Existe una controversia muy grande hoy en día en Norteamérica y otras partes del mundo cuando hablamos de la alimentación de pacientes moribundos. Es “sentido común” para muchos de nosotros especialmente los cristianos el dar de comer a los más enfermos porque lo consideramos un acto de amor, compasión y misericordia.
Sin embargo, es cada vez más frecuente que profesionales de la salud en este país y otras partes del mundo expliquen a los familiares que no es importante la nutrición e hidratación del paciente y ante ello promueven que se prive a los moribundos de estos beneficios. De acuerdo a estos profesionales el hidratar o dar de comer a un paciente moribundo sólo incrementa el chance de complicaciones médicas y no beneficia al paciente. A continuación, les explicaremos brevemente por qué es errado decir esto.
Para comenzar podemos decir que legalmente en casi todos los estados en Estados Unidos es posible desconectar la nutrición y la hidratación en los pacientes moribundos. A veces tenemos que recordar que algo sea legal no implica necesariamente que sea algo bueno y este caso moralmente aceptado. Estos precedentes legales fueron establecidos a raíz de los casos de Quinlan (1976) y Cruzan (1990) donde la Corte Suprema permitió que se negara la alimentación y nutrición a enfermos terminales, y sin ir muy lejos en 2005 Teri Schiavo fue desconectada del tubo de nutrición que tenía en el estomago y se le dejo morir sin ninguna hidratación o nutrición con el soporte del poder judicial.
Cuando hablamos de nutrición estamos hablando de alimentar a los pacientes por la boca, sin embargo es muy frecuente que los pacientes moribundos no solo no puedan alimentarse por sí solos sino que también tengamos que alimentarlos con tubos en el estomago, o a veces darles nutrición por las venas (vía endovenosa). Es obvio que siempre es preferible que los pacientes usen la vía oral primero, si no es posible ir luego la vía estomacal y al ultimo la vía endovenosa ya que las dos últimas traen complicaciones médicas. Cuando hablamos de hidratación nos referimos igualmente a la posibilidad de dar fluidos por la boca preferentemente pero a veces tenemos que usar los tubos en el estomago, o la vía endovenosa cuando no quedan otras opciones para los pacientes terminales.
Hoy en día la controversia empieza cuando los médicos, enfermeras o familiares cuestionan la necesidad de alimentar a un paciente moribundo ya que “de todas maneras se va a morir pronto”, esto puede ser que ocurra en horas o en días. Existe también la creencia que hay “compasión” si se le corta la alimentación e hidratación a un paciente y se le deja morir en paz porque así “morirá más rápido y sufrirá menos”. Respecto al paciente, muchas veces ellos están tan enfermos que no se dan cuenta del hambre o la sed pero es frecuente que si sientan estas necesidades y que esto empeore si no les proveemos la alimentación o los fluidos. Básicamente creo que todos estamos de acuerdo que a ninguno de nosotros nos gustaría morir sintiendo hambre y sed por horas o días. Entonces hoy en día todos nosotros como familiares o amigos de estos pacientes terminales o cristianos comprometidos debemos decidir cuál es la postura más adecuada para estas circunstancias.
Hay muchos procedimientos médicos que se pueden hacer en pacientes gravemente enfermos además de la hidratación y nutrición, estos incluyen la resucitación cardiorespiratoria, el uso de ventiladores, las transfusiones de sangre o el uso de hemodiálisis entre otros. Generalmente en Estados Unidos se le pide a los pacientes severamente enfermos o con enfermedades incurables que establezcan su voluntad (“Living will” o “testamento de vida”) con respecto al uso de estos tratamientos sobretodo resucitación cardiopulmonar en el caso de que lo necesiten, la idea es evitar el uso de procedimientos innecesarios, invasivos y agresivos que prolonguen inútilmente la vida de los pacientes, causen mas sufrimiento a ellos o las familias, y que se los deje morir en paz. Los cristianos estamos de acuerdo que es moralmente licito el no usar procedimientos invasivos y agresivos en pacientes moribundos ya que estos fútilmente solo prolongarían el sufrimiento de los pacientes.
Sin embargo, para los cristianos la hidratación y la alimentación de los pacientes terminales es un signo de amor, compasión y misericordia. Podría ser cierto que el uso de fluidos y alimentos no benefician al paciente, ni le prolonga la vida, pero cuando alimentamos o hidratamos a nuestros seres queridos en el lecho de muerte no estamos buscando solucionar los problemas que la medicina no ha podido hacer, simplemente estamos aliviando la sensación de hambre y sed del moribundo y estamos demostrándole cariño y dándole compañía en el lecho de muerte.
El Papa Juan Pablo II fue muy específico y concreto al respecto. Él claramente estableció que era un acto de compasión cristiana el dar de comer y beber a los enfermos y que no era moralmente correcto dejarlos morir de hambre o de sed.
El Dr. Luis E. Ráez es American Board Certified en Medicina Interna y Oncología Médica, y trabaja como profesor asociado en la División de Hematología Clínica y Oncología Médica del departamento de Medicina de la Universidad de Miami, donde también es Director de las Clínicas de Hematología y Oncología Médica. |