Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver • Agosto 2003

"Conságrense el uno al otro…"

Este mes en la sección de Testimonios de ¨El Pueblo Católico¨, tenemos a Alfonso y Elena Lara de la Parroquia de la Anunciación, un matrimonio comprometido con el trabajo pastoral de su parroquia.

Dentro del Plan de Dios

Reflexionando sobre los beneficios y bendiciones que Dios nos ha dado, los dos pensamos que el mayor de estos es que Dios nos haya dado la gran oportunidad de coincidir en tiempo y espacio. Pasaron muchos años antes de darnos cuenta de que en el maravilloso Plan de Dios estábamos hechos el uno para el otro, y haciendo un poco de historia podemos compartir con ustedes nuestra experiencia de vida comprometidos el uno al otro.

Alfonso

Nos conocemos desde que éramos adolescentes, yo la recuerdo, porque ella pertenecía al mismo grupo juvenil que mis primas, aunque ella diga que no se acuerda de mí. Luego de algún tiempo en el seminario, maduré mi decisión y discerní mi llamado a no consagrar mi vida en el sacerdocio y decidí encontrar mi futuro por estas tierras a las que mi hermana y una de mis primas habían emigrado.

Elena

Yo era amiga de sus primas quienes decían que él era un seminarista muy bailador, aunque solo bailara con ellas y en las fiestas familiares. Transcurridos varios años, su prima (que por cierto es mi mejor amiga) me invitó a que viniera a trabajar unos meses por acá, y así poder ahorrar un poco de dinero para vivir un encuentro en una comunidad ecuménica de Taize, Francia. Ese era mi sueño.

El Plan de Dios es nuestra felicidad

Cada uno de nosotros pensábamos que tenía la vida planeada. Los dos sabíamos de nuestra existencia anteriormente, pero nunca consideramos el uno al otro como una posibilidad para futuro porque no nos conocíamos realmente.

Dios fue desarrollando su plan en cada uno de nosotros por separado, hasta que su providencia decidió que nos encontráramos. Fue aquí en Colorado donde tuvimos la dicha de coincidir, conocernos, e iniciar una relación de noviazgo. Al pasar el tiempo fuimos descubriendo los grandes valores, cualidades y capacidades que ambos tenemos; también empezamos a ver nuestros defectos, debilidades y limitaciones.

Diálogo y Comunicación

El diálogo y la comunicación entre nosotros siempre han sido importantes, así como el diálogo y la comunicación con el Señor que nos ha unido. Gracias a ello tenemos un apostolado que compartimos y disfrutamos. Diferentes parroquias nos han ayudado a compartir y crecer en la fe, pero los dos tenemos muy claro que el apostolado más importante está en nuestra casa, sirviendo y cuidando a aquel a quien nos hemos consagrado. Y repito la palabra consagrado para aclarar que no solo los sacerdotes y religiosos(as) consagran su vida a Dios. Los casados también lo hacemos. El matrimonio es la institución sacramental en que nos consagramos a Dios y a nuestra pareja, teniendo como carisma principal el cuidado de la Iglesia doméstica que es la familia.

Así como un pastor es responsable de su rebaño, así también cada uno de nosotros es responsable de su vocación. No importa el estado de vida al que hayamos sido llamados (la vida consagrada, el matrimonio, el sacerdocio o la vida religiosa), cada uno de estos tiene sus gozos, esperanzas, cansancios y limitaciones por sobrellevar y nosotros somos responsables del que nos ha tocado.

Conságrense el uno al otro…

El título de este artículo es clave para nuestro matrimonio, ya que fue el mensaje y consejo de la homilía de un estimado sacerdote durante la celebración de nuestro matrimonio. Discernir por un estado de vida requiere de tiempo y apertura a la voluntad de Dios para descubrir qué es lo que quiere de cada uno de nosotros. Seguir la voluntad de Dios en nuestra vida es una consagración.

María es el gran ejemplo del seguimiento de la voluntad de Dios y de lo que la palabra consagración significa. Pidámosle a ella que sea quien guíe nuestras decisiones hacia Jesús, su Hijo y motivo de su consagración a la voluntad del Padre en el Espíritu Santo.

Elena y Alfonso Lara, Parroquia de la Anunciación.


 
 

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