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CUARESMA: NO DEJE PASAR LA OPORTUNIDAD

Por Mar Muñoz-Visoso

Cuando la economía flaquea, comercios y gobierno al unísono buscan crear incentivos para

revitalizarla. Y así nos hablan de bajos intereses que no se pueden dejar escapar, de oportunidades especiales de financiación, etc. Todos los días recibo un bombardeo de cartas que me ofrecen fantásticas condiciones para refinanciar mi casa.

Meditando sobre el significado de la Cuaresma en la que apenas nos adentramos, se me ocurrió que la Iglesia nos ofrece también una oportunidad excepcional de reconciliación con Dios y con los hermanos que no podemos, no debemos, dejar escapar. Entramos en un periodo importantísimo en la vida de la Iglesia. Pero, como todo, se convierte en puro ritualismo si no se vive el significado profundo de este tiempo tanto en su dimensión personal como comunitaria.

Para descubrir este siginificado debemos volver primero que todo a los orígenes, a las raíces. Según algunos autores, ya desde finales del siglo II exite en la Iglesia un periodo de preparación para la Pascua, o al menos discusiones sobre un tiempo de ayuno en preparación para esta fiesta. Pero a partir del siglo IV ya se encuentran escritos en Oriente que hablan específicamente de un tiempo prepascual destinado a una preparación espiritual al gran misterio Pascual.

De estos escritos se deducen tres directrices espirituales en tiempo de cuaresma: primero, una preparación para la fiesta de la Pascua, que con el tiempo fue adquiriendo, cada vez más un sentido penitencial; segundo, era una preparación al bautismo, en la que los adultos que querían ser admitidos en la Iglesia se preparaban mediante ayunos y oraciones para el día en que por el bautismo renunciarían voluntaria y conscientemente a Satanás, al pecado y al mundo; finalmente, este tiempo también servía como penitencia para los pecadores públicos, quienes eran excluídos de la Eucaristía y mediante oraciones instrucciones y ayunos, se preparaban para la reconciliación que recibían el jueves santo. Era a ellos a quienes se les recordaba, con la imposición de la ceniza, al comienzo de la cuaresma, que el fruto del pecado es la muerte y que sólo Cristo nos puede salvar. En el año 1001, en el Sínodo de Benevento, el Papa Urbano II, extiende la costumbre de la imposición de la ceniza a todos los fieles de la Iglesia, incluídos los clérigos. Desde entonces Cuaresma comienza para todos con este gesto austero que nos invita a la conversión.

Conversión, esta es la palabra clave del tiempo cuaresmal. Conversion espiritual y conversión moral. Conversión personal y conversión comunitaria. Profundicemos un poco más en el significado de la conversión. García Ibarra en su libro APara vivir la liturgia@ habla de la metanoia, Aconversión propia del tiempo de cuaresma como una forma de asociarse y vivir en plenitud la obra de la redención que reconcilia a los hombres entre sí y con Dios@.

El mensaje fundamental de las liturgias de cuaresma es que la existencia cristiana es una vida de relación interpersonal entre Dios y el hombre, que se desarrolla en el contexto de la alianza consagrada por Cristo. Esta alianza supone la superación constante del pecado, y por eso, continua el mismo autor Ala conversión como actitud personal y comunitaria hacia Dios y a los hermanos es la auténtica vocación del cristiano@ El itinerario penitencial de cuaresma, pues, conduce a una transformación radical del hombre. Convertirse significa reconocer sobre todo el reinado de Dios. Y para ello hace falta un encuentro personal con El. Enfrentados al misterio de la persona de Cristo y el reinado que el anuncia, no cabe la indiferencia. Es necesario decidirse y sólo dos opciones son posibles: la aceptación incondicional y entusiasta para el que camina en la fe, o el rechazo radical por el que se deje guiar por la lógica mundana.

Pero esa transformación del corazón y del espíritu no puede ser fruto del simple esfuerzo humano, sino la consecuencia de una intervención creadora del Espíritu divino. La conversión es, pues, un don de Dios. Don que exige una respuesta generosa y pronta del hombre, un esfuerzo por liberarse de la mentalidad del mundo para actuar según el espíritu del evangelio.

