"Tú
eres sacerdote para siempre
" (Hb 7, 17)
Con alegría
y gratitud Monseñor José H. Gomez celebra este 15
de agosto sus 25 años de sacerdocio
Dar Gloria
a Dios con nuestra vida significa acoger en el corazón el
Plan que Dios tiene para cada uno de nosotros y responderle como
la Virgen María con un Hágase constante y generoso
por todos los días de nuestra vida. Así pues, con
gratitud a Dios, este 15 de agosto, Monseñor José
H. Gomez cumple 25 años de sacerdote, 25 años de fidelidad
al Plan de Dios, toda una vida de servicio alegre y genersoso.
Elevamos al
Señor nuestras oraciones para que bendiga abundantemente
a Monseñor José y para que le conceda la gracia de
ser siempre fiel a su ministerio sacerdotal.
Con motivo
de este día tan especial, El Pueblo Católico visitó
a Monseñor José para dialogar con él sobre
su vocación y lo que significan estos 25 años.
El Pueblo: Monseñor, ¿cómo descubre
Ud. su vocación?
Monseñor: Cuando era chico, tenía 12 ó13
años, pensé que tal vez Dios me pediría que
fuera sacerdote. Estudié en las escuelas católicas
de los hermanos Maristas y como siempre nos ofrecían retiros
vocacionales, uno tenía la posibilidad de pensar en el sacerdocio
como una vocación. En realidad, no me decidí hasta
después, pero sucedieron algunas cosas, como el fallecimiento
de un primo, que me hicieron pensar mucho en la posibilidad de la
vocación al sacerdocio. Más adelante, al terminar
la secundaria, pensé en unirme al seminario pero mis padres
me pidieron que terminara la universidad antes de tomar una decisión
como esa. Frente a esto pensé, "si en algún momento
voy a seguir la vocación al sacerdocio, tengo que darle importancia
a mi vida espiritual". Entonces empecé a ir a misa diaria,
a tratar de practicar mi fe; me planteé ser un buen católico.
Esto me ayudó mucho a fortalecer mi vida espiritual, de manera
que el llamado de Dios que estaba ahí, no se perdió.
Después entre en contacto con el Opus Dei. A través
de éste, de la dirección espiritual y de los medios
de formación que me puse, crecí en mi vida espiritual,
pero no tomé la decisión de hacerme sacerdote hasta
que estaba estudiando Teología. Creo que desde chico tuve
una cierta inclinación a ver la vocación sacerdotal
como una posibilidad en mi vida.
El Pueblo:
¿Le fue difícil escuchar el llamado de Dios y responder?
Monseñor: La verdad es que nunca tuve una certeza
de qué era lo que Dios quería de mí, de que
Él me pedía que fuera sacerdote. Por eso era difícil
pensar en serlo, y me resistí un poco a lo que después
pude ver que era la voluntad de Dios. Además, como en mi
familia yo soy el único hombre, y en nuestra cultura existe
la tradición familiar de seguir adelante con el nombre de
la familia, entonces tomar la decisión de irme al seminario
me daba un poco de miedo. Fue difícil.
El Pueblo:
¿Qué dijeron sus padres ante esto?
Monseñor: La primera vez que se lo dije a mi papá
se opuso radicalmente y me dijo: "lo único que te voy
a dejar es tu educación y quiero que termines tus estudios
universitarios antes de tomar la decisión definitiva".
La reacción de mi mamá fue diferente, ella estaba
contenta de que me interesara el sacerdocio, pero estaba indecisa,
porque si por un lado mi papá se oponía claramente,
por el otro, ella veía que lo que yo pedía era una
cosa buena. En realidad, la oposición de mi papá era
porque quería lo mejor para mí, pues en esa época
en México, los sacerdotes no tenían una carrera profesional;
terminaban la secundaria y directamente se iban al seminario a estudiar
Teología. Mi papá quería que estudiara una
carrera para que me desarrollara profesionalmente en caso de que
no pudiera con lo que Dios me pedía. Por este motivo había
un poco de conflicto, ya que mi papá decía que no
y mi mamá decía que sí.
