Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Marzo 2007

San José, casto esposo de la Virgen María

Ejemplo de santidad y modelo de vida cristiana

Por Jorge Luna

El 19 de marzo celebramos la fiesta de San José, casto esposo de la Virgen María. En la historia de la Iglesia San José debe ser el único santo del cual no tenemos ni una sola palabra registrada, sin embargo es un gran ejemplo de santidad para todos nosotros. No por gusto es patrono de la Iglesia Universal.

Esta celebración ocurre normalmente durante el tiempo de Cuaresma, tiempo durante el cual nos podemos beneficiar mucho del ejemplo de San José ya que en él brillan “sobre todo las virtudes de la vida oculta: la virginidad, la humildad, la pobreza, la paciencia, la prudencia, la fidelidad que no puede ser quebrantada por ningún peligro, la sencillez y la fe; la confianza en Dios y la más perfecta caridad. Guardó con amor y entrega total, el depósito que se le confiara con una fidelidad propia al valor del tesoro que se le depositó en sus manos”.

Ejemplo de fe

Uno de los rasgos más saltantes que podemos apreciar en el Santo Custodio de Nazaret es su fe. Aún cuando no comprenda bien los designios divinos, siempre se nos muestra abierto al Plan de Dios y presto a responder inmediatamente a lo que se pide de él. San José, una vez que descubre lo que el Señor le está pidiendo no duda en responder con generosidad y con fe, confiando plenamente en Dios. Qué ejemplo tan bueno para nosotros, que muchas veces necesitamos estar completamente seguros, que dudamos en entregarnos totalmente, en especial cuando no entendemos bien, o cuando las cosas aparecen difíciles. Acudamos a San José, que responde con generosidad cuando se le pide ser padre adoptivo de Jesús, aún sin llegar a comprender totalmente el misterio. En todos los pasajes en que aparece en la Escritura, el Santo se guía enteramente por la fe; no por su propio juicio, sino por el de Dios.

Silencio y modestia

Otro de los rasgos que apreciamos en San José es su ejemplo de modestia y silencio. él, que era descendiente de David, que había sido escogido para ser “Custodio del Redentor”, padre adoptivo del Mesías, acoge el misterio con humildad y modestia. No va por ahí alardeando del rol que le ha tocado vivir en la historia del Pueblo de Israel. Al contrario, todo en su vida refleja una actitud de profunda contemplación[1]. Contemplación que lo lleva a estar en total sintonía con lo que Dios le va pidiendo, y que también le permite responder con prontitud. Es dueño de sí mismo y por ende no se deja llevar por sus pasiones, por el miedo, sino que está presto a responder a lo que el Señor le pida. Otra vez, qué ejemplo tan claro para nuestro tiempo, donde hay tanta bulla que ya no hay espacios para escuchar a Dios. Donde lo importante es mostrarle a los demás nuestro valor por lo que tenemos o por la posición que ocupamos. Pero más evidente es, cómo la norma de nuestra conducta es poder hacer lo que querramos, en el momento en que querramos. Hacer las cosas a mí manera. Creemos que porque podemos hacer lo que querramos somos realmente libres cuando en realidad lo único que hacemos es hacernos esclavos de nuestras pasiones. Mientras más vivamos de esa manera menos hábiles seremos de ser verdaderos dueños de nuestras decisiones, como lo fue San José.

Desprendimiento

Otro de los rasgos que podemos apreciar en San José es la manera en que vive el desprendimiento de sus propios planes. Un desprendimiento que nace de la fe y del amor a Dios. Para José de Nazaret ningún plan personal es más importante que la misión que Dios le va presentado. Y no fue poco lo que Dios le pide a quien es llamado en la escritura como “justo”. Dios le pide que viva en su matrimonio un amor virginal. Que sea el padre y protector del hijo de Dios, con todos los peligros y angustias que eso implicaba. La persecución de Herodes, la huída a Egipto, el regreso a Nazaret. La misteriosa respuesta de Jesús después de haber estado perdido tres días. Sin embargo, el padre adoptivo de Jesús siempre aparece como el generoso colaborador de Dios, sus planes son lo que Dios le vaya pidiendo y nada más.

