán mi pueblo y yo seré
su Dios" (Ez. 36, 28). Así, después de la li-beración,
se formaba el Pueblo de Dios.
Un pueblo que
vive bajo la Alianza...
Guiado por
Josué, el sucesor de Moisés, el pueblo llegó
a la tierra prometida. Después, durante los pe-riodos de
los Jueces, de los Reyes y de los reinos divididos, el pueblo poco
a poco se fue olvidando de su Dios y de los beneficios recibidos,
y fue infiel a los compromisos de la Alianza, no obstante las amo-nestaciones
de los Profetas que le hablaban al pueblo en nombre de Dios. Por
eso, el Señor tuvo que "castigarlos" con el exilio o destierro
en Babilonia.
Un pueblo bajo
la esperanza de la Nueva Alianza...
Dios mostró
de nuevo su misericordia hacia el pueblo, lo sacó del exilio
y lo devolvió a su tierra propia. Tanto el castigo como el
perdón del Señor sirvió para que el pueblo
reconociera su error y su falla. Además Dios le hizo al pueblo
la promesa de una nueva y definitiva Alianza.
Un pueblo bajo
la Nueva Alianza...
Cuando llegó
la plenitud de los tiempos Dios nos envió a su Hijo el Salvador
prometido y anhelado. Jesús inauguró el Reino de Dios
con su predicación y su actividad liberadora. Agrupó
en torno suyo un grupo de discípulos.
Despreciado
y rechazado por los jefes del pueblo, fue conducido a la muerte.
A través
de su Muerte y Resurrección, Jesús rea-lizó
la Nueva Alianza que se selló con su sangre. De esta forma,
y teniendo como germen el grupo de sus discípulos, se constituyó
el nuevo Pueblo de Dios abierto a todos los hombres.
Los seguidores
de Jesús peregrinamos en este mundo, colaborando en la construcción
del Reino de Dios y anhelando el retorno glorioso de Nuestro Señor
Jesucristo.
Así,
a través de toda la Historia de la Salvación que tiene
su culmen en Cristo, se realiza aquello que nos dice San Juan: "En
esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios,
sino que Él nos amó y nos envió a su Hijo como
víctima por nuestros pecados" (1Jn. 4, 10).
En esta historia
de la Salvación hay tres realidades importantes: Dios y el
pueblo ligados a una alianza. Dios se nos muestra como el Creador
del mundo y como el que interviene y dirige la historia. Siempre
está del lado del oprimido y del débil. Jesús
nos lo ha revelado como su Padre y como nues-tro Padre. Juntos nos
envían al Espíritu de verdad.
El pueblo
Dios que nos
creó seres sociales, nos quiere salvar, no aislada e individualmente,
sino en comunidad. Por eso en el Antiguo Testamento eligió
al pueblo de Israel para que fuera de su propiedad. En Jesús
la elección se extiende a todos los hombres que estamos llamados
a formar parte del nuevo Pueblo de Dios.
La Alianza
es la muestra del amor de Dios por su pueblo, y el compromiso de
éste ante su Dios de pertenecerle como pueblo consagrado.
La Antigua Alianza fue pactada en el monte Sinaí por mediación
de Moisés. Los profetas al comprobar que el pueblo era infiel
a sus compromisos, anunciaron la Nueva Alianza. Esta se selló
con la sangre de Cristo. Nosotros vivimos bajo esta nueva y definitiva
Alianza.
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