El Pueblo:
Actualmente, ¿cómo suele ser la reacción de
los padres frente a la vocación de los hijos, especialmente
de los hijos varones?
Monseñor: Desafortunadamente los padres, en la cultura
hispana, no ven el sacerdocio como una bendición de Dios.
Pienso que la idea que tienen es que es una vocación muy
difícil y que implica mucho sacrificio. Pero la realidad
es que cualquier vocación implica sacrificio, como por ejemplo
la vocación al matrimonio, cuando se vive el matrimonio como
debe ser.
La experiencia
que he tenido en el lado pastoral es que cuando se les explica a
los papás lo que significa una vocación sacerdotal,
experimentan una gran alegría, porque se dan cuenta que es
una bendición muy grande. Muchas veces la primera reacción
es negativa porque piensan que el muchacho no va a tener una familia,
que no va a tener suficientes medios económicos para sostenerse,
etc. Pero cuando entienden que en realidad sí tienen una
familia, que es Dios y la Iglesia, y que todas sus necesidades van
a estar cubiertas, entonces se dan cuenta de que es algo que vale
la pena. Y una vez que aceptan la vocación de sus hijos son
las personas que más los apoyan.
El Pueblo:
En muchos países desarrollados e incluso muchas ciudades
grandes de países en desarrollo, el ritmo de vida presiona
a los jóvenes hacia el éxito en sentido material.
¿Cómo impacta esto en el discernimiento vocacional
de un joven?
Monseñor: Eso es una cosa seria porque por un lado
toda la formación que se da a los jóvenes se basa
en el punto de vista económico: ¿qué vas a
hacer con tu vida?, ¿cómo te vas a mantener?, etc.,
y por otro, todo el materialismo que nos envuelve también
hace muy difícil para los jóvenes tomar la decisión
de dejarlo todo y dedicarse a Dios, nuestro Señor. Este es
uno de los retos más grandes que tenemos. Hay que ayudar
a los jóvenes a que no centren su vida en lo material, sino
que se den cuenta de la importancia de lo espiritual y de cómo
esto les va a ayudar a disfrutar de las cosas materiales de una
manera ordenada. En el fondo, lo material nunca da la felicidad;
lo que da la felicidad es el desarrollo espiritual, tanto en el
matrimonio como en el sacerdocio, o en cualquier vocación.
Tener más o menos no nos hace felices. Lo que nos hace felices
es crecer en nuestra vida espiritual, en el amor a Dios, y en el
amor a los demás. Pero sí, es un reto muy grande.
La sociedad está totalmente materializada, y para los muchachos
dejar de la noche a la mañana todas las comodidades materiales
es difícil. En mi experiencia, cuando finalmente toman esa
decisión, es como si se quitaran un gran peso de encima y
entonces pueden empezar a volar espiritualmente, a crecer en su
vida interior y en su persona misma.
El Pueblo:
¿Cuánto influye la familia en la promoción
de una vocación, Monseñor? ¿Podría explicar
la importancia de la familia?
Monseñor: Es importantísima. Por ejemplo, en
mi caso personal, siempre me acuerdo de mi abuelito, cuando se quedaba
a dormir en mi casa. Todas las noches sacaba su libro de oraciones,
un libro negro de páginas grandes, y rezaba un buen rato.
Yo tenía entonces 12 ó 13 años. Me impresionó
mucho verlo y se me quedó grabado que la vida espiritual
era importante. Luego, en mi familia, tenía una vida cristiana
normal, íbamos a misa todos los domingos y mi mamá
participaba de la Acción Católica y de las cosas de
la parroquia. Ver este ejemplo también ha sido muy importante
en mi vocación. Creo que la familia es el elemento más
importante de la vocación, pues el simple comentario de la
bendición que es tener una vocación sacerdotal o el
evitar comentarios negativos, son cosas que determinan muchas veces
la capacidad del muchacho de responder a su vocación. Por
eso la familia es esencial. Creo que toda familia cristiana debería
tener esa disposición de aceptar y promover las vocaciones
sacerdotales como lo que son: una gracia de Dios muy importante,
una bendición para quien la recibe y para toda su familia.
