El diablo da miedo
Pero sin nuestro consentimiento no tiene campo de acción en nuestras vidas
Por Gonzalo Banda Lazarte*s
El diablo da miedo. Y da miedo porque existe y es perverso. Así es señores aunque no nos guste. Acabo de terminar otra vez la lectura de un clásico, Cartas del diablo a su sobrino de C. S. Lewis, autor a quien todos conocemos más por “Las crónicas de Narnia”. Lo he terminado y aún tengo una especie de sonrisa nerviosa que disimulo para no descubrir que caigo en cuenta que sietes veces siete y cien veces cien, me he visto atrapado nuevamente en la nebulosa de razonamientos empantanados que bien creí buenos y apetecibles, y que el buen Lewis osa otra vez demostrarme, que eran perversamente demoniacos.
Esta especie de epistolario entre el tío demonio Escrutopo y su sobrino demonio, Orugario, expresa toda la fineza y agudeza espiritual de quien lo escribe, y supone no sólo lectura de manuales teológicos, sino una viva lucha encarnizada contra Lucifer, lo escribe alguien que combate y como buen guerrero muestra sus cicatrices de batalla.
No es para menos, para Lewis escribirlo deparó una cruda penitencia espiritual. A nadie debe resultarle grato pensar mucho tiempo como piensa el demonio sin sufrir las consecuencias del intento. Quizá haya algo que decir en tiempos de búsqueda espiritual liviana, de repuestas ligeras, y panteísmos crónicos. El demonio existe. Esta verdad que parece ser tan sencilla se olvida continuamente, nosotros no queremos olvidarla, el demonio es un ser espiritual perversamente malo y real y está tan al pendiente de ti como de todas las personas que quieres, pendiente y hambriento.
Muchas veces lo olvidamos e intentamos explicarnos todo el mal que cometemos o con el que nos enfrentamos con eufemismos “soft” porque, ya en pleno siglo XXI decir diablo, no te pases, qué mala onda. Pero no es cierto amigos, como lo dice San Pedro, el diablo merodea como león impaciente y temerario, ruge y finalmente ataca, pero ataca al que mucho se acerca, pues es un perro con cadena a decir del Padre Pío, así que a no pasear muy cerca de la cadena. Pruebas abundan, si las necesitan sólo escríbanme y encantado responderé.
No escamoteare más en detalles del libro pues recomiendo su lectura. Sólo apuntaré algo más, parece ser que mofarse del demonio le disgusta bastante, el mismo Lewis rescata un epígrafe de Santo Tomás Moro, “el diablo espíritu orgulloso … no puede aguantar que se mofen de él”. Al parecer muchos ya lo intentaron recordemos que Chesterton decía que se cayó del cielo debido a la fuerza de gravedad. Bien pesado debió ser Lucifer.
* Gonzalo Banda es Director del Centro de Estudios Católicos (C.E.C.) En Arequipa –Perú y escribe en el blog “Desde el horizonte” http://desdeelhorizonte.blogspot.com/ |