Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver • Agosto 2003

"Tú eres sacerdote para siempre…" (Hb 7, 17)

Con alegría y gratitud Monseñor José H. Gomez celebra este 15 de agosto sus 25 años de sacerdocio

Dar Gloria a Dios con nuestra vida significa acoger en el corazón el Plan que Dios tiene para cada uno de nosotros y responderle como la Virgen María con un Hágase constante y generoso por todos los días de nuestra vida. Así pues, con gratitud a Dios, este 15 de agosto, Monseñor José H. Gomez cumple 25 años de sacerdote, 25 años de fidelidad al Plan de Dios, toda una vida de servicio alegre y genersoso.

Elevamos al Señor nuestras oraciones para que bendiga abundantemente a Monseñor José y para que le conceda la gracia de ser siempre fiel a su ministerio sacerdotal.

Con motivo de este día tan especial, El Pueblo Católico visitó a Monseñor José para dialogar con él sobre su vocación y lo que significan estos 25 años.


El Pueblo: Monseñor, ¿cómo descubre Ud. su vocación?
Monseñor: Cuando era chico, tenía 12 ó13 años, pensé que tal vez Dios me pediría que fuera sacerdote. Estudié en las escuelas católicas de los hermanos Maristas y como siempre nos ofrecían retiros vocacionales, uno tenía la posibilidad de pensar en el sacerdocio como una vocación. En realidad, no me decidí hasta después, pero sucedieron algunas cosas, como el fallecimiento de un primo, que me hicieron pensar mucho en la posibilidad de la vocación al sacerdocio. Más adelante, al terminar la secundaria, pensé en unirme al seminario pero mis padres me pidieron que terminara la universidad antes de tomar una decisión como esa. Frente a esto pensé, "si en algún momento voy a seguir la vocación al sacerdocio, tengo que darle importancia a mi vida espiritual". Entonces empecé a ir a misa diaria, a tratar de practicar mi fe; me planteé ser un buen católico. Esto me ayudó mucho a fortalecer mi vida espiritual, de manera que el llamado de Dios que estaba ahí, no se perdió. Después entre en contacto con el Opus Dei. A través de éste, de la dirección espiritual y de los medios de formación que me puse, crecí en mi vida espiritual, pero no tomé la decisión de hacerme sacerdote hasta que estaba estudiando Teología. Creo que desde chico tuve una cierta inclinación a ver la vocación sacerdotal como una posibilidad en mi vida.

El Pueblo: ¿Le fue difícil escuchar el llamado de Dios y responder?
Monseñor: La verdad es que nunca tuve una certeza de qué era lo que Dios quería de mí, de que Él me pedía que fuera sacerdote. Por eso era difícil pensar en serlo, y me resistí un poco a lo que después pude ver que era la voluntad de Dios. Además, como en mi familia yo soy el único hombre, y en nuestra cultura existe la tradición familiar de seguir adelante con el nombre de la familia, entonces tomar la decisión de irme al seminario me daba un poco de miedo. Fue difícil.

El Pueblo: ¿Qué dijeron sus padres ante esto?
Monseñor: La primera vez que se lo dije a mi papá se opuso radicalmente y me dijo: "lo único que te voy a dejar es tu educación y quiero que termines tus estudios universitarios antes de tomar la decisión definitiva". La reacción de mi mamá fue diferente, ella estaba contenta de que me interesara el sacerdocio, pero estaba indecisa, porque si por un lado mi papá se oponía claramente, por el otro, ella veía que lo que yo pedía era una cosa buena. En realidad, la oposición de mi papá era porque quería lo mejor para mí, pues en esa época en México, los sacerdotes no tenían una carrera profesional; terminaban la secundaria y directamente se iban al seminario a estudiar Teología. Mi papá quería que estudiara una carrera para que me desarrollara profesionalmente en caso de que no pudiera con lo que Dios me pedía. Por este motivo había un poco de conflicto, ya que mi papá decía que no y mi mamá decía que sí.

El Pueblo: Actualmente, ¿cómo suele ser la reacción de los padres frente a la vocación de los hijos, especialmente de los hijos varones?
Monseñor: Desafortunadamente los padres, en la cultura hispana, no ven el sacerdocio como una bendición de Dios. Pienso que la idea que tienen es que es una vocación muy difícil y que implica mucho sacrificio. Pero la realidad es que cualquier vocación implica sacrificio, como por ejemplo la vocación al matrimonio, cuando se vive el matrimonio como debe ser.

La experiencia que he tenido en el lado pastoral es que cuando se les explica a los papás lo que significa una vocación sacerdotal, experimentan una gran alegría, porque se dan cuenta que es una bendición muy grande. Muchas veces la primera reacción es negativa porque piensan que el muchacho no va a tener una familia, que no va a tener suficientes medios económicos para sostenerse, etc. Pero cuando entienden que en realidad sí tienen una familia, que es Dios y la Iglesia, y que todas sus necesidades van a estar cubiertas, entonces se dan cuenta de que es algo que vale la pena. Y una vez que aceptan la vocación de sus hijos son las personas que más los apoyan.