Castidad perfecta

Anteriormente mencionábamos el especial llamado de San José a vivir la pureza y la continencia voluntaria en su matrimonio. Y este especial llamado de San José habla por sí solo a nosotros que vivimos en un tiempo donde virtudes como la pureza y la castidad son tan atacadas y donde se nos quiere hacer creer que es imposible vivirlas. Todo a nuestro alrededor parece indicar que no se puede tener un corazón puro, sin embargo la familia de Nazaret surge en medio de la confusión y de las mentiras como un hermoso ejemplo de virtud.

Padre trabajador

Los rasgos espirituales que podemos vislumbrar en San José también nos llevan a ver en él un modelo de paternidad. José al ser padre legal de Jesús, asume con total responsabilidad su rol de padre, y lo vemos en la manera en la que protege a Jesús y a María. Sabemos que era carpintero, y así como estaba presto para defender a su familia en los momentos de dificultad, también debe haber estado presto para proveer para su familia en momentos de mayor tranquilidad. Por medio de su trabajo humilde y silencioso, proveyó de lo necesario para sostener su hogar. En este sentido su figura surge como ejemplo de padre.

Obediencia

No podemos dejar de mencionar como San José es modelo de obediencia para todo cristiano. Y una obediencia pronta a lo que Dios le pide. No olvidemos que era un hombre “justo”. Es decir que buscaba vivir, pensar y actuar en todo momento en conformidad con el Plan de Dios. Y está dispuesto a obedecer a lo que el Señor le pida sin importar la dificultad. Qué ejemplo para todos los creyentes, independientemente de la vocación a la que Dios nos haya llamado a vivir. Que ejemplo de apertura y generosidad para obedecer lo que sabe es lo mejor para su vida.

Patrono de la Iglesia Universal

Así como San José cuidó de la Sagrada Familia durante su peregrinar aquí en la tierra, el protege a la Iglesia de Jesucristo desde el cielo.[2] Este desarrollo teológico del Papa León XIII en su Encíclica Quamquam Pluries, del 15 de agosto de 1889, nos hace más que confirmar el sentir del pueblo cristiano desde hace muchos siglos. Es por eso que unos años antes el 8 de diciembre de 1870 el Papa Pío IX proclamó a San José como Patrono de la Iglesia Universal, luego de una gran campaña promovida para tal efecto por el pueblo católico desde mediados de ese siglo, fijándose el 19 de marzo la fiesta de su Patrocinio. No dejemos pues que su fiesta pase desapercibidad y acudamos al Santo Custodio para que nos proteja y nos ayude a ser plenamente obedientes al Plan de Dios.

[1] Redemptoris custos, 25.
[2] S.S. León XIII, Quamquam Pluries, 3.

Oración a San José

San José, casto esposo de la Virgen María
intercede para obtenerme el don de la pureza.

Tú que, a pesar de tus inseguridades personales
supiste aceptar dócilmente el Plan de Dios
tan pronto supiste de él,
ayúdame a tener esa misma actitud para responder
siempre y en todo lugar, a lo que el Señor me pida.

Varón prudente
que no te apegas a las seguridades humanas
sino que siempre estuviste
abierto a responder a lo inesperado
obténme el auxilio del Divino Espíritu
para que viva yo también
en prudente desasimiento de las seguridades terrenales.

Modelo de celo, de trabajo constante,
de fidelidad silenciosa, de paternal solicitud,
obténme esas bendiciones,
para que pueda crecer cada día más en ellas
y así asemejarme día a día
al modelo de la plena humanidad:

EL SEÑOR JESÚS.

 



 
 

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