¿Por
qué nos resistimos a recibir ayuda?
Por
Ileana Aguinis
Guadalupe
siente que su marido, Carlos, no respeta su espacio y que ignora
a los niños. Guadalupe se acerca a una Mediadora para tratar
de reconciliar su matrimonio sin ir a la Corte. Está dispuesta
a separarse si es la única solución. Carlos, por su
parte, cree que Guadalupe miente. Él ama a sus niños
y desea para ellos lo mejor. Cuando Guadalupe insiste en tener un
encuentro de ambos con la Mediadora, él se niega. No considera
que sirva para resolver los problemas de su hogar. Pasan los días
y Guadalupe se impacienta mucho.
¿Por
qué la resistencia de Carlos en buscar ayuda?
Muchas veces
una de las partes en conflicto utiliza la excusa de no querer (o
poder) invertir dinero en estas cosas. Pero no se da cuenta de que,
día a día, se malgasta la relación de pareja
y eso hace sufrir también a los niños. Tampoco se
da cuenta de que la falta de una oportuna ayuda determina que el
conflicto se intensifique y llegue a un punto en el cual resultará
muy difícil resolverlo sin graves costos económicos
y sentimentales. La pareja puede terminar en la Corte, con resultados
dolorosos para todas las partes. Y con gastos mucho más altos
de los que hubieran tenido que hacer, si hubieran apelado oportunamente
a la Mediadora. En la Corte ya no puede actuar la Mediadora, lamentablemente:
ahí se toma conciencia de que se perdió la oportunidad
que hubiese convenido.
Hay personas
que se resisten a la Mediadora por miedo a tener una intermediaria
que les diga cosas desagradables o le indique qué hacer.
Esta es una idea equivocada sobre el verdadero rol de la Mediadora.
La Mediadora no es una jueza que dicta sentencia, sino una persona
neutral y amistosa. Mantiene un diálogo fluido y confidencial,
facilita la comunicación entre quienes están enojados
o distanciados. Y, para sorpresa de quienes acuden a ella, terminan
acercándose las soluciones que antes ni se veían o
se consideraban imposibles.
Finalmente,
hay quienes suponen que el problema se resolverá solo. Este
error es grave, especialmente si la otra parte está impaciente,
como en el caso de Guadalupe. Quien está impaciente ve en
la resistencia del otro mala voluntad, indiferencia, resentimiento.
Y, como respuesta, profundiza su desamor.
Lo sabio es
reconocer que hay un conflicto. Basta que una de las partes lo sienta
así para que el conflicto tenga realidad y consecuencias.
No es bueno negarlo. Obtener ayuda inmediatamente evita que las
heridas se profundicen. La Mediadora facilita el diálogo
y provee elementos para encontrar los mejores caminos que merece
cada persona, cada pareja, cada hogar.
La Lic. Ileana Aguinis es abogada y mediadora en Mediación
Latina que provee sesiones de mediación en español
e/o inglés de acuerdo a las necesidades de las partes. Para
más información, por favor llame al 303-475-4561 o
visite el sitio www.mediacionlatina.com
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