Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Marzo 2008

Especial

¿Qué celebramos en el Triduo Pascual?
Entienda y profundice en la ¨Fiesta¨ de las fiestas de nuestra fe

Por el Equipo de Redacción

Nietzsche decía con razón que “lo difícil no es celebrar una fiesta, sino encontrar quienes se alegren con ella”. Como todos los años, nos hemos venido preprando a lo largo del tiempo de Cuaresma para celebrar la Semana Santa. Para nuestros pueblos, forjados al calor de la fe, la celebración anual de los misterios de la pasión, muerte y resurrección del Señor tienen un gran arraigo en nuestra cultura. Y sin embargo, nos tenemos que preguntar: además de celebrar año tras año el Triduo Pascual, ¿nos alegramos con él? ¿Son celebraciones que tocan nuestra vida, que nos mueven a ser mejores, que nos invitan a acercarnos más a Dios? A veces la fuerza de la repetición sin una suficiente hondura nos lleva a acostumbrarnos a lo que celebramos. Pero, ¿podemos acostumbrarnos ante la grandeza del amor de Dios que llega al extremo de la cruz? ¿Es posible acostumbrarse ante el misterio de que Jesús esté realmente presente en el pan y el vino? ¿Es que nos podemos acostumbrar ante la gran noticia que sigue resonando dos mil años después, de que Cristo está vivo?
Si queremos celebrar la Semana Santa y alegrarnos con ella hay que redescubrir la realidad del amor de Dios en nuestras vidas. No recordamos unos hechos del pasado, sino que volvemos a vivir los misterios de nuestra reconciliación, recibimos en nuestra vida algo presente: Dios se entrega por mí, Dios resucita por mí, porque Dios me ama. Ésta es la raíz de nuestra fiesta: el amor de Dios que es más fuerte que la muerte. San Juan Crisóstomo decía: “Donde el amor se alegra, ahí hay una fiesta”. El amor se alegra porque vence a la muerte y porque nos permite a nosotros también vencer a la muerte, vivir una vida buena y feliz.
El Triduo Pascual es el centro de todo el año litúrgico, el cual es el desarrollo del misterio de la Pascua. En el Triduo celebramos la pasión, muerte y resurrección del Señor. Explicaremos ahora brevemente algunos aspectos importantes de las celebraciones litúrgicas del Triduo.

JUEVES SANTO
Sentido de la liturgia

Esta celebración está centrada sobre la Última Cena que el Señor Jesús compartió con los Apóstoles, en la que instituyó el rito de la nueva Cena Pascual: el sacramento de Eucaristía. Aquí se recuerda además la institución del sacramento del Orden Sagrado y el mandamiento de la caridad.

El dinamismo de la celebración está centrado sobre el paso de la Antigua a la Nueva Alianza: lo que era figura es ahora realidad, el Cordero de la pascua judía es ahora Cristo, el verdadero Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Se celebra con el color blanco y con una solemnidad que nos introduce en el camino hacia la gran fiesta de la Pascua.

El rito del lavatorio de los pies es muy expresivo para comprender el sentido de toda la vida del Señor Jesús: el servicio amoroso por nuestra reconciliación (ver Flp 2,5ss), servicio que todo cristiano deberá vivir, pero particularmente los obispos y sacerdotes, ministros suyos. El traslado del copón con las hostias consagradas hacia el monumento al finalizar la Misa, nos invita a acompañar al Señor en la noche de su agonía y a adorarlo en su presencia real en la Eucaristía.

Algunas indicaciones
El Jueves Santo se puede hacer como devoción la visita a los 7 monumentos de distintas iglesias. Se trata de visitar el lugar en donde se reserva la Eucaristía, sacramento de la presencia real del Señor, para acompañarlo en esas estaciones por donde pasó antes de padecer (del huerto a la casa de Anás, de ésta a la de Caifás, de la de Caifás al palacio de Pilatos, etc). También sería bueno acompañar con nuestra adoración y oración al Señor en el monumento eucarístico, por espacio de un momento largo durante la noche de Jueves para el Viernes. Es bueno acompañarlo, según la tradición, por una hora, de acuerdo a lo que Él mismo dijo a sus apóstoles: “Pedro ¿duermes? ¿ni una hora has podido velar?” (Mc 14,37). Sin embargo, por razones diversas este momento de adoración puede durar menos tiempo.
Hoy se puede ganar la Indulgencia Plenaria con las debidas condiciones y cantando el himno “Tantum ergo” frente al monumento eucarístico después de la Misa de la Cena del Señor.
Lecturas de la Misa
• Ex 12,1-8.11-14
• Sal 115
• 1Cor 11,23-26
• Jn 13,1-15

VIERNES SANTO
Sentido de la liturgia

El sentido de este día es celebrar la Pasión y Muerte del Señor que nos alcanzaron el perdón de nuestros pecados y nuestra reconciliación; es participar desde la fe en este misterio de anonadamiento del Señor hecho hombre que murió por nosotros. Pero no celebramos a un muerto, sino al Señor que con su muerte nos abrió el camino hacia la vida plena. Así, ya desde este misterio nos abrimos al horizonte de esperanza que nos anuncia la Resurrección.

