Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Setiembre 2007

Nuestra Iglesia

La exaltación de la Santa Cruz
Sobre el sentido de la Cruz en la vida de todo cristiano

Por Jorge Luna

El 14 de septiembre se celebra la exaltación de la Cruz. ¿Pero por qué los cristianos celebramos un signo de tortura y de muerte? A veces escuchamos este tipo de críticas cuando en realidad si meditamos detenidamente en el significado de lo que celebramos diríamos ¿Qué sería de nosotros sin la cruz?

El sufrimiento, el dolor y finalmente la muerte son realidades que nos acompañan en la vida diaria. Son realidades de las que no podemos escapar por más progreso tecnológico que hayamos alcanzado. Hace poco menos de un mes hemos sido testigos de un terremoto de impresionante fuerza en la costa del Perú. Terremoto que ha dejado como saldo muertos, heridos, y muchísimo daño material. ¿Cómo explicarnos tanto dolor y sufrimiento?

Precisamente, Dios en su inmenso amor quiso hacerse hombre como nosotros. Y padeció todo como nosotros menos el pecado, para solidarizarse con nosotros. Al levantar nuestra mirada y ver a Cristo crucificado por nosotros vemos a Dios que nos acompaña especialmente en nuestros sufrimientos, vemos su amor por nosotros en la Cruz.
De esta manera, la cruz se convierte para el cristiano en símbolo de esperanza, de consuelo, de solidaridad. Es mediante la cruz que Dios venció a la muerte y nos alcanzó la salvación. Es por eso que la Cruz es tan querida especialmente en los lugares donde el sufrimiento es mayor. Y como mencionábamos más arriba, ante la realidad fehaciente del dolor humano ¿qué haríamos sin la cruz?

Sin la cruz no habría esperanza, y lamentablemente ese es uno de los males del tiempo moderno, porque el hombre se va de cara contra la realidad de que hay cosas que no puede controlar en su vida, cosas inesperadas y la mayor de ella es la muerte. Así el Señor al morir por nosotros y por nuestros pecados nos enseña que Él es más poderoso que la muerte y que Él nos acompaña en nuestros sufrimientos.

Al pie de la Cruz estaba María
Pero la bondad del Señor no se agota ahí, porque también quiso dejarnos el ejemplo de su Madre. María a lo largo de su vida fue aprendiendo la pedagogía del Señor. Fue aprendiendo a descifrar sus designios. María aprendió a afrontar el dolor con esperanza, y la mayor prueba que tuvo que pasar fue al pie de la cruz.

La Madre Dolorosa, a quien se le había profetizado que una espada traspasaría su corazón, afronta un dolor terrible, el de ver a su querido hijo crucificado, pero la sostiene la certeza de la fe. Esa fe que nos dice que Dios nunca nos abandona y que nutre nuestra esperanza en su amor incondicional.

Ella también nos acompaña en todos nuestros sufrimientos y dolores con sus cuidados de Madre. Ella sabe lo que es sufrir por eso sabe como consolarnos. En el ejemplo del Señor Jesús y de su Madre, la primera y más perfecta discípula vemos como el sufrimiento se transforma en amor, en entrega, en generosidad. Y eso es precisamente lo que la Cruz nos recuerda, que debemos afrontar todo con amor.

¿Por qué el 14 de septiembre?
El 14 de septiembre se recuerda dos acontecimientos relacionados con la Santa Cruz. El primero corresponde al descubrimiento de la Cruz realizado por Santa Elena, madre del emperador Constantino el Grande, ocurrido el 14 de septiembre del año 320. Tras el descubrimiento, Santa Elena mandó construir la basílica del Santo Sepulcro.
El segundo acontecimiento recuerda la recuperación de la Cruz de manos de los persas en el año 614 por el emperador Heraclio. Al llegar de nuevo la Santa Cruz a Jerusalén, el emperador decidió acompañarla en procesión, pero vestido con todos los lujosos ornamentos reales, de pronto se dio cuenta de que no era capaz de avanzar. Entonces el Arzobispo de Jerusalén, Zacarías, le dijo: “Es que todo ese lujo de vestidos que lleva, están en desacuerdo con el aspecto humilde y doloroso de Cristo, cuando iba cargando la cruz por estas calles”. Entonces el emperador se despojó de su manto de lujo y de su corona de oro, y descalzo, empezó a recorrer así las calles y pudo seguir en la procesión.
Después de esto, para evitar nuevos robos, la Santa Cruz fue partida en varios pedazos. Uno fue llevado a Roma, otro a Constantinopla, y otro se dejó en un hermoso cofre de plata en Jerusalén. Otro se partió en pequeñísimas astillas para repartirlas en diversas iglesias del mundo entero.

La devoción de santiguarse
Cuentan que a San Antonio Abad le sucedió que el demonio lo atacaba con tentaciones y que un día, angustiado por tantos ataques, se le ocurrió hacerse la señal de la Cruz, y el demonio se alejó. En adelante cada vez que le llegaban los ataques diabólicos, el santo hacía la señal de la cruz y el enemigo huía. Y dicen que entonces empezó la costumbre de hacer la señal de la cruz para librarse de males.

Nosotros como católicos tenemos la devoción de santiguarnos o persignarnos, de hacer la señal de la Cruz en distintas ocasiones. Y este acto tiene que tener un sentido profundo para nosotros. Más que ser una costumbre o un amuleto, debe recordarnos el sacrificio del Señor, el llamado que nos hace a amar y a tener esperanza. La señal de la Cruz nos recuerda que Dios nunca nos abandona y que Él es más poderoso que el mal y que la muerte, es por eso que vemos en la Tradición de la Iglesia como ha sido usada por tantos hermanos.

Que esta celebración nos ayude a afrontar nuestra vida diaria con esperanza y generosidad. Y que esa esperanza y generosidad nos lleven a ser testimonio de alegría en un mundo que azotado por tantos conflictos, dolores y sufrimientos, necesita cada vez más de ese testimonio de alegría y de esperanza. La alegría y esperanza que brotan de la Cruz.


 
 

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