Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver • Enero 2004

El párroco, llamado a ser un hombre de Dios... y sus fieles, un apoyo a su misión

San Juan Maria Vianney, modelo de santidad para todo párroco

Por Susana Nieto

Cuántas veces nos hemos puesto a pensar en nuestro párroco... Si ese buen hombre que se dedica a servir a la gente, a nosotros, el que celebra la misa, los sacramentos, o nos acompaña en momentos difíciles como cuando perdemos a un ser querido, o comparte nuestras alegrías en nuestra boda o un aniversario de nacimiento, es una persona como tú y como yo. Muchas veces pensamos sólo en él como una buena persona que se dedica a quizá administrar su parroquia, a rezar y le gusta ayudar.

Cuando yo era niña recuerdo que al ver al padre de mi parroquia le preguntaba a mi madre “¿por qué ese señor se viste todo de negro?”. Y ella me respondía que porque era sacerdote y como me sonaba tan extraña esa palabra me quedaba tranquila con la respuesta. Con el pasar de los años recuerdo que fui entendiendo mejor quien era aquel “señor vestido de negro”. Recuerdo que cuando hice mi primera confesión y comunión con gran conciencia decía “Ah en momentos como mi confesión o la Eucaristía, el padre representa a Jesús en la tierra”. Sin embargo, cuando fui creciendo fui perdiendo esa sensibilidad que todo niño tiene y comencé a olvidarme de lo más importante, de lo esencial... de aquello que es muy sencillo para los niños y muchas incomprensible para los adultos.

Hoy quiero pensar contigo acerca de quien es y qué significa nuestro párroco. Además quiero invitarte a que uses tu madurez de adulto pero que invites también a ese corazón de niño que todos tenemos dentro.

Antes de empezar mi reflexión quiero compartir contigo lo que encontré al preguntarle a algunas personas ¿quién es el párroco ó el padre de su parroquia para ti?

Joseph Sandoval (50) respondió, “ser párroco es una misión difícil, quien lo es, tiene que tener vocación, un llamado especial y recibir mucha gracia para llevar su misión a cabo. Implica administrar la parroquia, ver por su buena marcha en cuanto a su funcionamiento, economía, etc. Pero sobre todo tiene la misión de velar por sus parroquianos, por guiarlos espiritualmente, ser un ejemplo de vida cristiana y animarlos siempre con un ímpetu apostólico cada vez mayor que enardezca los corazones de todos y cada una de las personas que Dios le ha dado a su cargo. Tiene que tener lazos con los miembros de su parroquia, conocerlos y al mismo tiempo conocer el Santo Patrono de la parroquia ser su amigo porque ellos tienen la misión de interceder por la parroquia y su párroco”.

Norma Redondo (24), señaló que “u n párroco para mí es un servidor de Dios. Es alguien que se entrega al servicio de los demás y se olvida hasta cierto punto de él. Es un fiel servidor de Dios que anuncia su palabra y da testimonio de lo que predica, como también siente en su corazón y cree en todo lo que predica. Creo que es una persona a la que se le debe respeto y mucha admiración, es una persona muy especial porque ha sido elegida por Dios para que lo represente en la tierra”.

La vocación de servicio es lo que marca más profundamente la vida del sacerdote. Ese deseo de servir y de ayudar a los demás como el mismo Señor Jesús lo hizo. Esa es la razón que los mueve a consagrar su vida, sabiendo que ganará cientos o miles de hijos espirituales y por ello lo llamarán “padre”, Porque es el padre de todos sus fieles, es encargado de cuidar de cada uno de nosotros, cuida de nuestra salud espiritual y nos ayuda en todo lo que necesitamos.

Un ejemplo para todo sacerdote es San Juan Maria Vianney, el querido “Cura de Ars”, santo patrono de todos los párrocos. Su vida como sacerdote fue ejemplar. A pesar que los miembros de su parroquia eran un poco reacios a la fe, pues muchos llevaban una vida libertina, él supo enseñarles a amar a Jesús por medio de su testimonio diario de vida cristiana. Cuentan que él rezaba públicamente la Liturgia de las Horas (oraciones que los sacerdotes realizan durante el día) así como su oración ante el Santísimo Sacramento, y cuentan que quienes lo veían rezar a veces lo vieron rezar elevándose sobre el altar. Pasaba aproximadamente 16 horas en el confesionario confesando entre 300 y 400 personas diariamente, el podía saber si alguno de los fieles ocultaba algún pecado por miedo o vergüenza ayudando a muchos a hacer una buena confesión.

Se le deben muchas conversiones al Cura de Ars, empezando por los miembros de su parroquia, quienes fueron poco a poco cambiando, pero también hasta hoy en día, muchas personas en el mundo se convierten, al conocer de distintas maneras su testimonio de vida.

Como te decía al inicio, el sacerdote es un ser humano como tú y como yo, que recibe mucha gracia por la vocación que tiene para poder cumplir el plan que Dios tiene pensado para él. Por ello, es necesario que recemos por los sacerdotes para que sean siempre fieles a su vocación y puedan siempre ser para nosotros “representantes de Jesús en la tierra”.

Nuestros sacerdotes son padres espirituales... son, de cierta manera, nuestros Jesucristos dejados por Dios en su lugar para que lo que Él hubiera hecho, si hubiera vivido en la tierra, lo haga durante su ausencia en su nombre, el sacerdote. (Padre Hurtado, Chile).

Acompañemos y apoyemos la hermosa misión que le ha sido encomendada a nuestros sacerdotes. Seamos una comunidad que trabaje unida y siempre ayude al pastor a contar con un buen rebaño...

 
 
 

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