Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Setiembre 2007

Actividades

¿Nos escucha Dios cuando a Él clamamos?
Es tiempo que se tenga una fe más sólida y dejar de manifestar con las acciones que no se necesita más de Dios

Por el Padre Jorge de los santos

En fechas recientes, después de estar plenamente con la confianza que obtendríamos una reforma en las leyes de inmigración en este país, cuando pensábamos que estaba cerca la solución al status migratorio de millones de personas, ahora el panorama ha cambiado drásticamente porque enfrentamos una situación contraria a toda lógica, pareciese que estuviéramos en uno de los peores momentos de la conciencia humana, como si retrocediéramos en el tiempo a aquellas épocas irracionales de persecución y de prejuicios raciales, que la historia misma se ha encargado de demostrar cuan nefastas han sido, épocas que parecían estar superadas y que pertenecían al pasado pero que ahora se muestran tan vivas como antes. Como si esta sociedad insistiera en ignorar el progreso realizado por la humanidad en años y años de reivindicación de los más elementales derechos de los seres humanos. Mundo que se llama a sí mismo desarrollado pero que a mi gusto merecería que se le llamara mundo de desarrollo viciado donde personas que por la posición de servicio que ocupan deberían de distinguirse por su integridad y filantropía, por su compromiso con la verdad y la justicia pero actualmente han traicionado su sublime misión enfocando sus capacidades sólo en valorar aquellas cosas que no tienen vida y de desvalorar la vida en sí misma. Sí, este es el mundo de ensueño (porque no debería ser real), éste es el primer mundo hablando en sentido material, pero el mundo bajo hablando en el sentido humano. Este mundo que debería gloriarse de tener bases cristianas pero, contrariamente a ello, nunca ha podido entender lo que significa que “el Sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el Sábado”.

Nuestros legisladores deben abrir los ojos y en forma objetiva mirar la realidad, no dejarse llevar por criterios que sólo obedecen a intereses personales o políticos sino tener siempre como criterio el bien común de la entera sociedad, y no ser guías ciegos que no sepan dar el correcto valor a personas que han llegado aquí con la intención no de delinquir, sino con el firme propósito de trabajar y generar un beneficio recíproco; personas que han llegado con la esperanza de encontrar mejores oportunidades de vida y no de enfrentar humillaciones y discriminación; personas que buscan el vivir en la confianza y no bajo la sombra del miedo y del temor; de vivir con un sentido de libertad y no bajo un régimen de persecución.

No entiendo a esta sociedad que no ha podido comprender que somos seres plenamente humanos con una dignidad igual a aquellos que son de diferente color, tradiciones y creencias. Somos seres humanos que no pierden la esperanza de crear un mundo mejor, que creen sólidamente en la fraternidad y en la sana convivencia, somos aquellos que sabemos descubrir el valor de la riqueza interior y trascendente en contraste con aquellos que hacen de la riqueza material su principal objetivo de vida; somos aquellos capaces de restituir, a esta sociedad del “primer mundo”, aquellos valores que les pueden salvar de la degradación o de la autodestrucción.

Por otra parte, toca a nosotros latinos reforzar nuestras convicciones religiosas, nuestra fe debe ser nuevamente el pilar de nuestras vidas, esto debe ser siempre parte de nuestra identidad. Dios es quien todo lo puede y para Él no hay nada imposible, Él es quien todo lo sabe, pero la mayoría de los hispanos han caído en la incredulidad o en la duda, y han confiado más en el poder de los hombres que en el poder de Dios, a Dios lo hemos echado fuera de nuestras vidas y sólo lo buscamos cuando lo necesitamos o cuando nos conviene o en el peor de los casos, buscamos a Dios cuando ya no nos queda otra alternativa y después de que no se ha confiado en Él si las cosas no resultan como uno quería, se cuestiona el poder, la sabiduría y hasta la buena voluntad de Dios. Por ejemplo, tantas personas se han acercado a mí para decirme que: Dios no nos escucha porque no se realizó la reforma a las leyes de inmigración que tanto iban a beneficiar a los hispanos, y me han dicho: ¿dónde está Dios, dónde está su poder, dónde está su amor por nosotros? Y yo les he contestado, con el corazón partido: y ¿dónde están los hijos de Dios? Yo fui testigo de cuántos miles y miles de gentes salieron a la calle gritando y levantando el puño y hasta uniformándose y llevando banderas, y no critico esta acción, al contrario, la apoyo plenamente, pero lo que me desilusiona es que cuando fueron convocados a la Casa del Señor, en la Parroquia Reina de la Paz para la Eucaristía como en la Vigilia de Oración en Catedral para pedir por una reforma a las leyes de inmigración, no asistió ni el 1% de los que salieron a la calle para manifestar su fuerza. ¿Cual es el mensaje? ¡Confío más en el poder de los hombres que en el poder de Dios! He ahí los resultados, espero que hayamos aprendido la lección, regresemos al Señor con una fe cada vez más sólida y dejemos de manifestar con nuestras acciones que no necesitamos a DIOS.


 
 

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