El Pueblo:
¿Y cuánto impacto tiene la cultura? ¿Por
qué países que antes eran verdaderos semilleros vocacionales
como España, Francia e Irlanda pasan por una verdadera "sequía"
vocacional?
Monseñor: Pienso que la cultura es un reflejo de lo
que la sociedad está viviendo y desgraciadamente el materialismo
y la abundancia de cosas materiales nos hacen poner a Dios en un
segundo plano. Por eso pienso que la sociedad occidental ha vivido
una gran crisis de vocaciones sacerdotales en los últimos
30 ó 40 años. Sin embargo, las raíces de la
cultura siempre están ahí, como es el caso de la cultura
hispana y la cultura cristiana de occidente; sigue habiendo fe,
y con que se cultive un poquito más, estoy seguro de que
van a venir muchas vocaciones al sacerdocio. De hecho, en muchos
de los países americanos hay una buena cantidad de vocaciones
sacerdotales, y en los Estados Unidos también se ha visto
un aumento en el número de seminaristas en los últimos
años. La cultura es entonces un elemento importante y en
nuestro caso, en los Estados Unidos, si cuidamos la cultura latina,
la cultura hispana, será más fácil que de las
raíces de esa cultura salgan muchas vocaciones para el sacerdocio.
El Pueblo:
Monseñor, después de 25 años de sacerdote,
entregado totalmente a Dios y a los demás y al servicio de
la Iglesia, ¿qué piensa de la vocación al sacerdocio?
Monseñor: Pienso que es una gracia muy grande que
Dios nuestro Señor me ha dado. He visto y sigo viendo la
acción de Dios en mi vida personal y en mi servicio a los
demás. Es motivo de humildad para mí ver que Dios
actúa a través mío, sin que yo merezca ser
el conductor de esas gracias. Dios siempre me ha ayudado muchísimo
a superar la resistencia humana a su gracia. No tengo más
que palabras de agradecimiento a Dios, nuestro Señor por
haberse fijado en mí y por haberme dado la gracia tan grande
de la vocación al sacerdocio. Es un sentimiento de profundo
agradecimiento a Dios por darme cuenta de que me ha guiado a través
de todos estos años en su servicio y en el servicio a los
demás.
El Pueblo:
¿Qué cree que es lo más importante en la vida
de un sacerdote?
Monseñor: Desde luego su relación
con nuestro Señor Jesucristo, su trato con Dios y su vida
espiritual. Eso es lo más esencial, porque en el fondo lo
que estamos tratando de hacer es reflejar la vida de Cristo en nuestra
propia vida, con nuestra personalidad, con nuestros defectos y nuestras
virtudes. Si no estamos bien con nuestro Señor Jesucristo,
nada tiene sentido. También está el descubrir cada
día cosas nuevas en los misterios de Dios. Otra cosa importante
es olvidarse de uno mismo para dar cabida a Dios, uno necesita renunciar
a lo propio y dejar que nuestro Señor tome posesión
de nuestra vida. Pero lo primero y más esencial es la relación
con Dios, el trato personal con Él en la oración,
en la misa, en la comunión y en la administración
de los sacramentos. Una de las cuestiones curiosas y muy importantes
es no acostumbrarse a lo espiritual porque estamos tocando la gracia
de Dios y como seres humanos tenemos la tendencia a acostumbrarnos
a todo. No podemos dejar que eso pase, porque celebrar la Santa
Misa, por ejemplo, o dar la absolución en la confesión,
son milagros extraordinarios, pues ¿quién soy yo para
perdonar los pecados? Sin embargo, Dios nos está utilizando
como instrumentos para transmitir esa gracia tan grande del perdón
de los pecados.
El Pueblo:
¿Qué les diría a los sacerdotes hoy en día?
