Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Noviembre 2007

Testimonios

Amor a sus raíces y compromiso con sus hermanos

El reconocimiento de sus raíces católicas e hispanas y el sufrimiento por el que pasó han llevado a Sylvia Martínez a comprometerse con los más necesitados

Por Lara Montoya

Sylvia Martínez nació en Montana, pero tiene profundas raíces mexicanas – lo dice con orgullo- pues sus abuelos paternos y maternos, y su padre son de México. A pesar que desde niña tuvo que trabajar para ayudar a su familia a sobrevivir, Sylvia recuerda con alegría y agradecimiento aquellos momentos difíciles, pues ayudaron a que la unidad de su familia se haga  más fuerte y le enseñaron  el verdadero valor de la vida.

En 1993 se casó con LeRoy Martinez y tienen dos hijos. José de 12 años y Quiana Julia de 7 años. Hace unas semanas Sylvia fue reconocida por el Centro San Juan Diego, con el premio “Arzobispo José Gomez” en la categoría de liderazgo en justicia social. En esta edición la líder hispana comparte con nosotros recuerdos de su infancia, su fe en Dios y su actual compromiso con la Iglesia Católica.

Recuerdos de su infancia y adolescencia
Sylvia nos cuenta que su infancia no fue fácil, sin embargo lo dice con tranquilidad, ella ha sabido aprovechar cada circunstancia de su vida para hacerse más fuerte y firme en su fe. Su familia- narra la líder hispana- era numerosa, ella era la segunda hija de siete.
Debido a la dura situación económica por la que sus padres atravesaban, a ella y a sus hermanos, les tocó trabajar en los campos de cultivo desde muy jóvenes. “Recuerdo temporadas – menciona Sylvia- cuando viajábamos en camioneta desde Texas hacia Colorado durante cada primavera.  A veces tuvimos que vivir en casas que no tenían agua potable o lavado de baño”. Sylvia tenía 10 años cuando empezó a trabajar. “A pesar de que el trabajo era muy difícil y las condiciones de vida duras, recuerdo que mi familia era muy unida, mi mamá siempre nos decía que teníamos que ayudarnos el uno al otro”.

Las temporadas de trabajo en los campos de cultivo iniciaban cada mayo y se prolongaban hasta septiembre, por esta razón Sylvia y sus hermanos perdían muchas clases en la escuela, “yo no critico a mis padres por esto- señala la líder al respecto- ellos no querían que dejáramos de estudiar, pero era la necesidad económica la que nos obligaba a hacerlo”.

El valor del trabajo y la educación
Sylvia recuerda con orgullo todas las dificultades por las que ha pasado porque estas le han enseñado el valor del trabajo, sobretodo en los campos, “Yo me siento muy orgullosa de haber trabajado en campos de cultivo- señala- porque ahora puedo valorar las manos de quienes cosechan los campos de este país, además sé lo que significa ganar un dólar y eso les estoy enseñando a mis hijos, por ejemplo, en los veranos mando a mi hijo a trabajar en los campos con mis papás, la diferencia es que ya no es por necesidad sino para enseñarle lo importante de este trabajo”.

Otra cosa que Sylvia ha aprendido a valorar es la educación, “es difícil romper con el ciclo de la pobreza”, menciona. Sin embargo, ella ha roto ese círculo porque comprendió que la educación era muy importante para salir adelante, por eso no escatimó esfuerzos para terminar la secundaria. “A veces llegaba a la casa tarde- nos comenta- ayudaba a mi mamá a preparar la cena y me iba otra vez a la escuela para alcanzar los créditos que iba perdiendo cuando trabajaba, terminaba clases a las nueve de la noche, pero me esforzaba porque miraba al futuro, yo entendía que para mis padres era muy difícil sobrevivir con ese tipo de ingreso y que necesitaban de nuestra ayuda, además miraba como ellos batallaban para pagar los recibos de agua, luz, y todas las cuentas, yo no quería eso para mis hijos, por eso hice todo lo posible para terminar la escuela”.

Sylvia no pudo entrar a la universidad de joven, pues en ese entonces tenía como prioridad ayudar a sus papás con sus hermanos menores. En 1991, terminando la secundaria se mudaron a Greeley. “Apenas terminé la preparatoria, conseguí un trabajo a tiempo completo en una clínica médica, no fui a la universidad sino hasta el año pasado y estoy estudiando para ser abogada y si Dios quiere voy a seguir adelante con esta carrera aunque me tome veinte años terminarla”.

Sylvia trabaja actualmente como investigadora en la oficina del defensor público de Greeley, hace 10 años empezó en esa misma oficina como secretaria, pero gracias a su habilidad para comunicarse con la gente, y el ser bilingüe, hace casi seis años logró ocupar este puesto.

Raíces católicas
Cuando se le pregunta a Sylvia acerca de su fe, ella señala con vigor, “siempre católica”. Su abuela materna jugó un papel importante en el crecimiento de su fe, “ella era una católica muy devota - dice la líder- siempre recuerdo cómo ayudaba a los demás, me enseñó mucho sobre mis raíces. Constantemente me decía que debíamos enfocarnos más en pensar como ayudar a los demás y no pensar tanto en nosotros mismos”. Su madre, Juanita, tuvo también un papel importante en su vida de fe. Mientras que su papá- Armando- les  enseñó a ser orgullosos de sus raíces mexicanas, su madre les enseñaba  a dar gracias a Dios por todo lo que tenían en su vida. “mi mamá siempre nos llevaba los domingos a Misa, a pesar que teníamos que ir a trabajar” dijo la joven.

Servicio a los más necesitados
No fue sino hasta noviembre del 2005, que Sylvia se comprometió en el servicio a los más necesitados, desde entonces su vida cambió totalmente. Fue cuando decidió participar de una junta donde se discutían temas de migración. “Escuché que algunas personas en mi comunidad proponían ordenanzas en contra del inmigrante indocumentado.  Las propuestas escritas tenían palabras negativas al describir a mis hermanos. Recordé a mi abuelita Julia, ella me platicaba lo mucho que sufrió al venir a este país como indocumentada”. Ese fue uno de los impulsos que llevó a Sylvia a comprometerse con sus hermanos inmigrantes, así como el pensar en sus hijos, “me pregunté también ¿cómo podemos esperar que nuestros hijos participen en la Iglesia si nosotros no les damos el ejemplo con hechos?” Y añadió “quizás muchas personas se preguntan, ‘¿podré yo hacer alguna diferencia?’  Yo les contesto, ‘¿Cómo sabrán si no lo intentan?’, podrán pensar ‘ahorita no tengo tiempo disponible ‘yo les digo, ‘¿Si no es ahora, cuándo?’. Otros se preguntarán ‘¿Porqué yo?’ y yo les contesto ‘¿Porque no?’  Estas mismas preguntas me hice yo”.

Sylvia tuvo un papel protagónico en la ayuda a los hermanos que quedaron desamparados luego de la redada en Greeley en diciembre del año pasado. Ella se encargó de llevar mensajes que ayudaron a mantener la calma y veló por que se dé un trato humano a los que habían sido arrestados. También se encargó de pedir ayuda y asistencia económica para familias separadas, llevando apoyo moral y acompañándolos para que no se experimenten solos.


 
 

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