Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Octubre 2007

Nuestra Iglesia

Jesús de la mano de su Madre

Por Jorge Luna

El meditar en la advocación de María, como Virgen del Rosario nos remite a un aspecto de la vida de la Madre de Jesús muy hermoso y ejemplar: María, meditando en su corazón los misterios de la vida del Señor. María rezando, tratando de entender los planes de Dios. Y es que en la meditación del Rosario repasamos los misterios de la vida del Señor tratándolos de entender cada vez con mayor profundidad, y lo hacemos de la mano de María. ¡Quién mejor para acompañarnos en este ejercicio sino quien estuvo presente y fue protagonista junto con su Hijo de estos acontecimientos! Y ella no sólo nos acompaña sino que nos guía y nos quiere adentrar en los misterios de su Hijo, porque esa es su misión. La Virgen del Rosario realiza de este modo su obra de anunciar a Cristo a todos los que se le acercan con devoción.

Y es que en el Rosario se anuncian los misterios de la vida del Señor y se profundizan. Convirtiéndose así en una ocasión eficaz de meditación y contemplación, pero también de catequesis para los que participan.

El mes de octubre nos trae la fiesta de la Bienaventurada Virgen María del Santísimo Rosario o Nuestra Señora del Rosario, el día 7 del mes.

Esta devoción fue especialmente difundida y practicada por los hijos de Santo Domingo de Guzmán, quienes tomaron esta advocación como protectora y titular de la Orden de Predicadores, conocida popularmente como los Dominicos, por su fundador.

La celebración fue instituida dentro de la liturgia cristiana, por el Papa dominico San Pío V en el año 1572. Su sucesor Gregorio XIII, el 1 de abril de 1593, extendió la Fiesta del Rosario a todas las Iglesias y Capillas en que estuviera erigida la Cofradía. Clemente XI, en 1716, extendió la Solemnidad a la Iglesia Universal, unida al primer domingo de Octubre. Más tarde, quedó fijado en el Calendario de la Iglesia Universal el día 7 de Octubre, que conmemora la Batalla de Lepanto, también conocido por Nuestra Señora de la Victoria del Rosario.

Y es que la Iglesia ha visto siempre en la oración del Rosario una “particular eficacia, confiando las causas más difíciles a su recitación comunitaria y a su práctica constante. En momentos en los que la cristiandad misma estaba amenazada, se atribuyó a la fuerza de esta oración la liberación del peligro y la Virgen del Rosario fue considerada como propiciadora de la salvación”.

En nuestro continente Americano, nuestros hermanos guatemaltecos tienen una especial devoción a Nuestra Señora del Rosario, quien es su patrona. Y cuya devoción se remonta al ano 1559, en que fue fundada la primera cofradía del Rosario.

Cuentan los devotos que la Virgen tiene un hermoso rostro que cambia su color rosado encendido a otro mucho más pálido cuando surge algún conflicto o se aproxima alguna desgracia para la nación.

Nuestra Señora del Rosario fue declarada patrona de Santiago, hoy Antigua Guatemala, en 1651 con ocasión de los temblores que azotaron la ciudad. Luego, en 1717 y 1773, la imagen fue restaurada, debido a los daños ocasionados por los terremotos de Santa Marta.

El 1 de enero de 1776, con la instalación de los dominicos en la Nueva Guatemala, hoy la capital del país, la imagen fue trasladada al templo de Santo Domingo en la ciudad de Guatemala, donde se encuentra actualmente. Los caudillos de la independencia la escogieron en 1821 como Patrona, cuando reunidos en los claustros de Belén, bajo las órdenes de Juan de la Concepción, determinaron liberar a su país.

La Virgen del Rosario fue solemnemente declarada "Reina de Guatemala" en 1833 y coronada canónicamente por Monseñor Luis Durou y Sure el 28 de enero de 1934.


 
 

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