Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Mayo 2007

Testimonios

Ser madre, una tarea de todos los días
“El ser una madre responsable no es fácil, requiere de mucha fe y dedicación”

Tere Chichester es Coordinadora del Ministerio Hispano en la parroquia Holy Trinity en Westminster, nació en Ciudad de México y vive en Denver hace 24 años. Tere estudió secretariado y trabajó para una organización cristiana llamada "Harvesting in Spanish". Luego trabajó para una compañía minera, para después dedicarse a hacer traducciones desde su casa. En el 2002, tiempo en el que comenzaron las Misas en español en Holy Trinity, se ofreció para ayudar en ellas, pero al ver la necesidad de tener una persona bilingüe en la oficina, el padre John Hilton, párroco de Holy Trinity, le ofreció un trabajo de medio tiempo como coordinadora del ministerio hispano. Desde entonces viene sirviendo en ese ministerio, comprometida con la formación en la fe de la comunidad hispana de esa parroquia.

En este mes en el que celebramos el día de nuestras madres, Tere comparte con nosotros su testimonio de ser madre, los retos, alegrías, satisfacciones y sabias lecciones desde su experiencia.

Conocí a Matthew -mi esposo- hace 26 años cuando vine a Estados Unidos de vacaciones, a pesar de que regresé a México seguimos en contacto, luego de un tiempo él fue a verme allá, y finalmente fui yo la que vine a visitarlo. Fue cuando decidimos casarnos. Mi esposo y yo tenemos ya casi 24 años de casados y tenemos tres hijas, Yolanda de 20 años, Mónica de 16 y Tanya de 14 años.
Cuando nació Yolanda, no me sentía preparada para estar a cargo de la vida de otro ser humano. ¿Cómo iba yo a educar a mis hijos lejos de mis papás? ¿Quién me iba a aconsejar? En esa época, las llamadas a México costaban más de $1.00 el minuto; por lo tanto, mis llamadas se limitaban a los cumpleaños, santos y días festivos. Entonces, me prometí dar lo mejor de mí, siempre hacer lo mejor posible, y buscar el apoyo que me faltaba. Resolví recurrir al pediatra y hacer todo lo que me indicara para satisfacer las necesidades físicas de mis hijas. Para las necesidades intelectuales y académicas, empecé a leerles todas las noches. Para las necesidades espirituales, decidí confiar en la sabiduría de mi Madre, la Iglesia.

Fue difícil decidir a qué escuela irían nuestras hijas, pero finalmente decidimos que una base sólida sería más valiosa que una cuenta de ahorros para la universidad. Siento que fue una buena decisión, ya que yo, para empezar, no sabía mucho de la fe católica y mi esposo no es católico. Por lo tanto, la escuela se ha encargado de la formación de mis hijas y de paso la mía también. Los maestros de Holy Trinity han reafirmado los valores que les enseñamos a las niñas, especialmente cuando la sociedad ataca lo que uno quiere inculcarle a sus hijos.

Ahora que les cuento esto, tal vez se oiga fácil y todo parece perfecto, pero ha sido una jornada con altas y bajas. El ser una madre responsable no es fácil, requiere de mucha fe y dedicación. Hay días en los que me quiero dar por vencida, pero me acuerdo de mi promesa. Recuerdo que habían días que me cansaba de jugar al restaurante; noches que ya no tenía energía para leerles o rezar con ellas, y ocasiones en que quería prender la tele para entretenerlas. Luego, mis hijas se quejaban de que era la mamá más mala de la cuadra, ya que mis hijas eran las únicas en el mundo sin cablevisión, sin quedarse a dormir en la casa de sus amigas y sin teléfono celular. Luego yo tenía que hacerles ver que yo las quería mucho y que ellas eran las únicas en su escuela que reciben regalos de los Reyes Magos, que comían rosca y pan de muerto, que comían tamales el 2 de febrero, que su familia las despertaba con las Mañanitas el día de su santo y su cumpleaños; que rompían piñata hecha en casa; que comían comida hecha en casa, etc.

Siempre he buscado trabajos que se acoplen a mi vida familiar. Si mi trabajo no me permite hacer mi labor de madre, entonces no lo tomo. El dinero es muy tentador, pero he aprendido que las cosas materiales no dan la felicidad y en muchas ocasiones hasta echan a perder a los hijos. Dios me prestó a tres seres humanos para que yo los educara; no quiero defraudarlo y Él no va a permitir que me muera de hambre.

Invito a todas las mamás a que: no se den por vencidas; asuman con orgullo su papel de madres; luchen para que sus hijos amen a Dios y confíen en Él, enseñándoles a rezar y hablándoles de su amor por nosotros; se esfuercen para que sus hijos sean gente de provecho; les pongan límites y sean firmes, constantes y consistentes, es preferible verlos llorar de chiquitos porque no se salieron con la suya, que luego verlos en la cárcel o embarazadas a los 14 años; no les den sólo cosas materiales a sus hijos, la felicidad no se compra, mejor dediquémosles tiempo, ayudémoslos a atesorar sus raíces; digámosles todos los días que los queremos; tratémoslos con respeto, y digámosles lo que esperamos de ellos.

Aunque ya no juego al restaurante con mis hijas, mi labor de mamá no ha terminado y yo creo que no acaba nunca. ¡Feliz día de las madres!


 
 

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