Gracias al Padre Prohens por su testimonio de vida
Algunas personas de la Arquidiócesis de Denver comparten quien fue el Padre Jaime Prohens para sus vidas y cuánto les enseñó a amar verdaderamente.
Rev. Padre Jorge De los Santos
Vicario para el Ministerio Hispano
Hoy quiero honrar la memoria de uno de los heroicos pioneros de la pastoral Hispana de esta Arquidiócesis, me refiero al P. Jaime Prohens. Basta decir que a los 96 años de edad todavía se encontraba sirviendo fielmente a la comunidad hispana haciendo de la Parroquia San Cayetano un punto de referencia para los latinos de Colorado. Padre Jaime, le estamos profundamente agradecidos por toda una larga vida de servicio, el Señor Jesús puede contemplar sus abundantes frutos. Quiero compartirles que nunca borraré de mi recuerdo su imagen de sencillez, amabilidad y respeto que siempre mostró hacia mi persona.
Luis Soto
Director del Ministerio Hispano y del Centro San Juan Diego
No tuve la fortuna de conocer al P. Prohens en un plano personal, pero las veces que tuve la oportunidad de coincidir con él, tuve la misma sensación que tengo cuando encuentro a hombres o mujeres que han vivido una vida consagrada al Señor. Me siento que estoy frente a la santidad. Confirmo que el mensaje que predicamos vale la pena y es verdad total, pues un hombre como el P. Jaime Prohens fue capaz de vivir y morir por Él. Hemos sido bendecidos en esta Arquidiócesis, mucho antes que yo y muchos otros llegáramos aquí, por la presencia de los Teatinos y sobre todo por el apostolado incansable del P. Prohens. Vivirá por siempre en los corazones de sus feligreses y de todas aquellas vidas que tocó con su ministerio. ¡Viva por siempre el P. Prohens!
Rafael Vilchis
“Rafa” como sus amigos lo conocen, se encargó de cuidar al Padre Jaime y ayudarlo desde agosto de 2006, tiempo en que el sacerdote fue diagnosticado con cáncer terminal. Desde entonces, “Rafa” se convirtió en el enfermero, secretario personal y entrañable amigo del Padre.
Rafa estuvo junto al Padre Jaime incluso días previos a su partida. Apenas salía de trabajar, iba corriendo a San Cayetano a ver al Padre “en cuanto yo llegaba, el Padre me decía ‘ahora puedo estar tranquilo porque ya llegaste, ya puedo descansar’”. Rafa nos cuenta que hace unos años su padre falleció. “Entonces, fui a buscar consuelo en el Padre Jaime, a refugiarme con él, y me dijo que podía ser mi segundo padre si yo lo aceptaba. Y cómo no lo iba a aceptar, así inició nuestra amistad. Quince días después de ese episodio, los médicos encontraron que el Padre sufría de una enfermedad terminal y le dieron muy poco tiempo de vida, tenía miedo de abrir mi corazón, pero al final lo hice y el Señor me lo dejó por un año y 3 meses y me ha permitido vivir una experiencia muy bonita. Así empecé a ayudarle en lo que podía, lo acompañaba mucho, poco a poco me fui integrando más a su vida, ayudándolo a que se tomara sus medicinas, acompañándolo al doctor y viendo cómo iba progresando su enfermedad y estuve con él hasta el final de sus días. Una de las cosas que el Señor me enseñó durante este tiempo es que no importa cuanto sepas de medicina o enfermería o de cuidados, lo más importante es amar a la persona y eso fue lo que hice, abrí mi corazón para aprender mucho del Padre Jaime, de su carisma, de ver que era un ser humano común y corriente, muy transparente, no tenía ningún problema de mostrarse tal cual, con sus miedos, dudas, con sus alegrías. Esto me enseño algo importante, que santos hay muchos, son seres humanos que conviven con nosotros. Cuando queramos ver un milagro de Dios no lo queramos ver en grande, Dios hace muchos milagros y los hace chiquitos y yo tuve la oportunidad de conocer uno, de conocer a un hombre santo, muy sencillo pero muy lleno de Dios y a hora aunque experimento un vacío enorme yo sé que espiritualmente seguimos unidos.
Lo que más aprendí del Padre es a tener una fe grandísima en la Virgen, porque en cualquier situación, cuando tenía problemas o cuando tenía miedo, me llamaba y me pedía que rezáramos juntos un Ave María o un misterio del rosario y así se quedaba muy tranquilo. Me enseñó también a confiar en Dios.
Muchos de los sacerdotes Teatinos me dan las gracias por esto pero soy yo quien doy gracias a Dios y al Padre Prohens, porque fue él quien me hizo compañía así que ya estamos pagados. Agradezco mucho a Dios, a él y al padre Tomás por haberme abierto las puertas de su corazón y de su casa.
Lucy García conoció al Padre Prohens hace 30 años, y es una de las iniciadoras del grupo de oración que se reúne cada jueves en la parroquia.
El Padre Jaime era todo conocimiento, todo él era sabiduría y todo amor. Para mí fue mi padre, mi Director Espiritual, mi amigo, el fue todo para mí. Lo recuerdo como una persona amorosa que siempre estaba ahí para lo que sea que necesitaras, lo único que tenías que hacer era pedir y el respondía de inmediato. Él estuvo con nosotros desde el inicio y siempre nos acompañaba. Solía decirnos: ‘no le digan a nadie, pero este es mi segundo hogar’. Y así era, éramos como su familia.
Jan Kessler, enfermera del Padre Jaime en los doce últimos años de su vida.
El Padre Jaime fue la persona más graciosa e inteligente que he conocido en mi vida, tenía un interés profundo por todo, por la vida, sabía tanto sobre tantas cosas.
Una de las cosas que más extraño son las largas conversaciones que teníamos cuando lo llevaba a ver a su doctor en Colorado Springs, eran como dos horas de camino y durante todo ese tiempo el Padre Jaime me contaba sobre su familia en Mallorca, de su mamá, de sus hermanas o de la época cuando fue joven o cuando su madre murió y cuan especial fue para él celebrar una misa por ella, nunca me voy a olvidar de eso.
Él me enseñó el significado del amor incondicional fuera de las relaciones familiares, nunca antes había conocido este amor y esa es una de las cosas más asombrosas para mí. |