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Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Enero 2008

Opinión

¿Feliz año nuevo?
La esperanza de un feliz año nuevo

Por el Equipo de Redacción de El Pueblo Católico

¡Feliz año nuevo! De manera espontánea, esta frase es dicha por casi todos nosotros en el momento exacto en que empezamos un nuevo año civil. Ahora bien, ¿qué queremos decir exactamente cuando nos felicitamos con estas palabras al iniciar un nuevo año? ¿Estamos expresando el deseo de que el año que se inicia sea mejor que el anterior? ¿Manifestamos la convicción de que será definitivamente mejor? ¿Comunicamos una ilusión, de la que no estamos totalmente seguros que se vaya a realizar?

Si miramos el año que acaba de pasar, ¿podemos decir que se cumplió nuestro saludo? ¿Fue, realmente, un año feliz? No sería extraño que al mirar los días que corrieron en 2007, nuestros ojos se llenen de imágenes tristes y dolorosas: guerras, violencia, pobreza, injusticias, desastres naturales. El Papa Benedicto XVI le compartía al Cuerpo Diplomático, al repasar la situación mundial, su “profundo pesar al comprobar cómo la esperanza parece casi derrotada” en algunos países. Ante tanto sufrimiento, ¿podemos con razón seguir diciendo “feliz año nuevo”?

No podemos olvidar que para un creyente, la celebración de un nuevo año tiene sentido en el contexto de la celebración de la Navidad. Lo que nos permite decir “feliz año nuevo” es la esperanza que nos llega como regalo en Belén. El Papa decía en ese mismo discurso, que “cada año, la celebración de la Navidad nos recuerda que, cuando Dios se hizo niño pequeño, la Esperanza vino a habitar en el mundo, en el corazón de la familia humana”. La Esperanza misma ha venido: en el Niño Jesús vemos brillar de modo misterioso esa luz que le da sentido a nuestros pasos. Tenemos esperanza al empezar un nuevo año porque Dios ha querido compartir todo con nosotros, porque ha querido ayudarnos “desde dentro”, sabiendo lo que vivimos y experimentamos por su propia experiencia. El sufrimiento del mundo no es algo que Dios sepa sólo porque Él, desde el cielo, todo lo sabe. Él lo conoce por experiencia; Él nos acompaña como quien sabe lo que se siente caminar, reír y llorar. Dios es nuestro hermano y esta verdad lo renueva todo. En verdad, “todo es nuevo” (2Cor 5,17) a partir de la venida del Señor Jesús en el seno de María. Todo es nuevo, porque Él lo ha dado todo y nos ha reconciliado.

Acabamos de celebrar la solemnidad de la Epifanía del Señor, de su manifestación a todos los pueblos. La salvación de Cristo es universal: no hay pueblo o persona que no haya sido objeto de su amor y que no haya sido salvada. ¿Podríamos quizá entender también que no hay nada que no haya sido ya reconciliado en los que ha salvado? En verdad, no hay nada que el Señor no haya compartido, no hay nada que no haya salvado. No hay problema, pecado o herida que no haya sido redimida por la venida del Señor. Estamos salvados en esperanza.

El Santo Padre ha querido regalar a la Iglesia una hermosa carta encíclica sobre la esperanza. Esta virtud es la estrella que debe guiar nuestros pasos en este año que comenzamos. Vale la pena empezar un nuevo año, vale la pena renovar nuestro trabajo por una vida mejor y por un mundo mejor, porque tenemos la esperanza de que todo puede ser realmente mejor. La esperanza no falla (Rm 5,5). La esperanza no deja de ver los problemas; es la virtud del realista. La esperanza que vemos en el Niño nacido en el portal es la razón de desearnos un feliz año nuevo. Lo deseamos porque puede ser un año feliz, si acogemos con alegría esta verdad y la compartimos con quienes no la conocen.

¡Todo el equipo de “El Pueblo Católico” les desea un feliz año nuevo!


 
 

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