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Durante la tercera semana
de Enero de este año la academia national Americana de Ciencias
realizó un pronunciamiento en soporte de la idea de prohibir
la clonación de seres humanos, sin embargo el mismo panel
sugirió el uso de la clonación "terapeútica"
para la multiplicación de embriones humanos en el laboratorio
con la intención de extraerles células estaminales
para estudios médicos.
Como sabemos, el embrión
se forma luego de la fecundación entre el óvulo (célula
materna) y el espermatozoide (célula paterna), luego de siete
días se implanta en el útero de la madre y se desarrolla
hasta su nacimiento. Científicos inmorales vienen experimentando
con los embriones recién formados para clonarlos y extraerles
las células estaminales (células madre capaces de
reparar y generar nuevos tejidos) para experimentos en búsqueda
de tratamientos médicos. Estos procedimientos originan la
muerte inmediata del embrión.
El presidente Bush prohibió
en Agosto pasado que se usen fondos federales para realizar estos
procedimientos y formar "granjas de embriones humanos",
sin embargo este tipo de legislaciones no detiene a los grupos de
interés privado.
No es sorpresa ya para
nosotros esta triste realidad ya que desde hace mucho tiempo numerosos
científicos y "pseudo-científicos" han influido
en que el Instituto Nacional de Salud (NIH) considere a los embriones
humanos como "tejido" y no personas. No importa que el
presidente Bush halla declarado la clonación humana "inmoral;"
y que en el congreso americano haya pasado una ley para prohibirla;
los propulsores de la cultura de muerte nunca descansan y ahora
están buscando confundir al público enfatizando el
errado concepto de que los embriones humanos no son personas y por
lo tanto no hay problema en clonarlos y destruirlos para obtener
células estaminales para la investigación médica
de "posibles" y "promisorios" nuevos tratamientos
médicos.
Por mucho tiempo la iglesia
católica así como la medicina, ha promulgado que la
vida empieza desde el momento de la concepción (unión
del óvulo y espermatozoide) por ello el embrión humano
formado, tiene todos los derechos ya que es un nuevo individuo que
sólo espera crecer y desarrollarse. Es erróneo pensar
que este embrión "es un ser humano en potencia"
o "será un ser humano en el futuro". Éstas
son las excusas de algunos científicos para poder experimentar
y destruir el embrión humano sin remordimientos.
La Instrucción
Donum vitae promulgada en 1987 reflexiona específicamente
sobre la protección del embrión humano, ya que, como
hemos afirmado anteriormente, es una persona con una dignidad única,
universal e irrenunciable, y sujeto de todos los derechos existentes:
«La investigación médica debe renunciar a intervenir
sobre embriones vivos, a no ser que exista la certeza moral de que
no se causará daño alguno a su vida y a su integridad
ni a la de la madre, y sólo en el caso de que los padres
hayan otorgado su consentimiento, libre e informado, a la intervención
sobre el embrión.
Se desprende de esto
que toda investigación, aunque se limite a la simple observación
del embrión, será ilícita cuando, a causa de
los métodos empleados o de los efectos inducidos, implicase
un riesgo para la integridad física o la vida del embrión».
Recientemente, la Pontificia
Academia para la Vida, representada por su Presidente, Dr. Juan
de Dios Vial Correa, y su Vicepresidente, Mons. Elio Sgreccia, publicó
en agosto de 2000 la Declaración sobre la producción
y uso científico y terapéutico de las células
estaminales embrionarias humanas, en la cual condena concretamente
la clonación y subraya la inmoralidad de la experimentación
en embriones humanos y su destruccion para la obtención de
celulas estaminales.
Juan Pablo II se ha pronunciado
muchas veces en favor de la defensa de los embriones humanos, recientemente
durante la visita que el presidente George Bush le hiciera en Italia
en Julio del 2001, el Papa le dijo: "una sociedad libre y virtuosa,
como los Estados Unidos espera ser, debe descartar las prácticas
que devaluan y violan la vida humana en cualquier estado: desde
la concepción hasta su muerte natural" y agregó:
"América le puede mostrar al mundo el camino de verdadera
humanidad, donde el hombre permanence como creador y no esclavo
de su tecnología". También el Santo Padre en
la encíclica Evangelium vitae reflexiona acerca del
valor incomparable de la persona humana desde su concepción:
«La vida humana es sagrada e inviolable en cada momento de su existencia,
también en el inicial que precede al nacimiento. El hombre,
desde el seno materno, pertenece a Dios que lo escruta y conoce
todo, que lo forma y lo plasma con sus manos, que lo ve mientras
es todavía un pequeño embrión informe y que
en él entrevé el adulto de mañana, cuyos días
están contados y cuya vocación esta escrita en el
"libro de la vida"».
*El
Dr. Luis E. Raez es Profesor Asistente de Medicina Clínica en la
División de Hematología Clínica y Oncología Médica, Departamento
de Medicina del Sylvester Comprehensive Cancer Center en la Escuela
de Medicina de la Universidad de Miami.
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