Publicación en español de la Arquidiócesis de Denver
Marzo 2007

“World Wide Services” (Servicios Mundiales)

Por Verónica Medina*

En la actualidad, con la era de las computadoras y los servicios de Internet, ¿Cuántas veces no hemos escuchado este término? Y pensarán cuando lo leen ¿será acaso una nueva compañía que ofrece algún servicio y se está anunciando en este periódico? ¿Dónde y cuándo podremos encontrar servicios de esta magnitud? ¿Será que pueden ofrecer un servicio en cualquier circunstancia de la vida, alguna depresión, un desamor, una amargura, etc.?, ¿O será que pueden ofrecerme cualquier tipo de servicio y en cualquier lugar dónde me encuentre?

Pero lo cierto de todo esto es que tal vez nos puedan ofrecer algo en lo que ellos realmente se especializaron, porque es lógico pensar que si voy a donde cuidan perros no lavarán mi coche, ¿estarán de acuerdo verdad? Además, ¿será este término realmente el adecuado?, pues por mas servicios mundiales que puedan ofrecer se los aseguro que no llegan a la Sierra Tarahumara o algún otro lugar indígena o mucho más escondido.

Es impresionante como nos hemos acostumbrado a la facilidad de la vida actual en donde solo es necesario presionar un botón para tener todo lo que necesitamos, o pedirlo por Internet para que nos llegue a casa sin necesidad de salir de ella o de perder demasiado tiempo, gasolina y esfuerzo en conseguirlo. Además nos hemos acostumbrado a pagar algo, especialmente dinero a cambio de estos servicios a domicilio que pensamos que todo aquello que damos debe tener un costo para los demás.

Jóvenes, existe alguien que si puede, y quiere ofrecer los servicios mundiales que realmente necesitamos y no necesitamos presionar un botón sino simplemente desear el servicio. Ya saben a quien me refiero. Así es, Dios está siempre dispuesto a brindarnos los servicios que necesitamos, especialmente para nuestra alma, sin costo alguno para nosotros y nos ha enseñado a dar sin esperar nada a cambio. Sin embargo, el mundo actual nos enseña algo totalmente diferente. Lastimosamente ya no deseamos dar el servicio a los demás, especialmente si éste es para Dios, porque queremos a cambio que el servicio que damos, nos lo devuelvan con otro servicio; ya no hacemos las cosas por amor, no brindamos o regalamos algo sin esperar que mas adelante nos devuelvan lo que damos.

Me llamaba la atención ver en un periódico un reportaje a una anciana, quien pasó la Navidad sola y lo venía haciendo así hace 30 años, porque sus hijos se vinieron a Estados Unidos. Y ella esperaba sentada en una silla frente a la ventana, cada Navidad esperando que sus hijos lleguen a visitarla. Creo que ella brindó todo el servicio que pudo, hasta cansarse, tal vez esperando algo, tal vez no, pero lo hizo, ellos sin embargo tomaron el servicio que desearon y después se les olvidó de ese amor y servicio que su madre les brindó durante el tiempo que estuvieron con ella, sin embargo creo que lo hizo por amor, por darles a sus hijos lo mejor que pudo. A veces, la recompensa no llega en la tierra, es cierto, lo mas lógico sería esperar que sus hijos la amaran de la misma manera, sin embargo, seguramente Dios sabrá como recompensar su servicio llenándola de amor, ya que si nosotros pedimos, Él siempre nos escucha y atiende.

Demos siempre a los demás, sin esperar nada a cambio, simplemente por el hecho de amar, como Dios nos ama a nosotros, sin condiciones.

* Verónica es líder juvenil de la parroquia Anunciación y es miembro del equipo asesor de pastoral juvenil hispana de la Arquidiócesis de Denver.



 
 

Publicación en español de la
Arquidiócesis de Denver

E-mail: elpueblo@archden.org
Editora:
Rossana Goñi
Directora General:
Jeanette DeMelo