El color litúrgico es el rojo, símbolo de la pasión y la entrega del Señor por amor a cada uno de nosotros. El gesto inicial del sacerdote celebrante es muy elocuente: se postra en silencio para simbolizar el “abajamiento” de Cristo en su muerte expiatoria.
La liturgia de la Palabra con el largo relato de la Pasión según San Juan es el marco de toda la celebración; el Señor va a su Pasión decididamente, como el Hombre Pleno que la asume obediente y libremente por todos nosotros.

Después se realiza la oración de los fieles, pidiendo por toda la Iglesia y por toda la humanidad, manifestando el valor universal de la Reconciliación. Inmediatamente después se inicia el rito más significativo de esta liturgia: la adoración de la Santa Cruz; en la que reconocemos a la Cruz como signo de victoria y reconciliación; la cruz que está presente en la vida de todo cristiano y que es un camino para participar de la gloria pascual del Señor pues “no hay cristianismo sin Cruz”.

La tercera parte de esta liturgia es la comunión sacramental para unirnos al Señor Jesús que padece por nosotros y nos alcanza los frutos de su Victoria. No se celebra la Misa ni otro sacramento (salvo, en caso de necesidad, los sacramentos de la Reconciliación y la Unción de los enfermos), como una manera de expresar el ayuno sacramental de la Iglesia.

Algunas indicaciones
Hoy, como una manera de solidarizarnos con el Señor sufriente y de prepararnos a pasar con Él de la muerte a la Vida, la Iglesia nos invita a cumplir con el ayuno y la abstinencia de carne. Esta práctica -para los que lo deseen- se puede prolongar hasta la Vigilia Pascual.

En la celebración de la Pasión del Señor la colecta se destina a colaborar con la custodia de Tierra Santa donde vivió el Señor.

Hoy se puede ganar la Indulgencia Plenaria con las debidas disposiciones y en la liturgia adorando la Cruz del Señor, en donde murió por nosotros.
Lecturas de la Liturgia
• Is 52,13–53,12
• Sal 30
• Hb 4, 14-16.5, 7-9
• Jn 18,1 – 19,42

PASCUA DE RESURRECCIÓN
Sentido de la liturgia
Vigilia Pascual

Esta vigilia la noche del sábado nos introduce de lleno a celebrar la victoria del Señor en la Resurrección. Esta vigilia es la solemnidad de las solemnidades, pues se celebra con gran alegría el triunfo de Jesús sobre la muerte, que es el fundamento de nuestra fe cristiana. Al ser una vigilia nocturna, es ya celebración del Domingo día de la resurrección, culmen del Triduo Pascual.

Por ello es que aparece la luz que vence las tinieblas, la gracia que vence al pecado; por ello es que empieza la liturgia con un lucernario y somos precedidos por el Cirio Pascual que representa a Cristo resucitado. Todo evoca alegría y plenitud, pues celebramos el misterio de nuestra fe; se tocan las campanas en señal de alegría, se vuelve a cantar el himno del Gloria y el Aleluya, que no se ha cantado durante la Cuaresma, se prenden todas las luces, la Iglesia está magníficamente adornada. Sigue el canto del Pregón pascual y la liturgia de la Palabra, que nos narra toda la historia de la salvación, desde la creación hasta la resurrección, para hacernos entender que este misterio ilumina y engloba toda la historia de la salvación. Después se realiza la liturgia del Bautismo, en la que, de ser posible, se celebra el sacramento del bautismo, evocando una verdad fundamental: participamos de la Resurrección de Cristo por medio de nuestro bautismo. Por ello, si no se celebra el bautismo, se evoca este sacramento con la bendición del agua y la aspersión sobre todos los presentes.

La liturgia eucarística es la parte culminante de la celebración. Hoy se celebra la Eucaristía, que es el triunfo pascual del Señor, con toda la solemnidad posible, para hacernos tomar conciencia de que Cristo ha muerto, pero ha resucitado y está aquí con nosotros.
Al final se canta a la Virgen de la Esperanza el canto del Reina del Cielo (Regina Caeli) para compartir con ella la alegría pascual.

Domingo de Pascua de Resurrección
Esta celebración es prolongación de la Vigilia; celebramos el día en que resucitó el Señor y nos llena de alegría su presencia. Y aunque todo domingo celebramos el mismo misterio, el Domingo de Pascua se celebra con especial solemnidad y alegría, pues hemos acompañado a Cristo desde su muerte, sepultura y ahora alcanzamos su resurrección. Todo en esta liturgia se reviste de fiesta, de alegría, de esperanza y se prolongará durante los cincuenta días del tiempo de Pascua que empezamos a celebrar desde este día.

Algunas indicaciones
En el Domingo de Pascua se puede ganar la Indulgencia Plenaria con las debidas disposiciones y renovando las promesas del Bautismo en la Vigilia Pascual; como ya estamos celebrando la resurrección del Señor desde la noche del sábado, no es necesario participar de la misa el día siguiente los que han participado de la misa de la Vigila
Lecturas de la Misa
• Gn 1, 1 – 2, 2
• Ex 14, 15 – 15, 1ª
• Is 55, 1-11
• Ez 36, 16-28
• Rm 6, 3-11
• Mt 28,1-10



 
 

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