La columna del Arzobispo es un resumen de su presentación a jóvenes adultos en el evento "Theology on Tap" en Australia durante la Jornada Mundial de la Juventud.
Nadie puede vivir un cristianismo a medias. Cada vida doble inevitablemente se destruye a sí misma. Entonces la pregunta que enfrenta todo joven adulto que toma en serio su fe es muy directa: ¿Cómo vamos a vivir en este mundo? ¿Cómo podemos llevar una vida cristiana en una época secularizada?
Realmente no podemos responder a esa pregunta hasta que no tengamos algunos puntos claros de lo que significa ser cristiano. Y eso significa tener algunos puntos claros sobre Jesucristo. Uno de los subproductos de nuestra época es que no sabemos verdaderamente qué pensar sobre Jesús. Algunos años antes de que se convierta en el Papa Benedicto XVI, el entonces Cardenal Ratzinger escribió algo que desafortunadamente es muy cierto.
“Hoy en círculos amplios, incluso entre creyentes, ha prevalecido una imagen de Jesús que no pide nada, nunca cuestiona, que acepta a todos y todo, que ya no hace nada pero nos afirma … La figura se transformada de un ‘Señor’ (una palabra que es evitada) a un hombre que no es nada más que un defensor de todos los hombres”.
Todos conocemos personas –amigos y familiares o ambos- que piensan sobre Jesús en estos términos. Es difícil evitarlo. Nuestra cultura le ha dado a Jesús un maquillaje. Lo hemos re-hecho a imagen y semejanza de la compasión secular. Hoy, no es el Señor, el Hijo de Dios, sino es como un muchacho humanista iluminado.
El problema es éste: Si Jesús no es Señor, si no es el Hijo de Dios, entonces no puede hacer nada por nosotros. Entonces, el Evangelio es sólo una filosofía de vida más o menos interesante.
Pero si queremos vivir como discípulos verdaderos de Jesucristo en una época secular, necesitamos confiar en los Evangelios, y necesitamos confiar en la Iglesia que nos dio los Evangelios. Necesitamos creer verdaderamente que Jesús es el Hijo de Dios y el Hijo de María. Verdadero Dios y verdadero hombre, que lleva las palabras de vida eterna. Si no nos comprometemos con esa verdad, entonces nada sobre la fe católica tiene sentido.
Jesús no bajó del cielo para decirnos que vayamos a Misa los domingos. No murió en la cruz y resucitó entre los muertos para que recemos más en casa y seamos un poquito más simpáticos con nuestros vecinos. Lo que incluso no-creyentes pueden ver es que los Evangelios no son documentos de componenda o medias tintas. Jesús quiere todo de nosotros. Y no sólo los domingos. Quiere que amemos a Dios con todo nuestro corazón, toda nuestra alma, toda nuestra fuerza y toda nuestra mente. Quiere que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Eso es, con un amor que se consuma y que es total.
Tenemos que tomar a Cristo literalmente. Necesitamos amarlo como si nuestras vidas dependieran de eso. Ahora y sin excusas. Recuerden ese hombre en las Escrituras que le dijo a Jesús: Estoy listo para ser tu discípulo, pero primero necesito planear el funeral de mi padre. La manera como Jesús le responde es ruda y perturbadora: “deja que los muertos entierren a sus muertos. Sígueme y proclama el Reino de Dios”. Evidentemente, Jesús no está implicando falta de respeto a nuestros padres. Lo que está diciendo es que no hay prioridad más urgente en nuestras vidas que seguirlo y proclamar su Reino. Ser seguidor de Jesucristo nunca puede ser sólo un aspecto más de nuestra vida diaria. Ser cristiano es lo que soy. Punto. Ser cristiano significa que nuestra vida tiene una misión. Significa esforzarse por ser un mejor discípulo todos los días, ser más como Jesús en nuestros pensamientos y acciones.
El Beato Charles de Foucauld dijo en una ocasión: “Dios llama a todas las almas que ha creado a que lo amen con todo su ser … Pero no le pide a todas las almas que muestren su amor con los mismos trabajos, subir al cielo por la misma escalera, lograr el bien en el mismo sentido". Entonces, ¿qué tipo de trabajo debo hacer? ¿Cuál es mi camino al cielo? Si nos hacemos esas preguntas con un corazón decidido y orante, Dios siempre nos escucha y responde. |