El Pueblo: En muchos países desarrollados e incluso muchas ciudades grandes de países en desarrollo, el ritmo de vida presiona a los jóvenes hacia el éxito en sentido material. ¿Cómo impacta esto en el discernimiento vocacional de un joven?
Monseñor: Eso es una cosa seria porque por un lado toda la formación que se da a los jóvenes se basa en el punto de vista económico: ¿qué vas a hacer con tu vida?, ¿cómo te vas a mantener?, etc., y por otro, todo el materialismo que nos envuelve también hace muy difícil para los jóvenes tomar la decisión de dejarlo todo y dedicarse a Dios, nuestro Señor. Este es uno de los retos más grandes que tenemos. Hay que ayudar a los jóvenes a que no centren su vida en lo material, sino que se den cuenta de la importancia de lo espiritual y de cómo esto les va a ayudar a disfrutar de las cosas materiales de una manera ordenada. En el fondo, lo material nunca da la felicidad; lo que da la felicidad es el desarrollo espiritual, tanto en el matrimonio como en el sacerdocio, o en cualquier vocación. Tener más o menos no nos hace felices. Lo que nos hace felices es crecer en nuestra vida espiritual, en el amor a Dios, y en el amor a los demás. Pero sí, es un reto muy grande. La sociedad está totalmente materializada, y para los muchachos dejar de la noche a la mañana todas las comodidades materiales es difícil. En mi experiencia, cuando finalmente toman esa decisión, es como si se quitaran un gran peso de encima y entonces pueden empezar a volar espiritualmente, a crecer en su vida interior y en su persona misma.

El Pueblo: ¿Cuánto influye la familia en la promoción de una vocación, Monseñor? ¿Podría explicar la importancia de la familia?
Monseñor: Es importantísima. Por ejemplo, en mi caso personal, siempre me acuerdo de mi abuelito, cuando se quedaba a dormir en mi casa. Todas las noches sacaba su libro de oraciones, un libro negro de páginas grandes, y rezaba un buen rato. Yo tenía entonces 12 ó 13 años. Me impresionó mucho verlo y se me quedó grabado que la vida espiritual era importante. Luego, en mi familia, tenía una vida cristiana normal, íbamos a misa todos los domingos y mi mamá participaba de la Acción Católica y de las cosas de la parroquia. Ver este ejemplo también ha sido muy importante en mi vocación. Creo que la familia es el elemento más importante de la vocación, pues el simple comentario de la bendición que es tener una vocación sacerdotal o el evitar comentarios negativos, son cosas que determinan muchas veces la capacidad del muchacho de responder a su vocación. Por eso la familia es esencial. Creo que toda familia cristiana debería tener esa disposición de aceptar y promover las vocaciones sacerdotales como lo que son: una gracia de Dios muy importante, una bendición para quien la recibe y para toda su familia.

El Pueblo: ¿Y cuánto impacto tiene la cultura? ¿Por qué países que antes eran verdaderos semilleros vocacionales como España, Francia e Irlanda pasan por una verdadera "sequía" vocacional?
Monseñor: Pienso que la cultura es un reflejo de lo que la sociedad está viviendo y desgraciadamente el materialismo y la abundancia de cosas materiales nos hacen poner a Dios en un segundo plano. Por eso pienso que la sociedad occidental ha vivido una gran crisis de vocaciones sacerdotales en los últimos 30 ó 40 años. Sin embargo, las raíces de la cultura siempre están ahí, como es el caso de la cultura hispana y la cultura cristiana de occidente; sigue habiendo fe, y con que se cultive un poquito más, estoy seguro de que van a venir muchas vocaciones al sacerdocio. De hecho, en muchos de los países americanos hay una buena cantidad de vocaciones sacerdotales, y en los Estados Unidos también se ha visto un aumento en el número de seminaristas en los últimos años. La cultura es entonces un elemento importante y en nuestro caso, en los Estados Unidos, si cuidamos la cultura latina, la cultura hispana, será más fácil que de las raíces de esa cultura salgan muchas vocaciones para el sacerdocio.

El Pueblo: Monseñor, después de 25 años de sacerdote, entregado totalmente a Dios y a los demás y al servicio de la Iglesia, ¿qué piensa de la vocación al sacerdocio?
Monseñor: Pienso que es una gracia muy grande que Dios nuestro Señor me ha dado. He visto y sigo viendo la acción de Dios en mi vida personal y en mi servicio a los demás. Es motivo de humildad para mí ver que Dios actúa a través mío, sin que yo merezca ser el conductor de esas gracias. Dios siempre me ha ayudado muchísimo a superar la resistencia humana a su gracia. No tengo más que palabras de agradecimiento a Dios, nuestro Señor por haberse fijado en mí y por haberme dado la gracia tan grande de la vocación al sacerdocio. Es un sentimiento de profundo agradecimiento a Dios por darme cuenta de que me ha guiado a través de todos estos años en su servicio y en el servicio a los demás.

