Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver • Agosto 2003

¿Por qué nos resistimos a recibir ayuda?

Por Ileana Aguinis

Guadalupe siente que su marido, Carlos, no respeta su espacio y que ignora a los niños. Guadalupe se acerca a una Mediadora para tratar de reconciliar su matrimonio sin ir a la Corte. Está dispuesta a separarse si es la única solución. Carlos, por su parte, cree que Guadalupe miente. Él ama a sus niños y desea para ellos lo mejor. Cuando Guadalupe insiste en tener un encuentro de ambos con la Mediadora, él se niega. No considera que sirva para resolver los problemas de su hogar. Pasan los días y Guadalupe se impacienta mucho.

¿Por qué la resistencia de Carlos en buscar ayuda?

Muchas veces una de las partes en conflicto utiliza la excusa de no querer (o poder) invertir dinero en estas cosas. Pero no se da cuenta de que, día a día, se malgasta la relación de pareja y eso hace sufrir también a los niños. Tampoco se da cuenta de que la falta de una oportuna ayuda determina que el conflicto se intensifique y llegue a un punto en el cual resultará muy difícil resolverlo sin graves costos económicos y sentimentales. La pareja puede terminar en la Corte, con resultados dolorosos para todas las partes. Y con gastos mucho más altos de los que hubieran tenido que hacer, si hubieran apelado oportunamente a la Mediadora. En la Corte ya no puede actuar la Mediadora, lamentablemente: ahí se toma conciencia de que se perdió la oportunidad que hubiese convenido.

Hay personas que se resisten a la Mediadora por miedo a tener una intermediaria que les diga cosas desagradables o le indique qué hacer. Esta es una idea equivocada sobre el verdadero rol de la Mediadora. La Mediadora no es una jueza que dicta sentencia, sino una persona neutral y amistosa. Mantiene un diálogo fluido y confidencial, facilita la comunicación entre quienes están enojados o distanciados. Y, para sorpresa de quienes acuden a ella, terminan acercándose las soluciones que antes ni se veían o se consideraban imposibles.

Finalmente, hay quienes suponen que el problema se resolverá solo. Este error es grave, especialmente si la otra parte está impaciente, como en el caso de Guadalupe. Quien está impaciente ve en la resistencia del otro mala voluntad, indiferencia, resentimiento. Y, como respuesta, profundiza su desamor.

Lo sabio es reconocer que hay un conflicto. Basta que una de las partes lo sienta así para que el conflicto tenga realidad y consecuencias. No es bueno negarlo. Obtener ayuda inmediatamente evita que las heridas se profundicen. La Mediadora facilita el diálogo y provee elementos para encontrar los mejores caminos que merece cada persona, cada pareja, cada hogar.


La Lic. Ileana Aguinis es abogada y mediadora en Mediación Latina que provee sesiones de mediación en español e/o inglés de acuerdo a las necesidades de las partes. Para más información, por favor llame al 303-475-4561 o visite el sitio www.mediacionlatina.com


 
 

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