Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Octubre 2007

Jóvenes en acción

¿Es tu fe la de un niño de quinto grado?

Por Abraham Morales

Uno de los programas de TV más visto este verano fue Are you smarter than a fifth grader? ¿Eres más listo que un niño de quinto grado? Se trata de un programa de concursos donde un adulto compite contra un grupo de niños de quinto grado escolar respondiendo a preguntas de interés general. Si el adulto gana, se lleva un millón de dólares. Como te has de imaginar, los niños resultan ser más inteligentes que los adultos y hasta donde yo sé, nadie se ha llevado todavía el millón. Entonces la respuesta a la pregunta del programa es: no, los adultos que compiten ahí, no son más inteligentes que un niño de 10 años...

¿Tu qué crees que pasaría si hiciéramos un programa similar, pero relacionado con nuestra fe? Se podría llamar: ¿Es tu fe la de un niño de quinto grado? Y esto se puede ver de dos formas: la primera, y de una manera muy positiva, recordándonos las palabras de Jesús invitándonos a ser como niños para entrar al Reino. En este sentido, ¡ojalá tuviéramos la transparencia, sencillez, pureza y honradez de un niño para vivir nuestra fe de esa manera! Pero la otra manera que podemos ver, y a la que quisiera enfocar este show es un poco más a lo que aprendemos y conocemos de Jesús y nuestra Iglesia. Cuando vamos al Catecismo siendo niños nos enseñan ciertas cosas básicas sobre nuestra fe, sobre todo cuando nos preparamos para recibir la Primera Comunión. Y muchos nos quedamos con lo que aprendimos de niños y ya nunca más nos volvemos a acercar a recibir algún tipo de preparación o crecimiento sobre nuestra fe. Entonces crecemos, nos hacemos jóvenes, adultos, mayores, viejecitos, pero lo que aprendimos del Señor se queda en sólo lo que recibimos allá cuando éramos niños. Pero al dejar de ser niños y seguir aprendiendo en la escuela y sobre la vida, ¿no crees que también nuestro conocimiento de Dios debería ir creciendo?. Cuando lo vemos así de simple, yo creo que podemos decir, pues claro, es lógico que también vaya creciendo nuestra fe, al igual que vamos madurando como personas. El problema es que no crecemos en la fe. Maduramos como personas, cambiamos físicamente, pero las “cosas de Dios” las dejamos a un lado, creemos que aquello que nos dieron en la educación religiosa (catecismo) cuando éramos niños de 8 ó 9 años, será suficiente para sostener nuestra vida espiritual para el resto de nuestros días. ¡Qué ingenuos!, ¿No crees?

No sé si sabías, por ejemplo, que hay varias versiones de la Biblia católica. Y no porque sean distintas. Las “versiones” son porque los mismos libros han sido escritos (traducidos) adecuados para distintos tipos de personas. Hay Biblias adaptadas para niños, Biblia escrita en lenguaje más sencillo para jóvenes, otra Biblia para adultos pero en lenguaje común, otra para un poco más estudiosos y otra con palabras más complejas. ¿Te fijas?, es la misma Palabra de Dios sólo en palabras que adecuan a cada etapa de la vida. El sueño ideal sería que nosotros fuéramos creciendo en la fe, así como la Biblia, que las palabras para niño ya no nos sean suficientes, luego las de joven, después las de adulto más sencillas y podamos llegar a esas con palabras más complejas. La realidad es que necesitamos despertar de la mentalidad de “la fe de un niño de quinto grado”. Hay gente que se queja que en la Iglesia no hay donde aprender más, pero los que se quejan no hacen más que eso, quejarse. Porque si buscaran un poquito nada más encontrarían la infinidad de recursos que la Iglesia tiene. En especial nuestra Arquidiócesis de Denver. Para empezar, las parroquias con programas de grupos de jóvenes y Confirmación, con grupos de estudios de la Biblia, grupos de oración, catequesis para adultos, etc. Y a escala diocesana contamos con un centro de formación especial para nosotros los hispanos: el Centro San Juan Diego. En pocas palabras, para el que quiera realmente crecer en la fe, existen los recursos. O tú sabrás si quieres seguir jugando, y perdiendo en el show “¿Es tu fe la de un niño de quinto grado?”

Es cierto, no es lo mucho que sabemos lo que nos va a salvar, sino nuestro amor a Dios y nuestra respuesta a su amor a través de nuestra fe y obras. Pero ese amor a Dios se alimenta de conocerlo. ¿Cómo lo vamos a amar si no lo conocemos? O si lo conocemos nomás por lo que nos platicaron de Él cuando éramos niños, pero no nos hemos dado la oportunidad de encontrarnos personalmente y después seguir aprendiendo de Él.


 
 

Publicación en español de la
Arquidiócesis de Denver

E-mail: elpueblo@archden.org
Editora:
Rossana Goñi
Directora General:
Jeanette DeMelo