El Pueblo: ¿Qué cree que es lo más importante en la vida de un sacerdote?
Monseñor: Desde luego su relación con nuestro Señor Jesucristo, su trato con Dios y su vida espiritual. Eso es lo más esencial, porque en el fondo lo que estamos tratando de hacer es reflejar la vida de Cristo en nuestra propia vida, con nuestra personalidad, con nuestros defectos y nuestras virtudes. Si no estamos bien con nuestro Señor Jesucristo, nada tiene sentido. También está el descubrir cada día cosas nuevas en los misterios de Dios. Otra cosa importante es olvidarse de uno mismo para dar cabida a Dios, uno necesita renunciar a lo propio y dejar que nuestro Señor tome posesión de nuestra vida. Pero lo primero y más esencial es la relación con Dios, el trato personal con Él en la oración, en la misa, en la comunión y en la administración de los sacramentos. Una de las cuestiones curiosas y muy importantes es no acostumbrarse a lo espiritual porque estamos tocando la gracia de Dios y como seres humanos tenemos la tendencia a acostumbrarnos a todo. No podemos dejar que eso pase, porque celebrar la Santa Misa, por ejemplo, o dar la absolución en la confesión, son milagros extraordinarios, pues ¿quién soy yo para perdonar los pecados? Sin embargo, Dios nos está utilizando como instrumentos para transmitir esa gracia tan grande del perdón de los pecados.

El Pueblo: ¿Qué les diría a los sacerdotes hoy en día?
Monseñor: Que sepan dar gracias a Dios, nuestro Señor por su vocación, que llenos de agradecimiento y optimismo sepan que Dios es quien los ha elegido personalmente, que nunca se olviden que su vocación es una llamada personal de Dios, igual que la vocación de los apóstoles. Así como Jesús llamó a cada uno de sus apóstoles, también llama a cada uno de sus sacerdotes. La conciencia de la llamada de Dios nos tiene que ayudar a nunca perder el amor por la vocación. Y especialmente ahora que estamos viviendo tiempos difíciles, les diría que cuiden su vida espiritual, que dediquen tiempo a su alma, al propio desarrollo de su trato con Dios y que no se asusten, que no se sorprendan de tener defectos, miserias y pecados; todos somos humanos y lo impresionante es que a pesar de eso, Dios nos utiliza como sus instrumentos.

También pienso que el sacerdote tiene que ir por delante. Si nosotros predicamos a Dios y hablamos de Dios y los sacramentos, necesitamos practicar lo que predicamos, debemos buscar la dirección espiritual y el sacramento de la confesión, que son elementos fundamentales en nuestra vida sacerdotal. Creo que lo más importante es que el sacerdote sienta la alegría de su vocación y de su llamado, porque Jesús nos ha visto con una mirada de amor y por eso nos ha llamado, y es Él quien nos va a dar todas las gracias para ser fieles a nuestro sacerdocio.

El Pueblo: ¿Cómo promover hoy las vocaciones al sacerdocio?
Monseñor: Un elemento importante para mí en mi vocación y en la formación de vocaciones es el ejemplo de los sacerdotes. Siempre me acuerdo con agradecimiento el ejemplo de sacerdotes buenos que conocí cuando era chico. En la parroquia donde íbamos a misa había sacerdotes que eran ejemplares. O sea, un elemento esencial en la promoción de vocaciones al sacerdocio es que nosotros, los sacerdotes, seamos hombres de Dios y que manifestemos la alegría de nuestra vocación sacerdotal, para que así los jóvenes tengan interés en seguir la vocación sacerdotal. Por otro lado, pienso que también es importante enseñarles a los jóvenes a tener una vida espiritual para que puedan disponer su alma a lo que Dios les pida. La familia también, como decía antes, es un elemento esencial en la vocación sacerdotal: en la medida en que la familia fomente la vocación sacerdotal, van a haber más vocaciones al sacerdocio. Lo resumiría en tres cosas: seguir el ejemplo de los buenos sacerdotes, vida espiritual en los jóvenes y el apoyo de la familia en la vocación.

El Pueblo: ¿Qué es lo que está atrayendo a tantos jóvenes al Seminario de Denver?
Monseñor: Creo que lo que ellos ven es un lugar donde se le da importancia a la vida espiritual, a la identificación con Cristo, y donde los estudios Teológicos son serios. En el caso de la Arquidiócesis de Denver también ayuda mucho que el Señor Arzobispo esté tan cerca de sus seminaristas y los conozca tan bien. Como decía antes, la dirección espiritual que un sacerdote o un Obispo puedan dar a sus seminaristas es un elemento esencial en la vocación. El seminario se vuelve entonces en un lugar atractivo desde el punto de vista espiritual humano, y por eso creo que hay muchas vocaciones al sacerdocio. En el caso de los muchachos de origen latino, tenemos un deseo de ayudarles a que en su cultura puedan desarrollar su vocación de sacerdote.

El Pueblo: Monseñor, ¿quiere agregar algo más?
Monseñor: Sólo pedirles sus oraciones para que me acompañen en dar gracias a Dios nuestro Señor por los 25 años de mi ministerio sacerdotal. Para mí es una alegría muy grande celebrar estos 25 años en la Arquidiócesis de Denver, en donde he recibido tantas bendiciones de Dios y el cariño de todos, especialmente de la comunidad Hispana.



 
 

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