Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Junio 2008

Nuestra Iglesia

Cristo, corazón del mundo
La Iglesia celebra el Sagrado Corazón de Jesús durante el mes de junio

En el mes de junio, la Iglesia celebra al Sagrado Corazón de Jesús. Y vale la pena preguntarnos ¿qué es un corazón? No pensamos sólo en el órgano que late en nuestro pecho; pensamos en lo que tenemos dentro, que nos hace sentir, querer, decidir; en esa realidad que es lo más profundo de nuestro ser, donde late lo que somos, lo que nos hace diferentes de todos los demás. Pensar en el corazón es pensar en amor, en sueños, en un deseo infinito de ser felices; también en miedos y dolores. Todos sufrimos, todos queremos ser felices.

¿Cómo hacer para que nuestro corazón sea realmente feliz? ¿Cómo vencer nuestros miedos? ¿Cómo hallar algo más grande que los problemas y dolores? Precisamente, éste es el motivo de esta hermosa devoción: existe un corazón que puede darnos lo que buscamos. Porque al querer algo infinito, al necesitar algo más grande que los problemas, a veces buscamos la felicidad en cosas pasajeras. Pero, si somos sinceros, nos damos cuenta que queremos más. Y entonces, pensamos en Dios. Pero a veces pensar en Dios pareciera que nos queda grande; nos puede sonar lejano. ¿Cuál es, pues, la respuesta? La respuesta es que Dios quiere ayudarnos y para ello se acerca; Él quiere también tener un corazón. Dios se hace hombre en Jesús y así, también Dios tiene un corazón humano. Dios sabe lo que somos y lo que vivimos, ya no sólo porque todo lo sabe, sino por experiencia propia. Jesús sabe lo que es alegrarse, sufrir, jugar, trabajar, estudiar, soñar, tener miedo, llorar, gozar. No hay nada que nosotros sintamos o vivamos que Dios no lo haya sentido. ¡Dios nos comprende! ¡Nunca estamos solos! Y así, nos ayuda como quien sabe qué se necesita para ser feliz, qué necesita un corazón humano para ser pleno. El Papa Benedicto XVI habló de manera muy hermosa sobre esto en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús: “Toda persona necesita un "centro" para su propia vida, un manantial de verdad y de bondad al que recurrir ante la sucesión de las diferentes situaciones y en el cansancio de la vida cotidiana. Cada uno de nosotros, cuando se detiene en silencio, necesita sentir no sólo el palpitar de su corazón, sino, de manera más profunda, el palpitar de una presencia confiable, que se puede percibir con los sentidos de la fe y que, sin embargo, es mucho más real: la presencia de Cristo, corazón del mundo”.

En este mes del Sagrado Corazón, la Iglesia como Buena Madre nos invita a contemplar ese corazón que arde de amor por nosotros, a recordar que nuestro corazón ha sido hecho para cosas grandes, a educar nuestros afectos y a optar siempre por lo mejor. Creciendo en la devoción al Sagrado Corazón podemos aprender a ser mejores personas, a confiar, perdonar, dar sin esperar recompensa y amar sin calcular. Que nuestra oración y nuestra acción, de modo especial durante los días de junio, encuentren en el corazón de Jesús la fuente de la felicidad y la paz y el modelo para nuestros propios corazones.

 


 
 

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