Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver • Agosto 2003

¡JOVEN, NO TENGAS MIEDO, ÉL ESTÁ CON NOSOTROS!

Hace algunos años, cuando llegué a este país, lo hice con muchas metas, con un sentido de superación enorme y en verdad digo que, aunque me de verguenza, nunca tomé en cuenta a Dios. En ese momento mi realidad fue otra, porque llegué a un país donde se mezclan las culturas, empecé a ver que para conquistar una chava no necesariamente tenía que llevar rosas, sino muchas veces solo vestir el pantalón más grande que pudiera. Y seguí viendo muchas otras cosas como la música a alto volumen, las trocas patinando llantas, el licor que se apoderaba de la gente más que en mi país, las drogas, el asesinato por medio de abortos, en sí una vida liberal, sin que nadie pudiera decir algo al respecto.

Pero lo que más me asombró fue como se manejan las relaciones sexuales de manera libertina y sin responsabilidad. Mientras más conocía, más olvidaba mis metas. Era sorprendente ver como mucho de esto se apoderó de mi en cuestión de días. Me olvidé de mi familia, mi religión, mis sueños y hasta mis propios principios. Yo era otro.

En el camino vi como las personas no se aman a sí mismas, que por una desilusión amorosa acuden al suicidio o, por lo menos, lo piensan. Vi como muchos dejan la escuela por querer alcanzar riquezas rápidas y fáciles, sin medir las consecuencias. Vi como por ser el número uno echamos barrio donde sea, nos frustramos por la soledad, la falta de identidad, nos volvemos machos, y nos refugiamos en prostitución o las drogas.

Con el paso del tiempo la comunidad latina ha crecido enormemente, y los problemas se han duplicado. Las cárceles se llenaron, el número de muertos creció, las madres solteras son cada día mas, las clínicas de abortos cada día se hacen más ricas a costa de jovencitas hispanas. En todos los hospitales hablan ahora español, porque los tenemos llenos, cada día se observa una cantidad mayor de gente en las calles destruyéndose a sí mismos…

Pero un buen tercer Domingo de septiembre del año 2000, acudí a misa. El día siguiente acudí a un grupo de jóvenes donde conocí el amor de Dios hacia todos nosotros. Fue entonces cuando me di cuenta de lo mal que yo estaba, vi que a la vez que crecemos como latinos, también crecemos en problemas, y muy poco crecemos cristianamente. Empecé a ver a mi alrededor y me di cuenta de todas las veces que, de distintas maneras, Jesús me había dicho que él es mi Salvador, que el camino está listo, que ya pagó por mi. Después de tres años, me he dado cuenta que el mundo no ha cambiado, soy yo quien lo hizo, y por ahí se debe comenzar. Me doy cuenta de todo el trabajo que tenemos como jóvenes católicos. Me doy cuenta lo bien que lo pasamos los grupos católicos cuando compartimos un concierto, una vigilia, un congreso, un encuentro, un retiro y tantas cosas más que cada día se nos ofrecen. Lo podemos pasar bien en las misas cada Domingo, en las reuniones de grupo, en el conocer nueva gente que, al igual que nosotros, lucha por el Reino de Dios.

En verdad nos falta mucho por hacer, hay muchos jóvenes allá afuera que no saben que hay un Jesús que ya pagó por ellos. Hay tantos que piensan que la felicidad la tienen ellos. Otros aún que se desahogan en el licor, cuando nosotros sabemos que la respuesta está en Jesús.

Joven, no te quedes allí parado, vamos por los que faltan, llevémosles lo que no conocen, mostrémosles el camino que ya conocemos, no seamos conformistas, aspiremos a lo bueno, seamos siempre ganadores, porque con Dios siempre se gana.

Pregúntale a Dios que es lo que quiere que tú hagas y cuando lo descubras no te quedes ahí parado, ve y lucha, ponte metas y cúmplelas. No te preocupes por los obstáculos, sáltalos y recuerda que tú eres el presente y lo que tú hagas hoy marcará tu futuro y el de la Iglesia. Unámonos y juntos construyamos un mejor mañana para los nuestros y para el mundo entero. No olvides que el futuro de nuestra Iglesia está en nuestras manos, recuerda que no estás solo, porque Jesús está con nosotros hasta el fin del mundo. Bendiciones.

Max Lopez

Coordinador general del grupo juvenil de la Iglesia Santa Teresa.



 
 

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