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"La
Iglesia no es un ´él´. La Iglesia es una ´ella´. La Iglesia
es femenino. Es por eso que María es muy importante para
la comprensión católica del mundo. María es
la primera cristiana, el perfecto modelo para la Iglesia y el perfecto
modelo para cada uno de nosotros como discípulos. Todos estamos
llamados a ser como María. Y esto es difícil de aceptar
para algunos hombres, como para algunas mujeres es difícil
aceptar tener que llamar a Dios ´Él´.
¿Qué
hizo María? Ella le dijo "Sí" al Espíritu
Santo. Y en ese "Sí", el Espíritu Santo
la llenó de vida nueva. La Iglesia Temprana llamó
a María theotokos, qué en griego quiere decir
´portadora de Dios´. Como creatura, permitió al Creador que
actúe en ella y realice cosas maravillosas en ella. Al dar
a luz al Hijo de Dios, María da nueva vida al mundo entero.
Estamos llamados a seguir su ejemplo, cada uno en su propio camino.
Escuchar el Evangelio no es suficiente. Hablar de nuestra fe no
es suficiente. Tenemos que hacer algo al respecto. Cada uno de nosotros,
en sentido personal, necesita ser una especie de theotokos,
un portador de Dios. La semilla de fe debe cargar el fruto en una
vida de acción cristiana, una vida de testimonio personal
cristiano, o sino son sólo palabras – y hablar es barato.
Es
por eso que esta celebración de Pentecostés es tan
importante … Pentecostés no es sólo el nacimiento
de la Iglesia. Es también la fiesta del Espíritu Santo
quien dejó a los apóstoles ardiendo de fervor. . .
quien abrió las mentes en la multitud que primero los escuchó
predicar. . . y quien ha guiado y renovado la vida de la Iglesia
durante 2000 años. Sólo podemos celebrar el Gran Jubileo
porque el Espíritu Santo concibió a Jesús en
el seno de María. Sólo podemos celebrar el Gran Jubileo
porque el Espíritu Santo nunca ha cesado de sostener la misión
de la Iglesia.
Si
Dios quiere que seamos sus cooperadores en transformar el mundo,
es porque el mundo necesita conversión. El mundo es bueno
porque Dios lo creó. Pero el mundo es también pecador
porque nosotros libremente lo hemos echo así por nuestras
elecciones y acciones pecaminosas. Así como María
dijo ´Sí´ a Dios con humildad, el mundo moderno muy frecuentemente
le dice ´no´ a Él con soberbia. Y al decirle ´no´ a Dios
el mundo rechaza su verdadera identidad. En efecto, nosotros negamos
que somos creaturas. Queremos ser el Creador. Queremos ser el ´señor
y dador de vida´.
Como
cristianos en el mundo, tenemos una sagrada responsabilidad en el
mundo – estar en el mundo como agentes del Evangelio. Pensamos muy
poco en nosotros mismos cuando asumimos que fuimos hechos para nada
mejor que el ´arreglo presente´ de cosas. No debemos ser nunca esclavos
del arreglo presente. Dios nos puso aquí para ser agentes
de cambio. Woody Allen dijo alguna vez que ´80 por ciento de la
vida es sólo aparentar´. Es gracioso, pero está equivocado.
Eso es el 80 por ciento de la vida desperdiciada, porque hay muchísimos
necesitados en el mundo, que gritan por ser escuchados.
Gaudium
et Spes nos dice que sólo a través de Jesucristo
los hombres y mujeres pueden encontrar la vida eterna (10). Pero
¿dónde encontramos a Jesucristo? Lo encontramos en todos,
en el sufriente y el herido.
Cuando
vayas a casa esta noche, lee el Evangelio según San Juan,
capítulo 20, versículos 19-31. El Cristo Resucitado,
se aparece a sus discípulos asustados, y ellos lo reconocieron
al ver Sus cicatrices. El Cristo Resucitado tiene cicatrices. Entoces,
si tú quieres ver al Crsito Resucitado hoy día, empieza
viendo a las personas que tienen Sus heridas – los que no tienen
hogar, los pacientes de SIDA, los niños discapacitados mentales.
La Primera Carta de Pedro dice: ´Por sus heridas han sido curado´
(2, 24). Los sufrientes entre nosotros no son una especie de error
por el que hay que avergonzarnos. Ellos son una invitación
de Cristo a cada uno de nosotros para vivir realmente, para creer
realmente – para encontrarlo a Él sirviendo a los demás.
El
tema del encuentro hoy es ´Vayan y hagan discípulos de todas
las naciones´. Como mencioné anteriormente, ese es el último
mandamiento que Jesús nos dió antes de regresar a
Su Padre. Y es un gran mandamiento. ¿Cómo personas tan sencillas
como nosotros convierten el mundo? Ello nos lleva de vuelta a María
y a los apóstoles en Pentecostés. Ellos cambiaron
el mundo permitiendo a Dios cambiar y actuar a través de
ellos. No necesitamos estar asustados. Necesitamos tener confianza
en la promesa echa por el mismo Cristo: ´Y he aquí que yo
estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo´.
Al
final de cada día, necesitamos hacernos esta pregunta: he
pasado un día de mi vida haciendo lo que hice hoy. ¿Valió
la pena? Por Jesús tú y yo valimos la pena el Viernes
Santo. Entonces, ¿cómo responderemos la pregunta hoy?
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