Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Noviembre 2007

Espiritualidad

Liderazgo al estilo de Jesús
La santidad es un llamado para todos los bautizados

Por Luis Soto

En el mes de Septiembre, Luis Soto presentó la primera parte de esta columna. Ahora les ofrecemos la segunda y última parte de esta reflexión.

Jesús llamó a sus discípulos para que estuvieran con él, para que lo vieran actuar y para que lo vieran orar. El conocimiento, según Jesús, se obtiene no por la explicación, sino por la asociación, por estar con él. No quiere decir que el líder no debe estudiar, sino que debe, ante todo, estar a los pies del maestro. Una acción vale más que mil palabras. Definitivamente el contacto personal, el estar con Dios, debe ser la clave. No hay substituto para el estar con la gente, no se hace nada a distancia.

Los seguidores tienen que seguir al maestro y confiar en él. Ser fieles en cada aspecto de su vida. Seguir a Jesús significa la sumisión total a su maestro, a su soberanía, la obediencia a su voluntad en todos los aspectos de su vida. Ningún sirviente puede tener dos maestros (Lc 16,1). Había que estar dispuestos a morir por el maestro. No todos podían hacerlo, pero todos estaban llamados a hacerlo. Ellos contestaban, esto es muy duro, ¿quién puede hacerlo? (Jn 6,60), pero Jesús no acomodó las exigencias a sus expectativas. Lo que Jesús estaba formando eran los líderes para el Reino de Dios y en esto no podía haber complacencias. Muchos se excusaron, pero Jesús no bajó las exigencias. Muchos lo dejaron y Jesús preguntó a los que se quedaron, “¿Ustedes también quieren dejarme?” (Jn 6,67).

Esto no quiere decir que ellos entendían todo lo que el Maestro decía, pero le obedecían. Obedecer es aprender. La obediencia se expresa con amor: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos” (Jn 14,15-24; 15,10-12). La absoluta obediencia a la voluntad de Dios fue demostrada por Jesús mismo en su misión. Nadie puede ser líder, si antes no ha aprendido a seguir y obedecer a un líder. Aplicado hoy, no podemos jugar con los mandamientos de Cristo. Cada día que vivimos en indiferencia es un día perdido para la causa de Cristo, su Reino. Como discípulos no estamos para juzgar sus palabras, sino para vivirlas. En el seguimiento necesitamos ser totalmente para Cristo, sin divisiones en el corazón. Ellos se dieron cuenta que para el maestro ningún servicio era muy pequeño y ningún sacrificio muy grande para la gloria de Dios.

Jesús no sólo les dijo, sino que les mostró cómo vivir. Sabía muy bien lo que era importante para un seguidor. Más de 20 veces en los Evangelios se menciona que Jesús oraba y se dejaba ver orando por los discípulos. Este era un secreto muy poderoso que Jesús quería que sus discípulos supieran. Sesenta y seis veces Jesús hace referencia a las Sagradas Escrituras cuando habla con sus discípulos y más de 90 alusiones cuando habla con otros. Su vida era una enseñanza. Jesús nunca pidió que hicieran algo y practicaran algo, que Él no practicaba o hacía. Hoy en día debemos hacer lo mismo. No podemos esperar que la gente haga lo que queremos si nosotros no lo hacemos primero. Nos seguirán igual como seguimos a Jesús.

Jesús no lo hizo todo, los puso a trabajar. Cuando los llamó, no les dijo nada sobre la evangelización del mundo entero. Dejó que lo escucharan, que lo vieran trabajar y después les dijo que tenían que hacer lo mismo. Durante el primer año no hacían nada más que estar con Jesús viéndolo trabajar. Fue hasta después que hicieron lo suyo. Quizás esta paciencia debemos seguirla con los nuevos convertidos. Los llamó porque serían pescadores de hombres, pero parece que no hicieron mucho en los primeros tres años. Pero, en un momento determinado, Jesús pensó que era el tiempo prudente para enviarlos a predicar. Los juntó y los envió a predicar. (Mc 6,7).

Antes de delegarlos, les dio unas instrucciones generales. Lo que les dijo que hicieran era exactamente lo que ya lo habían visto hacer (Lc 9,1; Mt 10,1; Mc 6,7), les dijo que fueran a evangelizar a los judíos primero (Mt 10,5-6). Pero tiempo después cuando envía a los 72, esta instrucción ya no es parte de esa. Como un padre que ayuda a sus hijos a comenzar por lo más fácil. Les dijo además que se quedaran con la gente que los aceptara, no quiso exponerlos. Que evangelizaran primero a aquellos que querían escuchar el mensaje, repitió lo mismo que el hizo (Mt 10,11; Mc6, 10; Lc 9,4). Los mandó de dos en dos, para darse apoyo y ayuda.

Hacer lo que Jesús hizo es el camino a la santidad a la que todos estamos llamados. En este mes de la festividad de Todos los Santos te invito a serlo, al estilo de Jesús.


 
 

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