El Adviento, tiempo de espera
Por Jorge Luna
Se acerca ya el tiempo de Adviento y Navidad. Muchos sabemos que el Adviento es un tiempo especial de preparación para la venida del Señor Jesús, sin embargo cuán habituados estamos al término «adviento»; hemos escuchado muchas veces qué significa; pero precisamente por el hecho de estar tan familiarizados con él, quizá no llegamos a captar toda la riqueza que encierra dicho concepto.
Adviento quiere decir «venida». Por lo tanto, debemos preguntarnos: ¿Quién es el que viene?, y ¿para quién viene?
En seguida encontramos la respuesta a esta pregunta. Hasta los niños saben que es Jesús quien viene para ellos y para todos los hombres. Viene una noche en Belén, nace en una gruta que se utilizaba como establo para el ganado. La respuesta a la segunda pregunta también parece fácil de responder, Jesús viene para salvarnos. Sin embargo hay quienes dudan y parecen ajenos a la verdad que encierra la Navidad, aunque participen de su alegría. Justamente para esto disponemos del tiempo de Adviento, para que podamos penetrar en esta verdad esencial del cristianismo todos los años. Por eso es necesario que este tiempo de adviento tratemos de hacernos un espacio de reflexión en nuestras vidas, donde realmente nos preguntemos profundamente ¿Quién es el que viene? y ¿Para quién viene?
El hecho de que Dios se haga hombre podría parecernos algo muy normal, cuando en verdad es el acontecimiento más asombroso en la historia de la humanidad. El centro y culmen de la historia humana y también de nuestra fe.
Este misterio toca aspectos centrales de lo que creemos como cristianos, tales como la relación entre Dios y el hombre. El cristianismo brota de una relación particular recíproca entre Dios y el ser humano. En efecto, para el cristianismo el hombre está al centro porque Dios está al centro de todo. Y es el misterio de la Encarnación (Dios que se hace hombre) el que explica por sí mismo esta relación. Es por esta razón que el cristianismo no es sólo una «religión de adviento», sino el Adviento mismo. Es Dios que viene a nosotros constantemente y nosotros quienes respondemos a su venida. Dios que viene a nosotros desde el principio de la Creación, y que lo sigue haciendo a través de la historia de la Salvación, de manera especial cuando mandó a su Hijo a nosotros.
El tiempo de Adviento es un tiempo propicio para aprender a vivir esta realidad de nuestra fe. Dios que realmente viene a nosotros, es una realidad profunda y sencilla al mismo tiempo, que resulta cercana a la comprensión y a la sensibilidad de todos los hombres y sobre todo de quien sabe hacerse niño con ocasión de la noche de Navidad. No en vano dijo Jesús una vez: «Si no os volviereis y os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 18, 3).
Preparémonos pues con corazones de niños para poder recibir al Señor al final del Adviento, y que nuestras vidas se conviertan también en una constante preparación para el encuentro con el Señor Jesús.
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