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Los misioneros
universitarios que vinieron desde Puebla (México) para trabajar
con las comunidades hispanas de Denver, retornaron a su país el
pasado 24 de julio llenos de alegría en sus rostros por el trabajo
realizado durante un mes y por la calurosa acogida que recibieron
en los lugares donde sirvieron.
Monseñor Chaput
se mostró muy agradecido con los jóvenes por la ayuda que dieron
a la comunidad hispana en la Arquidiócesis de Denver. Una manera
de mostrar su agradecimiento fue la invitación que les hizo a compartir
un desayuno con él en su casa. Luego de haber compartido el desayuno
con los jóvenes, Mons. Chaput les impartió una bendición para que
tengan un viaje de retorno seguro y agradeció también a los padres
que dejaron venir a sus hijos a Denver. Asimismo, les pidió que
regresen para seguir sirviendo a la comunidad hispana.
María Cristina
Espejel, 21 años, una de las jóvenes misioneras que estuvo en la
comunidad de Lafayette señaló que su experiencia de apostolado “fue
fantástica, hubo mucha respuesta de parte de la comunidad. Tuvimos
un curso de verano para niños y también trabajamos con jóvenes.
Y lo que más nos alegró es que salió la inquietud de formar un grupo
de jóvenes, que le llamarán pastoral juvenil”.
Por otro lado,
Carla Rivera, 22 años, quien acaba de terminar Ingeniería de Alimentos
en la Universidad Las Américas de Puebla, dijo que para ella la
experiencia de trabajo evangelizador había sido muy intensa y muy
edificante. “Aprendí mucho de la visita a los enfermos. De ellos
que ya no pueden hacer muchas cosas. Ya no se pueden mover de ahí.
Quieren, pero ya no lo pueden hacer. Entonces, yo valoré muchísimo
el poder caminar, ver, asistir a la Iglesia”, señaló Carla. Ella
estuvo sirviendo en la Parroquia Nuestra Señora d e la Paz en Greeley,
donde señaló que la comunidad hispana era muy amplia y se necesitaba
mucha ayuda para seguir evangelizando.
Francesco Gonzales,
22 años, estudia Sistemas computacionales en la Universidad Iberoamericana
de Puebla, y estuvo de misiones en Western Slope, en las montañas.
Sobretodo estuvieron haciendo un sondeo, conocieron el lugar –alguien
que sea hispano-, una vez ubicado los invitaban a las pláticas.
Franceso pudo observar que las mayores dificultades apostólicas
en esa zona es “como es una zona muy turística la gente entra y
sale y se queda muy poco tiempo, está trabajando. Entonces es difícil
armar un grupo estable, incluso algunos no sabían donde estaba la
Iglesia. Otra dificultad que observamos es que en esas zonas la
gente está muy preocupada por trabajar, y en realidad a eso vienen.
Tienen doble jornada de trabajo y sólo les interesa eso y se olvidan
de otros aspectos de su vida”.
Franceso mencionó
que los retos evangelizadores en esa zona de las montañas es muy
grande, porque hay mucha gente y hay necesidad de tener más servicios
sacramentales para los fieles. “Sólo tienen misa dos veces al mes.
Y la población hispana es muchísima, probablemente el 40% de la
población ahí es hispana”, señaló Francesco.
El joven misionero
comentó que ellos creen que para el próximo año es mejor dividir
el trabajo y poder servir a todos los hermanos hispanos que se encuentran
en esa zona.
A pesar de haber
estado un mes, totalmente ocupados y con un horario diferente al
de su vida cotidiana, los jóvenes no se mostraron cansados, por
lo contrario, el entusiasmo, alegría y fuerza que mostraron fue
contagiante. Finalmente, se tomaron fotografías con Mons. Chaput
y algunos le pidieron recibir la bendición individualemente.
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