El Buen Pastor, Benedicto XVI en Estados Unidos
En su visita nos dice que la Iglesia nos necesita, que no debemos, ni podemos defraudarla
Por Luis Soto
En las semanas pasadas, la Iglesia católica de los Estados Unidos se vio engalanada con la visita pastoral del Sumo Pontífice de la Iglesia, su Santidad el Papa Benedicto XVI. El Pastor de la Iglesia Universal (Católica) se reunió con diversos grupos: obispos, religiosos, sacerdotes, seminaristas, jóvenes, autoridades nacionales y sobre todo con los líderes mundiales en la ONU.
La misión del Sumo Pontífice es ejercer y servir como Vicario de Cristo, el Buen Pastor, y pastorear de acuerdo a las cualidades del Buen Pastor que es Jesús. Jesús mismo, en el Evangelio de San Juan se describe a sí mismo como el Buen Pastor (Jn 10). Cuando lo hace en el Evangelio, es inmediatamente después de haber tenido una difícil confrontación con los “pastores” del pueblo judío. Aquellos que creían ver han sido declarados ciegos por Jesús y ha devuelto la vista a aquel que era declarado ciego, y ahora, hasta incluso enseña (Jn 9, 33-41).
Ya desde el libro del profeta Ezequiel (Ez 34), se había anunciado que malos pastores guiaban a las ovejas por mal camino. Pero Dios prometía un Buen Pastor, uno que daría la vida por sus ovejas. Uno que pastorearía en justicia, que uniría a su pueblo (Ez 34, 13), uno que cuidaría de sus ovejas con cariño y las llevaría en sus brazos, tal y como lo describe el profeta Isaías (Is 40, 11). La imagen del buen pastor en el Antiguo Testamento es la imagen de un Mesías que viene, que realmente guiará a su pueblo por los caminos de Dios. Es en este contexto que Jesús se proclama el Buen Pastor. Así como lo hizo en la parábola de la oveja perdida (Mt 18, 12-14), en el Capítulo 10 de San Juan se anuncia a sí mismo como el pastor esperado, cumpliendo en sí todas las profecías.
Jesús se anuncia como el Buen Pastor, pero no sólo como el Buen Pastor, sino como la misma puerta por donde entran las ovejas (Jn 10, 9). Los que son suyos, escuchan su voz y la reconocen, saben que es la voz de su pastor (Jn 10,4). No siguen a otros porque identifican esa voz como la voz de un extraño (Jn 10, 5). Ese Pastor Bueno que es Jesús, da la vida por sus ovejas, no como el asalariado que tiene miedo y huye ante el peligro (Jn 10, 11-12). A fin de cuentas, el que entre por la puerta, conozca la voz de su pastor y coma en el verde pasto de sus praderas, tendrá vida en abundancia, la vida que sólo Jesús es capaz de dar (Jn 10, 10b).
De igual manera puedo ver la misión del Papa Benedicto XVI como pastor de la Iglesia Universal. Muchos cuestionaban su carisma, su capacidad de arrastrar multitudes como su predecesor lo había hecho. Pero al verlo hablar, interactuar, confrontar los problemas, podemos reconocer en él, al Vicario de Cristo, el Buen Pastor, para ser con Él, un buen pastor de su Iglesia. Como Pastor, a cada momento nos insta a buscar la vida en abundancia que es Jesús, a conocerle, amarle y seguirle. En cada uno de sus discursos, nos exhortó a acoger a Jesucristo en el centro de nuestras vidas y que sea la esperanza arraigada en la fe la que nos acompañe y guíe, bajo nuestro pastor, en este camino hacia la santidad. Nos exhortó a dejar atrás la ceguera del relativismo, del pensar que nada es pecado, para abrir los ojos a la visión de Jesucristo, el Buen Pastor y su Vicario, el Papa.
Como católico, debes sentirte orgulloso de tener un pastor como el que tenemos, que imita fielmente la misión del Buen Pastor Jesucristo y nos invita a venir y comer en los verdes pastos de abundancia que hay en Jesús. Un pastor que nos pide que no nos desanimemos, siguiendo sus palabras, nos dice “no se dejen vencer por el pesimismo, la inercia o los problemas. Antes bien, fieles a los compromisos que adquirieron en su bautismo, profundicen cada día en el conocimiento de Cristo y permitan que su corazón quede conquistado por su amor y por su perdón” (Homilía del Santo Padre durante la Misa en el National’s Stadium, Washington, Jueves 17 de abril).
Especialmente a los hispanos en los Estados Unidos, Su Santidad nos dice que tiene puestas sus esperanzas en nosotros, que la Iglesia nos necesita, que no debemos, ni podemos defraudarla. Nos dice “La Iglesia espera mucho de ustedes. No la defrauden en su donación generosa. ´Lo que han recibido gratis, denlo gratis´(Mt 10,8)”. ¿Cómo podemos no defraudarla? Tal y como el mismo Papa nos lo dice, a través del “Testimonio”, viviendo un vida entregada a Jesucristo, poniéndolo como centro de nuestras vidas y dejándonos guiar por él. Siguiendo su voz a cada momento y caminando siempre a través de la puerta que es Jesús y su Vicario, el Papa. A fin de cuentas, es el Espíritu Santo que celebramos en Pentecostés, el que hace todo esto posible y el que renueva todas las cosas . |