Y todo esto exige un largo y trabajoso esfuerzo de purificación interior. Por eso los temas más recurrentes de la liturgia, que nos ayudan a recorrer ese itinerario a través del cual somos conducidos de la muerte a la vida, son: ayuno, mortificación, abstinencia, moderación de los deseos desordenados, oración,obras de caridad. Un recorrido que supone la superación del egoísmo y la búsqueda de la justicia.

La conversión tiene una dimensión también comunitaria. Con su muerte y resurrección, Cristo no sólo restablece la relación del hombre con el Padre, sino que reconcilia a los hombres entre sí. La comunidad cristiana es a la vez signo e instrumento de la reconciliación del pecador con Dios. Convertirse es decidirse en favor de la comunidad en cuanto que en ella se nos da la salvación, mediante la escucha de la Palabra y la acción sacramental. Pero la condición fundamantal es la del perdón de los hermanos. Citando de nuevo a García Ibarra ALa reconciliación con el Padre pasa a través de la reconciliación de nuestro prójimo, porque este es el verdadero sacrificio grato a Dios.@

Por otro lado la conversión cristiana está siempre centrada en Cristo. Él es el punto de referencia de la reconciliación con Dios. Jesús Castellano, en su compendio AEl Año Litúrgico@ nos dice que la Cuaresma celebra el misterio de Cristo en la vida de la Iglesia. Por tanto, en una prespectiva cristológica y cristocéntrica, la Cuaresma nos presenta a Cristo como el protagonista, el modelo y el maestro.

Jesús es el protagonista de los evangelios dominicales de Cuaresma. El se retira al desierto a orar, se transfigura en la montaña, encuentra a la samaritana y la salva, le presentan al ciego de nacimiento y lo cura, llora la muerte de su amigo Lázaro y lo resucita. Es el dueño de la historia y avanza hacia el sacrificio de la Pascua sembrando la salvación.

Jesús es el modelo. El tiempo de Cuaresma y su duración simbólica de cuarenta días tienen su modelo en Cristo, que se retira al desierto para orar y ayunar, que combate y vence al diablo con la palabra de Dios. Es emblemático que el evangelio del primer domingo de Cuaresma en los tres ciclos ponga de relieve esta ejemplaridad.

Y Jesús es el maestro. En la distribución de todas las lecturas de Cuaresma durante la semana, la Iglesia busca orientar a toda la comunidad a la escucha de Cristo como maestro en los temas fundamentales de la vida cristiana, especialmente en las exigencias del seguimiento y del discipulado.

La Cuaresma invita a todos los cristianos a revivir con intensidad su dimensión de bautizados, a recorrer un camino de fe más consciente, mediante una escucha más asidua de la palabra y una oración más intensa.

El evangelio del miércoles de ceniza ACuando hagáis limosna ... Cuando oréis... Cuando ayunéis...@ (Mt 6, 2.5.16) pone de relieve las tres prácticas que los Padres de la Iglesia han ensalzado a lo largo de los siglos como expresión característica de la conversión cristiana. En palabras de san Pedro Crisólogo: ATres son hermanos , los resortes que hacen que la fe se mantenga firme, la devoción sea constante y la virtud permanente. Estos tres son la oración el ayuno y la misericordia. Porque la oración llama, el ayuno intercede y la misericodia recibe.@ Así pues , la oración nos devuelve la comunión con Dios; la limosna y la caridad nos reconcilian con los hermanos; y el ayuno, en cuanto dominio de sí lucha contra las pasiones y, por la adquisición de una libertad espiritual, nos reconcilia con nosotros mismos.

En definitiva, afirma Castellano, Aconvertirse es dejarse mirar y salvar por Cristo@.

Las condiciones del contrato cuaresmal no son fáciles. Pero la ganancia de entrar en él es mayor que cualquier tesoro, mansión, o carro lujoso. Es vivir en la libertad del que se sabe amado por Dios, del que se siente libre de las ataduras de este mundo, es el Cielo.

Siguiendo la frase de moda actual, no deje pasar esta Acreible@ oportunidad.

Nota del autor: las ideas e información para este artículo han sido sacadas principalmente de dos fuentes: El Año Litúrgico, de Jesús Castellano y Para Vivir la Liturgia de José de Jesús García Ibarra.


Publicación en español de la
Arquidiócesis de Denver

E-mail: elpueblo@archden.org
Editora:
Rosanna Goñi
Director General: Gregorio Kail