Inmigración: compromiso inteligente y realista
La Ley de Reforma Migratoria Integral de 2007 merece nuestro apoyo
Por el Exmo. Monseñor Charles J. Chaput, O.F.M. Cap
Después de haber sido sacerdote por 37 años, uno escucha muchos comentarios extraños y enojados. No me refiero en el confesionario sino en público. Para mucha gente, el actual debate migratorio parece pinchar directamente el nervio de un diente adolorido. Y lo que sale disparado a continuación es un correo electrónico como éste: “Hay un lugar especial en el infierno para usted. (Obscenidad) a usted y a su iglesia ilegal y de ‘espaldas mojadas’”.
Este correo es real. Lo acabo de recibir la semana pasada y es sólo uno de muchos como ese. En mis diez años como Arzobispo de Denver he recibido más comentarios desquiciados y vengativos sobre el tema de inmigración que sobre ningún otro. La parte de mi herencia que es nativo-americana - tengo sangre de los indios Potawatomi por parte de mi difunta madre - está siempre tentada a responder que la “inmigración ilegal” tiene una larga y embarazosa tradición en este país. Pero eso no conseguiría nada. Los insultos, las exageraciones y la radicalización de posturas son exactamente lo contrario de lo que necesitamos para resolver los problemas migratorios de nuestro país.
Los americanos tenemos derecho de preocuparnos sobre la seguridad pública, el trabajo, el respeto por la ley y la solvencia de nuestras instituciones públicas. Personas que buscan la justicia para los inmigrantes a veces desestiman estas preocupaciones o las rechazan como meros prejuicios. Esto es un error. Estas son preocupaciones legítimas abiertas al debate. Pero necesitan ser consideradas a la luz de otras preocupaciones también legítimas.
Millones de trabajadores sin documentos viven ya entre nosotros y contribuyen a la vida de los Estados Unidos. Muchos son personas inocentes que trabajan duro. Merecen algo más que un río constante de ansiedad acalorada por parte de conductores de programas de radio. Si conducimos el debate migratorio en una forma estúpida y fanática, tendremos leyes que respondan a esos mismos adjetivos.
La crisis migratoria no desaparecerá insultando a otros. Tampoco lo hará con medidas drásticas pero que finalmente resulten poco prácticas. Una reforma migratoria seria resultará sólo de un compromiso inteligente y realista. Ese es el trabajo de nuestros líderes políticos. Nuestros funcionarios electos, al representar los intereses de sus constituyentes, necesitan encontrar puntos de acuerdo.
El Senador de Colorado Ken Salazar y varios otros de ambos partidos políticos han tomado el camino adecuado al liderar los esfuerzos por llegar a un compromiso de reforma migratoria mediante la Ley de Reforma Migratoria Integral de 2007 (conocida como S. 1348). El compromiso no es perfecto. Los senadores que lo apoyan han recibido fuertes críticas de ambos lados del debate. Pero la S. 1348 mueve el proceso vital de reforma hacia delante.
Muchos grupos, incluyendo la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, se oponen a algunos elementos de la presente propuesta y esperan que se produzcan algunas enmiendas claves durante el proceso legislativo. Sin embargo, el debate sobre inmigración en el Senado, que continuará a principios de junio, es el principio del proceso de reforma, no el final. Debe ser bienvenido y apoyado en este sentido. No podemos seguir diciendo que tenemos un problema urgente y no hacer nada para solucionarlo.
La propuesta de ley en el Senado no es una amnistía. No es un regalo. No proporciona un camino fácil ni rápido hacia la ciudadanía. No ignora las preocupaciones sobre la seguridad de los Estados Unidos. Es una propuesta rigorosa que, sin embargo, regularizará la situación de más de 12 millones de personas.
La legislación también aceleraría el proceso para miles de personas que han estado esperando mucho para reunirse con sus familias, algunos por más de 20 años. También mejoraría la vida de millones de seres humanos y serviría a las necesidades de la economía americana.
Aunque hay áreas de la legislación que necesitan sin duda ser mejoradas, la S. 1348 es un comienzo prometedor.
La reforma migratoria debe suceder este año, pues pocos estarán ansiosos por abordarla en un año de elecciones presidenciales. No podemos esperar más para solucionar este urgente asunto. Retrasarlo sólo llevaría a más redadas, amargo debate, confusión y resentimiento.
Necesitamos superar los prejuicios sectarios que convierten el asunto de la inmigración en algo tan explosivo y, al mismo tiempo, intratable. Necesitamos actuar ahora.
La Ley de Reforma Migratoria Integral de 2007 merece nuestro apoyo.
Esta columna fue publicada en el periódico Rocky Mountain News. |