"Conságrense
el uno al otro
"
Este mes
en la sección de Testimonios de ¨El Pueblo Católico¨,
tenemos a Alfonso y Elena Lara de la Parroquia de la Anunciación,
un matrimonio comprometido con el trabajo pastoral de su parroquia.
Dentro del
Plan de Dios
Reflexionando
sobre los beneficios y bendiciones que Dios nos ha dado, los dos
pensamos que el mayor de estos es que Dios nos haya dado la gran
oportunidad de coincidir en tiempo y espacio. Pasaron muchos años
antes de darnos cuenta de que en el maravilloso Plan de Dios estábamos
hechos el uno para el otro, y haciendo un poco de historia podemos
compartir con ustedes nuestra experiencia de vida comprometidos
el uno al otro.
Alfonso
Nos conocemos
desde que éramos adolescentes, yo la recuerdo, porque ella
pertenecía al mismo grupo juvenil que mis primas, aunque
ella diga que no se acuerda de mí. Luego de algún
tiempo en el seminario, maduré mi decisión y discerní
mi llamado a no consagrar mi vida en el sacerdocio y decidí
encontrar mi futuro por estas tierras a las que mi hermana y una
de mis primas habían emigrado.
Elena
Yo era amiga
de sus primas quienes decían que él era un seminarista
muy bailador, aunque solo bailara con ellas y en las fiestas familiares.
Transcurridos varios años, su prima (que por cierto es mi
mejor amiga) me invitó a que viniera a trabajar unos meses
por acá, y así poder ahorrar un poco de dinero para
vivir un encuentro en una comunidad ecuménica de Taize, Francia.
Ese era mi sueño.
El Plan
de Dios es nuestra felicidad
Cada uno de
nosotros pensábamos que tenía la vida planeada. Los
dos sabíamos de nuestra existencia anteriormente, pero nunca
consideramos el uno al otro como una posibilidad para futuro porque
no nos conocíamos realmente.
Dios fue desarrollando
su plan en cada uno de nosotros por separado, hasta que su providencia
decidió que nos encontráramos. Fue aquí en
Colorado donde tuvimos la dicha de coincidir, conocernos, e iniciar
una relación de noviazgo. Al pasar el tiempo fuimos descubriendo
los grandes valores, cualidades y capacidades que ambos tenemos;
también empezamos a ver nuestros defectos, debilidades y
limitaciones.
Diálogo
y Comunicación
El diálogo
y la comunicación entre nosotros siempre han sido importantes,
así como el diálogo y la comunicación con el
Señor que nos ha unido. Gracias a ello tenemos un apostolado
que compartimos y disfrutamos. Diferentes parroquias nos han ayudado
a compartir y crecer en la fe, pero los dos tenemos muy claro que
el apostolado más importante está en nuestra casa,
sirviendo y cuidando a aquel a quien nos hemos consagrado. Y repito
la palabra consagrado para aclarar que no solo los sacerdotes y
religiosos(as) consagran su vida a Dios. Los casados también
lo hacemos. El matrimonio es la institución sacramental en
que nos consagramos a Dios y a nuestra pareja, teniendo como carisma
principal el cuidado de la Iglesia doméstica que es la familia.
Así
como un pastor es responsable de su rebaño, así también
cada uno de nosotros es responsable de su vocación. No importa
el estado de vida al que hayamos sido llamados (la vida consagrada,
el matrimonio, el sacerdocio o la vida religiosa), cada uno de estos
tiene sus gozos, esperanzas, cansancios y limitaciones por sobrellevar
y nosotros somos responsables del que nos ha tocado.
Conságrense
el uno al otro
El título
de este artículo es clave para nuestro matrimonio, ya que
fue el mensaje y consejo de la homilía de un estimado sacerdote
durante la celebración de nuestro matrimonio. Discernir por
un estado de vida requiere de tiempo y apertura a la voluntad de
Dios para descubrir qué es lo que quiere de cada uno de nosotros.
Seguir la voluntad de Dios en nuestra vida es una consagración.
María
es el gran ejemplo del seguimiento de la voluntad de Dios y de lo
que la palabra consagración significa. Pidámosle a
ella que sea quien guíe nuestras decisiones hacia Jesús,
su Hijo y motivo de su consagración a la voluntad del Padre
en el Espíritu Santo.
Elena y
Alfonso Lara, Parroquia de la Anunciación.
|