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Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Octubre 2007

Opinión

Demografía es destino
Católicos hispanos impactan a la sociedad estadounidense

Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput, O.F.M. Cap

La siguiente columna de opinión ha sido adaptada de los comentarios que el Arzobispo Charles J. Chaput, O.F.M.Cap. ofreció en la reunión que líderes hispanos católicos tuvieron en la Casa de Retiro y Centro de Conferencias Saint Malo el pasado 7 de Septiembre.

Antes que nada quisiera poner ante ustedes algunos hechos.
En primer lugar, es obvio que los hispanos y otros inmigrantes juegan hoy un rol prominente en la población y crecimiento económico estadounidense. Los empresarios hispanos son esenciales en este crecimiento. Empresas de propietarios hispanos crecieron 31% entre 1997 y 2002, ello triplica el promedio nacional del crecimiento en el país. Los negocios de propietarios latinos se han incrementado seis veces más, que el promedio de negocios a nivel nacional. Dos millones de empresas hispanas generaron cerca de $ 222 billones de ganancias el año pasado; ello es 19% más que en 1997. El desempleo hispano está históricamente en bajos niveles, y trabajadores latinos continúan llenando posiciones desempleadas y escasez de mano de obra en sectores importantes de nuestra economía nacional.

En segundo lugar, los hispanos que compran energía en Estados Unidos alcanzaron una cifra un poco menor a $ 800 billones en 2006. Escasamente excederá ese récord en el 2007. En el 2015, la compra de energía por parte de hispanos alcanzará a lo más $ 1.5 trillones anualmente. La comunidad hispana está empezando también a marcar una tendencia en la música, la comida y la cultura pop americana. Muy poca gente hubiese predicho hace 15 años que la “salsa” hubiese vendido más que el condimento americano No. 1, el ketchup, pero esa es la realidad. Y las tortillas ahora se venden en muchos miles más que el pan blanco, en supermercados en el país.

En tercer lugar, este patrón de crecimiento acelerado, tiene un gran impacto en nuestra Iglesia católica local y nacional. Más del 70% de los 42 millones de hispanos en Estados Unidos son católicos. La mayoría de ellos son jóvenes. Asimismo, el 70% del crecimiento de la población católica en Estados Unidos en las últimas décadas ha sido debido al alto índice de nacimientos e inmigración hispana.

Por muchos años, el ministerio pastoral, la reflexión teológica y la participación actual de los hispanos en la Iglesia ha sido, de alguna manera, moldeada con un espíritu de confrontación; una teología que refuerza el sentido hispano de alineación y discriminación. Definitivamente, aquellos sentimientos rencorosos han estado frecuentemente enraizados en sufrimientos e injusticias reales serias. Pero a largo plazo, el resentimiento nunca es una fuente de vida o un signo de fuerza. Hoy en día, el paisaje estadounidense ha cambiado. La demografía es el destino. En el futuro, los católicos hispanos tendrán una influencia muy seria en la dirección que tomará la sociedad estadounidense. Es por ello que creo que es tiempo para los hispanos, en general, y para los hispanos líderes en particular, que tomen el rol que merecen y que han ganado en la misión de la Iglesia.
Los líderes católicos hispanos tienen una oportunidad extraordinaria para enseñar a través de su ejemplo de fe y generosidad. Estados Unidos hoy es muy diferente a Estados Unidos hace 50 años. El tiempo en el que vivimos ahora tiene ventajas únicas y también peligros reales para la dignidad humana. Para los católicos estadounidenses de toda raza y pasado geográfico, nuestra fe necesita ser nuestro pegamento de unidad y nuestra identidad común para hacer una sociedad más humana y justa.

Nuestra identidad común católica no disminuye la importancia de la diversidad en la Iglesia. Por el contrario, debe animarnos a todos a ser agradecidos por los talentos y experiencias de otros, así como por los nuestros.

Pero al fin y al cabo, lo que importa en la vida son las creencias que tenemos en común: la importancia de la familia y buenos amigos; la dignidad del buen trabajo, la santidad de la persona humana, especialmente de los más débiles y la meta de conocer y amar a Dios, y estar con Él cuando nuestras vidas terminen. No hay color de piel o acento extranjero en alguno de estos profundos anhelos humanos. En estas cosas, lo importante es que todos hablamos el mismo idioma. Mi esperanza para los empresarios líderes hispanos es que Dios guíe a cada uno de ustedes para que verdaderamente sean los católicos líderes que Dios quiere que sean.


 
 

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