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INTERVIEW TO EDITH GARCIA

Edith García, 32 años, nació en Lima, Perú y reside en una comunidad en Denver desde hace dos años. Ella es laica consagrada de la asociación religiosa "Fraternidad Mariana de la Reconciliación" (FMR), fundada en 1991 por Don Luis Fernando Figari, Superior General del Sodalicio de Vida Cristiana.

Hoy hay comunidades Fraternas en el Perú, Colombia, Estados Unidos e Italia. Las principales tareas a las que se dedica esta asociación religiosa son la evangelización de la juventud, de la cultura y la solidaridad con los pobres.

El pasado 24 de Enero del 2002, vísperas de la Conversión de San Pablo, Edith realizó sus promesas perpetuas en la FMR en el Perú y se comprometió a vivir la obediencia y el celibato por todos los días de su vida.

A continuación un testimonio de lo que significa para Edith vivir su vocación.

"Siempre tuve un deseo muy grande de ayudar a las personas. Sobretodo mientras más consciente me hacía del mundo en el que me había tocado vivir estaba cada vez más en crisis, en una crisis de valores. Siempre tuve la idea de hacer algo por cambiar esa situación, pero no sabía como. Hasta que conocí a un grupo de personas que tenían las mismas inquietudes, las mismas preguntas, y los mismos anhelos de querer cambiar el mundo en el que vivíamos por un mundo más justo y más reconciliado.

Ese horizonte, ese ideal me apasionaba. Así fue como me lancé a la fascinante aventura de descubrir el camino por el cual Dios quería que yo fuera feliz.

Yo sabía que estaba llamada a entregarle mi vida en la gran tarea de evangelizar el mundo, en la tarea de llevar la respuesta del Señor Jesús a cada corazón humano, pero me faltaba encontrar el cómo. Asi fue que con la ayuda de muchas personas y con mucha oración descubrí que lo que el Señor me pedía era hacerme plenamente disponible para cumplir su Plan. Que entregara toda mi vida al servicio de Él y de las demás personas.

Decidí abrir mi corazón, no resistirme, ser generosa, y escuchar la fuerte voz de Dios en mi corazón que me decía: "Deja todo, ven y sígueme". Y fue la cita bíblica que dice "El que busque su vida la pedrera pero el que la pierda por mi ese la encontrara" la que me impulsó a responder con generosidad a su llamado.

Cuando yo empezaba a tener todas estas preguntas en mi vida sobre: quién soy, para qué estoy aquí, qué es lo más importante en mi vida, encontré personas que no sólo se hacían esas preguntas sino que habían encontrado respuestas verdaderas a esas preguntas, las veía y yo quería vivir lo mismo, quería dar mi vida entera a ese inmenso y fascinante ideal de ser santos, de compartir ese inmenso e invalorable tesoro que yo había descubierto en el Señor Jesús. Fue así como comencé a a descubrir en la Fraternidad Mariana de la Reconciliacion (FMR) el camino concreto por el cual el Señor quería que yo consagrara mi vida. Conforme iba conociendo más el carisma de la FMR, iba encontrándome yo misma y veía un ámbito de despliegue de todos mis anhelos.

El trabajo con los jóvenes, que como yo buscabamos respuestas a muchas inquietudes y preguntas con un anhelo muy fuerte de cambiar el mundo, siendo capaces de dar la vida por un ideal noble que valga la pena ser vivido. El trabajo con los pobres, con aquellos necesitados no solo de la ayuda material, sino del apoyo espiritual y humano para tener una vida mas digna y humana. El ayudar a las personas que sufren a asumir ese sufrimiento desde el Señor Jesús en la cruz.

Y por último, pero no menos importante, la evangelización de la cultura, tarea fascinante de la Iglesia, donde se trata de llevar a todo ámbito humano la persona del Señor Jesús, hacer que la cultura sea cada vez más católica, sea cada vez más humana y así sea un ámbito en el cual el hombre se despliegue y se realice. Esos tres acentos, carisma central de la FMR, encontraron un fuerte eco en mi corazón, una urgencia que yo veía en mi vida, en el mundo.

Bueno, para terminar, quisiera decirle a los jóvenes "NO TENGAIS MIEDO", y esto no es algo mío, sino que el Señor se lo dijo a sus discípulos en muchas oportunidades, y el Santo Padre nos lo repite.

No tengamos miedo de escuchar la voz de Dios, no tengamos miedo de responder, no tengamos miedo a decir SI, no tengamos miedo a comprometernos.

Él sabe mas que nadie, incluso mas que nosotros mismos, quienes somos realmente, sabe cual es nuestra felicidad. Él sabe para que has sido creado, para que estas aquí. No crees que es hora de escucharlo, de confiar, de arriesgar, de amar. ¿Qué puedes perder? Más bien vas a ganar mucho. Recen mucho, y pidanle al Señor para que sean fieles en el camino que emprendan, para que puedan escuchar su voz y responder con generosidad.

Y algo más, recen a Nuestra Madre Santa María. Ella, como Madre nuestra que es, tiene un papel fundamental en nuestra vocación, Ella quien fue la que supo escuchar. Ella, que confió en el Señor, que les enseñe como confiar y como ser fieles como Ella lo fue.

* Si deseas saber más sobre la Fraternidad Mariana de la Reconciliación puedes comunicarte al teléfono 303 – 420 – 0933.


Publicación en español de la
Arquidiócesis de Denver

E-mail: elpueblo@archden.org
Editora:
Rosanna Goñi
Director General: Gregorio Kail