Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Marzo 2008

Nuestra Iglesia

La Anunciación y el misterio de la Encarnación de Cristo
Cristo se hace hombre gracias al Sí generoso de María

La Iglesia celebra cada 25 de marzo el misterio de la Anunciación - Encarnación del Verbo de Dios y, al mismo tiempo, la vocación de Nuestra Señora, Santa María, que conoce a través del Ángel Gabriel la voluntad de Dios sobre Ella. Con su correspondencia -su fiat - comienza la Redención. Esta es una gran fiesta porque en ella se conmemora el Misterio sublime de la Encarnación del Verbo en el seno purísimo de Santa María.

Esta Solemnidad, tanto en los calendarios más antiguos como en el actual, es una fiesta del Señor. Sin embargo, los textos hacen referencia especialmente a la Virgen, y durante muchos siglos ha sido considerada como una fiesta mariana. La Tradición de la Iglesia reconoce un estrecho paralelismo entre Eva, madre de todos los vivientes, por quien con su desobediencia entró el pecado en el mundo, y María -nueva Eva-, Madre de la humanidad redimida, por cuya obediencia vino la Vida del mundo: Jesucristo nuestro Señor. Si esta solemnidad cae dentro de Semana Santa o Semana de Pascua, su oficio se transfiere al lunes después de la octava de Pascua. Este año se celebrará el 31 de Marzo.
El Padre Francisco Fernández Carbajal, autor de numerosos libros espirituales, señala con respecto a esta fiesta que “La Encarnación de nuestro Señor Jesucristo debe tener muchas consecuencias en la vida del cristiano. Es, en realidad, el hecho que decide su presente y su futuro. Sin Cristo, la vida carece de sentido. Sólo Él "revela plenamente al hombre el mismo hombre". Sólo en Cristo conocemos nuestro ser más profundo y aquello que más nos afecta: el sentido del dolor y del trabajo bien acabado, la alegría y la paz verdaderas, que están por encima de los estados de ánimo y de los diversos acontecimientos de la vida, la serenidad, incluso el gozo ante el pensamiento del más allá, pues Jesús, a quien ahora procuramos servir, nos espera... Es Cristo quien "ha devuelto definitivamente al hombre la dignidad y el sentido de su existencia en el mundo, sentido que había perdido en gran medida a causa del pecado". La asunción de todo lo humano noble por el Hijo de Dios (el trabajo, la amistad, la familia, el dolor, la alegría...) nos indica que todas estas realidades han de ser amadas y elevadas. Lo humano se convierte en camino para la unión con Dios. La lucha interior tiene entonces un carácter marcadamente positivo, pues no se trata de aniquilar al hombre para que resplandezca lo divino, ni de huir de las realidades corrientes para llevar una vida santa. No es lo humano lo que choca con lo divino, sino el pecado y las huellas que dejaron en el alma el pecado original y el personal. El empeño por asemejarnos a Cristo lleva consigo la lucha contra todo aquello que nos hace menos humanos o infrahumanos: los egoísmos, las envidias, la sensualidad, la pequeñez de espíritu... El verdadero empeño del cristiano por la santidad lleva consigo el desarrollo de la propia personalidad en todos los sentidos: prestigio profesional, virtudes humanas, virtudes de convivencia, amor a todo lo verdaderamente humano...
De la misma forma que en Cristo lo humano no deja de serlo por su unión con lo divino, por la Encarnación lo terrestre no dejó de serlo, pero desde entonces todo puede ser orientado por el hombre hacia Él.

Terminamos nuestra oración acudiendo a la Madre de Jesús, nuestra Madre. "¡Oh María!, hoy tu tierra nos ha germinado al Salvador... ¡Oh María! Bendita seas entre todas las mujeres por todos los siglos... Hoy la Deidad se ha unido y amasado con nuestra humanidad tan fuertemente que jamás se pudo separar ya esta unión ni por la muerte ni por nuestra ingratitud"¡Bendita seas!”*

* Meditación del Padre Francisco Fernández Carvajal con motivo de esta fiesta


 
 

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