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Periódico en español de la Arquidiócesis de Denver
Agosto 2008
 
Nuestra Iglesia

Testimonios de jóvenes que participaron en la JMJ 2008
Para estos jóvenes de la Arquidiócesis de Denver la JMJ en Australia fue una bendición para miles de jóvenes del mundo

Cristina García es miembro de la parroquia San Agustín en Brighton y participó de la JMJ en Australia junto al grupo de su parroquia.
“Antes de comenzar quiero dar gracias a mi familia y a mi comunidad de San Agustín en Brighton que hizo este viaje posible. En mi memoria siempre tendré la Jornada Mundial de la Juventud 2008 como una gran experiencia. Sin embargo encuentro difícil explicar en detalle cuán hermoso ha sido este encuentro y como ha cambiado mi vida.

Desde que llegamos, nuestros días estuvieron llenos de actividades. Todos estábamos muy ocupados asistiendo a las charlas de catecismo, a los eventos para los jóvenes, y preparándonos para recibir la bendición del Papa. Era increíble ver a miles de jóvenes de todas partes del mundo marchando diariamente por las calles, cantándole a Dios y mostrando con orgullo ser católicos. Yo no podía creer que estaba en el otro lado del mundo, junto con miles de jóvenes que compartían mi misma fe y creencias. ¡En esos días experimenté un fuerte sentido de pertenencia, en donde no importaba ni el color de la piel, ni el idioma que hablo, porque todos estábamos allí por una sola razón: Jesús!

Desde el primer día sentí de manera muy fuerte la presencia de Dios. Él tuvo sus maneras de mostrarme que estaba allí, y permitió que esta experiencia cambiara verdaderamente mi vida.

Nunca olvidaré la obra de teatro que presentaron el primer día, esta representaba cómo los jóvenes experimentan un vacío en sus vidas y tratan de llenarlo de muchas maneras equivocadas. Esta obra tocó lo más profundo de mi corazón, sentí cómo Dios me habló a través de ella diciéndome: "Cristina tu no estás sola, hay esperanza, yo estoy aquí, ven a mí y nunca más te sentirás sola". Experimenté un sentimiento de tranquilidad y amor. ¡Ese primer día fue increíble y en adelante estuve muy emocionada de ver lo que cada día tenía guardado para mí!

Cada día tenía un propósito y algo que hacía que mi amor por Dios creciera más- pensaba en mi interior, "Ah! ¡Cómo deseo que cada día de mi vida sea como esto!" Me di cuenta que mi vida sin Dios no tenía sentido. La misa ya no era más una ceremonia aburrida a la que debía asistir, encontré un significado profundo en ella y en los cantos. Sentí vergüenza por todos los años en que desprecié a mi mamá diciéndole “no quiero ir a misa". Y ahí estaba yo en Australia, descubriendo cada día cuán importante es tener a Dios en mi vida.

Pero todo en esta vida tiene un final, sin embargo este final vino con el regalo más grande que podría pedir: la bendición del Papa. ¡Todos los jóvenes reunidos en un estadio gigantesco en la Vigilia esperando la bendición del Santo Padre! En ese momento, recuerdo haberme simplemente arrodillado y cerrado mis ojos. Eso fue todo lo que me tomó para sentir como si fuera la única persona allí recibiendo el poder del Espíritu Santo y a la vez un fuerte alivio. Cuando abrí los ojos parecía que todos alrededor mío habían experimentado lo mismo que yo. ¡Fue tan hermoso! No importó cuán fría estuvo esa noche, porque todos teníamos la esperanza de renovar nuestras vidas y que Dios entrara en ellas.

Hoy con gran orgullo puedo decir que: “mi nombre es Cristina García, tengo 17 años, y soy Católica”. La JMJ cambió mi vida. Sentí que Dios me tomó de la mano y ahora nunca permitirá que nos separemos. ¡Estoy convencida que Él me guiará y me permitirá ser una luz para el mundo! Termino este resumen de mi experiencia con una cita que siempre tendré presente en mi vida, "Con Dios a mi lado todo es posible"”.

Susana Nieto viajó liderando al grupo de jóvenes del Movimiento de Vida Cristiana en Denver.