Monseñor: Que sepan dar gracias a Dios, nuestro Señor
por su vocación, que llenos de agradecimiento y optimismo
sepan que Dios es quien los ha elegido personalmente, que nunca
se olviden que su vocación es una llamada personal de Dios,
igual que la vocación de los apóstoles. Así
como Jesús llamó a cada uno de sus apóstoles,
también llama a cada uno de sus sacerdotes. La conciencia
de la llamada de Dios nos tiene que ayudar a nunca perder el amor
por la vocación. Y especialmente ahora que estamos viviendo
tiempos difíciles, les diría que cuiden su vida espiritual,
que dediquen tiempo a su alma, al propio desarrollo de su trato
con Dios y que no se asusten, que no se sorprendan de tener defectos,
miserias y pecados; todos somos humanos y lo impresionante es que
a pesar de eso, Dios nos utiliza como sus instrumentos.
También
pienso que el sacerdote tiene que ir por delante. Si nosotros predicamos
a Dios y hablamos de Dios y los sacramentos, necesitamos practicar
lo que predicamos, debemos buscar la dirección espiritual
y el sacramento de la confesión, que son elementos fundamentales
en nuestra vida sacerdotal. Creo que lo más importante es
que el sacerdote sienta la alegría de su vocación
y de su llamado, porque Jesús nos ha visto con una mirada
de amor y por eso nos ha llamado, y es Él quien nos va a
dar todas las gracias para ser fieles a nuestro sacerdocio.
El Pueblo:
¿Cómo promover hoy las vocaciones al sacerdocio?
Monseñor: Un elemento importante para mí en
mi vocación y en la formación de vocaciones es el
ejemplo de los sacerdotes. Siempre me acuerdo con agradecimiento
el ejemplo de sacerdotes buenos que conocí cuando era chico.
En la parroquia donde íbamos a misa había sacerdotes
que eran ejemplares. O sea, un elemento esencial en la promoción
de vocaciones al sacerdocio es que nosotros, los sacerdotes, seamos
hombres de Dios y que manifestemos la alegría de nuestra
vocación sacerdotal, para que así los jóvenes
tengan interés en seguir la vocación sacerdotal. Por
otro lado, pienso que también es importante enseñarles
a los jóvenes a tener una vida espiritual para que puedan
disponer su alma a lo que Dios les pida. La familia también,
como decía antes, es un elemento esencial en la vocación
sacerdotal: en la medida en que la familia fomente la vocación
sacerdotal, van a haber más vocaciones al sacerdocio. Lo
resumiría en tres cosas: seguir el ejemplo de los buenos
sacerdotes, vida espiritual en los jóvenes y el apoyo de
la familia en la vocación.
El Pueblo:
¿Qué es lo que está atrayendo a tantos jóvenes
al Seminario de Denver?
Monseñor: Creo que lo que ellos ven es un lugar donde
se le da importancia a la vida espiritual, a la identificación
con Cristo, y donde los estudios Teológicos son serios. En
el caso de la Arquidiócesis de Denver también ayuda
mucho que el Señor Arzobispo esté tan cerca de sus
seminaristas y los conozca tan bien. Como decía antes, la
dirección espiritual que un sacerdote o un Obispo puedan
dar a sus seminaristas es un elemento esencial en la vocación.
El seminario se vuelve entonces en un lugar atractivo desde el punto
de vista espiritual humano, y por eso creo que hay muchas vocaciones
al sacerdocio. En el caso de los muchachos de origen latino, tenemos
un deseo de ayudarles a que en su cultura puedan desarrollar su
vocación de sacerdote.
El Pueblo:
Monseñor, ¿quiere agregar algo más?
Monseñor: Sólo pedirles sus oraciones para
que me acompañen en dar gracias a Dios nuestro Señor
por los 25 años de mi ministerio sacerdotal. Para mí
es una alegría muy grande celebrar estos 25 años en
la Arquidiócesis de Denver, en donde he recibido tantas bendiciones
de Dios y el cariño de todos, especialmente de la comunidad
Hispana.
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