¡No hay nada que temer!
El Señor Jesús Resucitó, alégrate por sus bendiciones
Por Rossana Goñi
Como a muchos de nosotros, católicos, me agrada mucho conocer y leer vidas de santos. Hombres y mujeres como nosotros, que se esforzaron ardorosamente para conformar sus vidas con quien es la Vida -el Señor Jesús- y así alcanzaron el Cielo.
Entre todos estos santos, como muchos de ustedes, tengo mis “favoritos”, aquellos con los que me siento más cercana, hacia quienes experimento una mayor afinidad.
He experimentado que a lo largo de los años me he ido haciendo más y más amiga, de ellos como es natural en toda amistad. Porque la verdadera amistad es aquella fundada y centrada en el Señor Jesús, es aquella relación en la que busco que mi amigo o amiga se santifique... sino ¿de qué vale la amistad?
Mis amigos en el cielo ya lograron la victoria, y ahora ellos me ayudan a que algún día alcance la Patria Celestial tan anhelada.
En este tiempo de Pascua quiero contarles que entre mis amigos en el Cielo, hay uno que desde el día en el que leí sus escritos por primera vez, llamaron mi atención. Estoy hablando de San Francisco de Sales, conocido como “el Santo de la Alegría”. Quizá algunos de ustedes conozcan algunas de sus obras más famosas como “Introducción a la Vida Devota” o “El Tratado del Amor de Dios”. Existe además una hermosa recopilación de sus cartas baja el título de “Hacia las Fuentes de la Alegría”.
Casi de casualidad, durante la pasada Cuaresma, retomé algunas de sus obras que me renovaron en la realidad de esta gran verdad cristiana: la importancia de estar siempre alegre.
¡Estar siempre alegres! ¡Que importante es expresar la alegría cristiana! sonreír en la vida, no encerrarse en uno mismo, en problemas o dificultades; sino salir al encuentro de los demás. La alegría cristiana nos impulsa a no mirarnos tanto a nosotros mismos, sino a dejarnos impulsar por el amor de Dios para vivir con generosidad la entrega a los demás, para ayudarlos a encontrar a Jesús y ayudarlos a alcanzar el cielo. Así es como la alegría no sólo expresa el amor sino que ES amor.
Es en esa donación de mi ser donde descubro realmente quién soy. Pero esto no es fácil de vivir en el día a día, sobre todo cuando las exigencias de la vida diaria nos presionan en diversas direcciones.
Pero necesitamos recuperar el verdadero sentido de la alegría cristiana, que nos llega con la victoria de la Resurrección de Jesús. Si viviéramos esa realidad de la victoria de Jesús en nuestras vidas ¿no estaríamos siempre sonriendo? ¿No gozaríamos cuando se presenta la oportunidad de ayudar a un amigo, una amiga que lo necesita? ¿No vibraría nuestro corazón y nuestro rostro de alegría al ver la libertad de los niños, en sus gestos y expresiones?
Hay tantos motivos por los que estar alegres. A veces en las cosas sencillas del día a día tenemos tanto por qué sonreír… pero las ocupaciones, el ruido o “mis” preocupaciones, me roban la hermosa oportunidad de sonreír no sólo para los demás, sino para mí mismo.
Este tiempo que nos regala la Iglesia, es un tiempo de particular alegría. ¡La alegría, el gozo de la Resurrección del Señor! Son 50 días de fiesta: Sí, el Señor está vivo, está aquí, nos ama y nos quiere ver alegres. No hay nada que temer, el Señor ha resucitado.
San Francisco de Sales decía que “la santa alegría, es común a las almas que no tienen nada que reprocharse y que no niegan nada a Dios”. No le niegues nada a Dios, nada. Recuerda que todo lo que Él va permitiendo en nuestras vidas es su Plan de Amor. No le niegues a Él regalarle una sonrisa a pesar que vivamos situaciones difíciles, duras o dolorosas. No le niegues nada a Dios, cuando Él nos lo dio todo. San Francisco también decía “…para ser devoto, no sólo hay que querer cumplir la voluntad de Dios, sino hacerlo con alegría”. Ser cristiano, no es sólo vivir el día a día cumpliendo con las oraciones o participando de la Eucaristía dominical, o recibiendo los Sacramentos. Cuando lo hagamos, ¡hagámoslo alegres! Porque van a darse momentos en los que no es fácil, pero nuestros corazones estarán alegres... a pesar que duela. Es que ser cristiano no es fácil. Por ello, “hay que buscar lo que Dios quiere y, una vez sabido, tratar de hacerlo con alegría o, al menos, con valor”, decía el santo.
Pero San Francisco de Sales no ha sido el único santo que nos ha compartido sobre el don de la alegría para el cristiano. Hay otros santos que se han sabido amados por Dios y lo han amado a Él y a su Plan.
Hay una frase tan sencilla como hermosa del Padre San Alberto Hurtado, santo de nuestro tiempo, nacido en Chile. El Padre Hurtado decía y se decía a sí mismo que había que mantenerse “contento, Señor contento”, en el día a día.
O la querida Beata Madre Teresa de Calcuta, en un libro publicado recientemente bajo el título “Ven y sé mi luz”, ella relata los años de “noches oscuras” espirituales que experimentó… pero a pesar de ello siempre hubo una sonrisa en su rostro. Sencilla, humilde servidora de Dios y de los demás y con una sonrisa. La santa de los pobres decía en una de sus reflexiones “estoy lista para aceptar todo lo que Él me da y dar todo lo que Él me pida con una gran sonrisa”.
¡Qué tengan una FELIZ PASCUA de Resurrección! No olvidemos de estar siempre alegres. Y en momentos difíciles, abracemos con mayor fuerza la cruz del Señor, para estar más cerca de Él, la Fuente de la Alegría. |