“Este año, tuve la oportunidad de poder asistir por primera vez a la Jornada Mundial de la Juventud, que se llevó a cabo en Sydney -Australia. Como toda Jornada fue una fiesta de fe, donde jóvenes de todos los rincones del mundo compartíamos lo mas importante: la fe en un mismo Dios.
Desde la llegada al aeropuerto, las subidas y bajadas del tren y de los autobuses la palabra clave era ¡Ehh…Ahh! Where are you from?´ (con el inglés que siempre lo saca a uno de apuros) y de ahí venía un sinnúmero de respuestas: italianos, portugueses, coreanos, filipinos, es más hasta aprendí de un país que ni sabía que existía: Mauritius. Toda esta experiencia cotidiana de conocer gente nueva nos llevaba sobretodo a descubrir, que siendo y viviendo en países tan lejanos, parecía que nos conocíamos de toda la vida. Vivimos en unidad por la fe y parte de una misma familia: la Iglesia.
Al ver tantas banderas juntas-que a veces daba la impresión de un mar de colores -, venia a mi cabeza que en cierta forma nada más bastaba una sola, la de la Cruz del Señor Jesús, la bandera que los mismos apóstoles llevaron y anunciaron con su propia vida.

Creo que también fue una oportunidad bien grande para poder anunciar al Señor Jesús a todos los australianos, desde el testimonio de la alegría que se compartía por toda la ciudad, ó viendo a jóvenes de países que actualmente se encuentran en conflicto que se estrechaban las manos unos a otros, hasta otras situaciones en las que pudimos entablar conversaciones con las personas en los medios de transporte. Fue una experiencia muy bonita el ver como los mismos australianos se abrían al encuentro del otro y nos agradecían el hecho de que llevemos alegría a su ciudad, entusiasmo por la fe.

El Santo Padre nos invitó a ser profetas de esta nueva era. Yo me quedé pensando en la palabra profeta, y es que no dijo “apóstoles” como siempre, o “evangelizadores”, se refirió a profetas. Sí, igual que Juan el Bautista, Isaías y tantos otros que fueron anunciando la llegada del Señor Jesús. Ser profetas del mismo Señor Jesús en el mundo que hoy sufre por que ha quitado del centro de su existencia a quien es el centro de la vida toda. Con esas palabras nos extendió su invitación a anunciarlo y a ser testigos del amor de Dios en el mundo, no sólo en Sydney llevados por el entusiasmo del grupo o por ver al mismo Santo Padre, sino también en cada una de nuestras ciudades, para que así la peregrinación que emprendimos buscando al mismo Cristo, no se quede sólo en unos cuantos días y en un lugar concreto sino que se irradie a toda una vida donde nos esforcemos por continuar esa peregrinación hacia la Santidad, hacia el encuentro pleno con Dios, viviendo día a día el ciento por uno que el Señor nos prometió aquí en la tierra. Por eso digamos con todos los jóvenes del mundo: es Cristo mismo a quien busco y a quien no me cansare de ir a buscar”.

Los jóvenes somos la Iglesia de hoy

Eric Gonzalez, también de la parroquia San Agustín en Brighton, participó de la JMJ 2008 en Sydney-Australia. Más adelante su testimonio después de esta hermosa celebración de la juventud en la Iglesia.
"Al llegar a Sydney lo primero que experimenté fue el gran gozo de ver a tantos jóvenes que con emoción y felicidad esperaban la llegada del Santo Padre a Barangaro. Nunca antes en mi vida había visto a tanta gente expresar su fe a través de cantos y oraciones, especialmente a tantos jóvenes.

Debo confesar que al comienzo tomé este viaje como un tiempo de vacaciones y no como una experiencia religiosa. Pero al poco tiempo de llegar me di cuenta que estaba equivocado. La Jornada Mundial de la Juventud fue una experiencia de encuentro con Dios que me permitió acercarme más a Él, a mi fe y a mis hermanos católicos. Siempre guardaré en mi corazón el momento en que el Santo Padre pasó por donde yo estaba, pues al verlo experimenté una gran paz en mi corazón y algo indescriptible dentro de mí sucedió.

Por otro lado, fue una gran experiencia el poder ver y escuchar las palabras de quien es un gran ejemplo para mi fe. El mensaje del Papa Benedicto XVI fue muy intenso, pero lo que más me tocó fue cuando Su Santidad dijo que nosotros no somos el futuro de la Iglesia sino la Iglesia del hoy, esas palabras me hicieron tomar conciencia que debo estar más involucrado en la Iglesia y darle más tiempo a Dios.

Hacer esta peregrinación a Sydney, Australia, me ha ayudado a ser más agradecido con mi familia y valorar todo lo que me han dado a lo largo de mi vida, no sólo en el aspecto material sino sobretodo apoyándome e involucrándome con mi fe, con Dios”.

 
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Editora: Rossana Goñi
Directora General: Jeanette DeMelo