Cincuenta años de fidelidad a Dios
La hermana María de la Consolación, Clarisa Capuchina del Convento de Nuestra Señora de la Luz, celebró en la Solemnidad de Todos los Santos el quincuagésimo aniversario de su profesión religiosa
Por Lara Montoya
Mientras el Coro entonaba la canción “Veni Sponsa Christi” (ven esposa de Cristo, recibe la corona que el Señor ha preparado para ti desde toda la eternidad), la Hermana María de la Consolación, entraba a la Iglesia en procesión en la Eucaristía que celebraba sus 50 años de vida religiosa. Junto a ella, se encontraba la Abadesa, seguida por sus Hermanas Clarisas Capuchinas.
La celebración Eucarística, que se llevó a cabo el pasado 1 de noviembre en la Iglesia San Patricio, que se encuentra junto al Monasterio de Nuestra Señora de la Luz, fue presidida por Monseñor Carlos J. Chaput, O.F.M. Cap., Arzobispo de Denver.
Al empezar su homilía, Monseñor Chaput compartió los saludos del Cardenal Stafford, a la Hna. María de la Consolación. “Hoy el Cardenal recordó con alegría el día en que ustedes vinieron a Denver, hace diecinueve años”. Haciendo referencia a la primera lectura (Ap 7, 2-4. 9-14) señaló “‘¿Quiénes son esos vestidos con vestiduras blancas?... esos son los que han sobrevivido la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero’. ¿Qué significa esto? En tu vida hermana, esto significa la fidelidad durante estos cincuenta años, persistente fidelidad que nos recuerda a todos el persistir sin límites hasta el final y el camino de permanecer fieles es lavando las vestiduras con la Sangre del Cordero”.
En referencia a la segunda lectura del día, el Arzobispo recalcó a los presentes que “Dios nos recuerda que tiene planeado para nosotros algo que va más allá de nuestra imaginación. Nuestro hermano Capuchino Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia, nos dice que somos como el embrión en el seno de la madre, este seno es la Iglesia… es necesario crecer en este seno, la Iglesia nos alimenta por medio de la Palabra que se revela en las Sagradas Escrituras y las enseñanzas de la Iglesia, y por medio de los sacramentos por los cuales Cristo toca nuestras vidas. Al celebrar esta fiesta en el Día de Todos los Santos comprometámonos a escuchar y poner por obra esta Palabra”.
Para finalizar su homilía, Monseñor Carlos enfatizó que Dios nos invita a todos a ser santos, “Muchas veces entendemos el “hambre de justicia” de una manera estrecha, talvez porque el mundo está lleno de injusticia, pero la traducción correcta de la palabra justicia es “santidad” y su significado más completo es la correcta relación con Dios y con los hermanos... ¿Hermana María de la Consolación, tienes hambre de ser santa?¿Tenemos hambre de tener una relación justa con nuestros hermanos y hermanas?”. Mons. Chaput añadió que “el Concilio Vaticano II nos recuerda el llamado universal a la santidad… comprometámonos a ser santos, empezando por ti hermana María de la Consolación, tu renuevas una vez más tus votos, que Dios lleve a cumplimiento las obras que te ha prometido”.
Seguidamente, la Hermana María de la Consolación renovó sus votos de obediencia, castidad y pobreza ante la Madre María de Cristo, Abadesa del monasterio.
Al final de la Misa, la hermana María de la Consolación dijo a El Pueblo Católico que “el día que entré al convento en vez de sentir tristeza por lo que dejaba, me sentí animadísima, como en el cielo. Mi madre me dejó con lágrimas y yo entré con sonrisas. Yo le he dado a Jesús toda mi juventud -entré a los quince años - y se la he dado con debilidades y todo, pero con su ayuda he sido capaz de tumbar barreras que estorban, y a pesar de mis debilidades seguiré caminando hasta que Él me diga ya es suficiente, te quiero acá”.
Asimismo recalcó que estaba muy agradecida a Dios por todas sus bendiciones e invitó a todos los jóvenes a explorar la vocación a la vida religiosa. "Dios tal vez te está llamando a seguir los pasos de Cristo en un llamado especial a la vida consagrada, no desoigas su voz", señaló.
Si desea tener más información sobre las Hermanas Clarisas Capuchinas, su monasterio en Denver está ubicado en 3325 Pecos St., Denver, CO 80211. También puede llamarlas al (303) 458-6339. |